Archive for 30 abril 2008

Randy presents…Lolitas y trencitas: El shôjo de instituto

abril 30, 2008

[Puente de mayo y descanso para fornic estar con Hardita. Mientras nosotros estamos conociéndonos mejor, ¡les dejo con un fabuloso artículo de Laurielle, nuestra intrépida comentarista, sobre las tácticas para invocar a Satán! O lo que es lo mismo: Sobre Shojo. Disfrútenlo muy mucho]

Shôjo: manga. Para chicas. ¿Les explico algo más?

Sí, caballeros, lo confieso: la muchacha lunática adicta al trabajo y a los videojuegos de hoy fue una adolescente lunática adicta al trabajo y a los cómics japoneses hace relativamente nada. En pocas palabras: yo leía manga. Y además, manga para chicas. Entre otras cosas. ¡¡No me culpen!! ¡No lo hagan, por el amor de Doraemon! Era joven e influenciable, no sabía cómo funcionaban las cosas y además era el único que mis amigas querían comprarse para luego prestarme. Pero hoy, esa oscura época puede que sirva para algo: ¡descubriré ante ustedes los secretos y los horrores de este misterio impenetrable! ¿Cómo? ¿Que qué misterio? ¡¡Pues el shôjo barato de instituto!! ¡Por fin, si alguien se encuentra con uno de ellos emboscado al fondo de una estantería, dispuesto a atacar, sabrán reconocerlo antes de que les tire a la cara un solo ojo gigante! ¡No me lo agradezcan, lo hago sólo para poder escribir exclamaciones!

La protagonista: oh, venga, pensad en Bunny, la de Sailor Moon. ¿Ya? ¿La tenéis en mente? Dejo al margen que la cara suele ser un tanto amorfa, (con una sola de sus pestañas podrán construir un puente colgante, y sus ojos darían de comer a toda una familia de cuervos) y que el pelo siempre les ondea aunque no haya viento, pero tengo que explicaros por qué nunca jamás de la vida están un poco gorditas o musculosas. Es porque para ser protagonista de shôjo primero tienes que pasarte seis meses con la dieta de la alcachofa y otros seis con una faja de adelgazamiento del teletienda, tragándote todos y cada uno de los anuncios. Para forjar el cuerpo y el carácter, que esto se le da bien a los japoneses.  Y claro, así salen las protas como salen: muy delgadas, con mucha hambre y menos cerebro que un colibrí lobotomizado. Sus hermosas cabecitas aguantan muy bien el peinado, pero no les pidas más. En serio, que no lo hagas. No, por favor, no intentes enseñarle palabras de cinco sílabas, ¿no ves que olvidará cómo se llama? ¡¡Caracoles, si hasta Homer Simpson tiene más coeficiente intelectual!!

¡Pues claro que somos tontas! Mira la portada: ¿Pone Ultra Cute o Ultra Smart? Pues no te quejes.

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Tetash y motos: Torque, rodando al límite (1)

abril 29, 2008

En 2004 pasé uno de los peores veranos de mi vida, por lo menos en lo cinematográficamente hablando (el resto fue espectacularmente bien, pero ¿a quién demonios le importa mi vida?). Acababa de terminar primero de Comunicación Audiovisual y el buen cine me salía por las orejas: Entre Hitchcock, Billy Wilder, David Lean y Michael Bay (sí, qué pasa, pocas veces me lo he pasado mejor que viendo 2 policias rebeldes 2. Eso es cine de acción, coño) me tenían francamente enamorado del séptimo arte. Por suerte o por desgracia, los veranos a los 18 años sólo pueden usarse para dos cosas: Estar con la novia o irse de botellón todos los días. Y el equivalente geek al botellón para los que no bebemos más que agua de río es, sí amigos, El Pueblo. Pueblo con P mayúscula, con P de Puto Paradero Infernal. Así, después de un fabuloso viaje por los castillos del Loira con mi novia de aquel entonces y de maratonianas sesiones de cine clásico, me dispuse a ir al Pueblo, donde me esperaban otro tipo de maratones cinematográficos. Algo me debí oler el día que, todos juntos en manada de machotes, vimos 2 fast 2 furious (“¿Pero qué tiene esta peli que os gusta tanto?”-“¡Coches y tías!”-“¿Y el guión?”-“¿El qué?”-“Gracias por la ironía”-“¿Iroqué?”). La semana en el Pueblo iba a ser muuuuy larga (ojo, no por los amigos, que son muy buena gente, a ver si alguno me va a leer de refilón y a echarme la bronca). El verano de los 18 años, para muchos es el verano de la iniciación, de la madurez, de las primeras grandes borracheras. Para mí fue el verano en el que aprendí a decir “No, me quedo en mi casa jugando a la Game Boy” (no es fácil, no es fácil). Y todo gracias a la película que tocó después de 2 fast 2 furious: Torque, rodando al límite. Uauh, el título lo dice todo. Poneros en situación: Randy, al que las motos nunca le parecieron bonitas y al que la velocidad del Saltamontes siempre le pareció excesiva al lado de un montón de amigotes aullando cada vez que salía una moto o una tía buenorra semidesnuda (o sea, todo el tiempo). Y encima, al final sonriendo y diciendo que no está mal para no ser expulsado para siempre del amistoso grupo de la amistad. Ahora, con menos vergüenza y más criterio, ya va siendo hora de decirlo y quitarme la espinita clavada de tantos años: Torque es una puta mierda. Ya. Como si por el título no lo hubierais deducido sólos.

Matt Johnson, el guionista (es un decir) de este filme, autor también de obras maestras como Inmersión letal, debió pensar que no es necesario que una buena historia te arruine hora y 20 minutos de carreras sin sentido. Así, cogió el papel que envolvía su sandwich de pollo y escribió “EXT. VARIAS ESCENAS. DESIERTO O POR AHI. Un tío que se llama Cary corre mucho por algún motivo que improvisareis durante el rodaje, a lo Dogma”. Ale, dinero para el bolsillo y trabajo para el director (es un decir, de nuevo), Joseph Kahn, autor de videoclips para Blink 182 y Britney Spears. Nunca pensó en promocionar a gente que valiera la pena. Kahn cogió todo lo que le había hecho famoso en el mundo de los videoclips y decidió que, si los planos forzados que no pasan de dos segundos y en los que no se sabe exactamente qué está pasando funcionan durante tres minutos de canción, obviamente también lo harán durante hora y pico. Así, en Torque se dedicó a coger su elaborado guión y rodar miles de planos catastróficos para dar “sensación de velocidad”. O sea, como la cámara se mueve y hay muchos contrapicados exagerados, debemos deducir que van a miles de kilómetros por hora por el desierto. Sigh. Para el papel principal, el del rebelde Cary Ford (aunque nosotros le llamaremos Torque, que es más fácil y reconocible y no sale nada en la peli que justifique su título), fue escogido Martin Henderson, visto en The ring y que desde Torque sólo ha salido como protagonista en el piloto de la desastrada serie Sr y Sra Smith. Con ese carrerón, sólo podemos esperar cosas buenas de él, está claro. Ice Cube (el nigga orgulloso de serlo en XxX 2, La barbería, Ghost of Mars, Anaconda y el futuro M.A en la película de El equipo A) como el negro malote imprescindible en una peli de carreras y Monet Mazur (usada como reclamo sexual en películas de innegable nivel del estilo a 40 días y 40 noches, Escuadrón oculto o Recién casados) como la chica buenorra sin cerebro, completaron el casting de Torque. Con semejante plantel, la película podía ser de todo menos buena.

Un semáforo en rojo en medio del desierto. Una tortuga mirando dos coches de carreras pulcros y sin arañazos cual metáfora de lo que veremos más adelante. Semáforo en verde. Zooms a absolutamente todo lo que se mueva en pantalla (rueda, cuentakilómetros, tortuga, asfalto, cambio de marchas…). Lo que sea porque la cosa, en vez de una carrera absurda por mitad del desierto, parezca algo realmente emocionante. De pronto, detrás de ellos aparece una moto y les adelanta. Uno espera que después de este inicio, tres minutos espeluznantes y que suponen una bofetada a cualquier película de coches brum brum hecha antes, alguien te explique a qué viene la carrerita, quien lleva la moto o algo así, pero no. En Torque no hacen falta las explicaciones. Torque es una película para hombres de verdad. Una película en la que podemos oler el aceite y el humo de la moto y sentir nuestro pene más que nunca. Una película en la que, después de la carrera, sale el título del filme y todo el mundo se queda tan contento (especialmente el guionista). El tipo de la moto, Torque (ya hemos dicho que se llama de otra manera, pero a quien le importa), llega a la típica gasolinera cutre sacada de El milagro de P. Tinto y mira la hora. Lo que parece algo normal en cualquier película, aquí se convierte en un movimiento lleno de acción apasionante. Atentos a los efectos de sonido y a cómo intentan hacernos creer que un tío mirando un reloj supone un antes y un después en la historia del cine de acción. Los diálogos posteriores tampoco tienen ni pizca de desperdicio.

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Mortadelo y Filemón: ¡Bajo el bramido del trueno! ¡¡Qué risión!! (y 2)

abril 28, 2008

Ya lo dijo Ibáñez en su día: La culpa de que sus álbumes cada vez vendan menos es de los videojuegos. Y tiene razón. Ya es hora de destaparse y decir la maldita verdad: Cualquier videojuego, por insulso y aburrido que sea, aunque sólo tenga cinco pantallas llenas de frisbees asesinos, es mil veces más divertido que los últimos álbumes de Mortadelo. Por lo menos no queremos asesinar al autor mientras jugamos, o no nos preguntamos constantemente por qué obligan a un hombre mayor a tomar drogas psicodélicas para seguir haciendo cinco cómics largos al año. Porque no le puedo encontrar otra explicación que la de las drogas a lo que vimos la semana pasada. Sí, amigos. Os lo recuerdo. Me refiero a ESTO:

Sin duda, la culpa es de los videojuegos. Pero en fin, sigamos con lo nuestro. La pérfida Sigrid, después de tirarse a Mortadelo sin apenas conocerle (si al final el pesado del Porta iba a tener hasta razón en su cancioncita famosa de marras) no se siente ni culpable ni nada. Vamos, que a saber la de gente que se ha trajinado en palacio la buena mujer durante las ausencias de Trueno. Supongo que todas las que ha querido, a juzgar por su poder para desenvolverse en cualquier situación. Y es que si yo viniera de la Edad Media, probablemente no me adaptaría tan bien al idioma actual como ella. Vamos, que parece que ha estado escuchando al raperito chungo de turno para aprender el lenguaje popular. Y así le va.

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El coñ…La vagina de Emma Watson: ¡¡Noticias y tetash!!

abril 25, 2008

¿Qué tienen en común junio, crossovers sin sentido y pelo en el pubis? Vale, que se puede ver un crossover sin sentido en junio mientras se tiene pelo en el pubis, ¡¡pero también que forman parte de las noticias de esta semana!! ¡¡Las habrán leído en más sitios, pero seguro que ninguno confía en WiiFit como alternativa al gimnasio!!

FECHA AQUI, FECHA ALLA, MAQUILLATE, MAQUILLATE

¡¡Hermanos!! ¡¡Venid y arremolinaos en torno a nuestro falso dios!! ¡¡Gritad alabanzas al cielo!! ¡¡Cortadle el cuello a esa cabra y después beberos su sangre!! ¡¡El milagro ha sido obrado!! Tal y como dictaba la leyenda, primero fueron las doce plagas. Luego, se multiplicaron los panes y los peces. Y, finalmente, la última profecía se ha cumplido: El Smash Bros Brawl tiene fecha en España. ¡¡Albricias!! ¡¡Viva Nintendo, que nos trae los juegos medio año después de su salida en otros países!! ¡¡Qué eficiencia!! ¡¡Qué bien nos tratan!! ¡¡Qué hijos de su madre!! En fin, ya ven. El Smash ya tiene fecha. Nuestras peleas, golpetazos, smashes y demás tendrán la fecha de salida el 27 de junio, una fecha cojonuda para Nintendo: Ni exámenes, ni estudios, ni nada que no sea pasarse el día en la playa o, el equivalente nintendero, en casa comiendo Ruffles Jamón Jamón. Por si acaso algún día se nos ocurría salir de casa, los simpaticotes de Nintendo también han dado otro montón de fechas: Que si Pokémon mundo misterioso (que si es como el primero pueden insertarse por el orificio anal con alegría y diversión), que si Cocina conmigo (la DS: En su mejor momento), que si juego desconocido, etcétera. Y entre medias, la cuarta parte de la saga Ace Attorney (Phoenix Wright, para entendernos, pero con otro abogado, Apollo Justice) que podremos bajarnos  comprarnos a partir del 9 de mayo. Vamos, que ya está aquí. Además, el canal sacacuartos WiiWare (algo así como el Bazar del Live! o la PlayStation Network pero en versión Wii) saldrá el 20 de mayo, diez días antes del Canal Nintendo, para el que se mataron con la originalidad.

¿Cómo no voy a amar un juego con Pikachu, una bola rosa y un topo que habla?

Pero como no sólo de juegos de Nintendo vive el hombre sabio, digo yo que sería un poco raro no hablar del juego del que habla todo el mundo de aquí a Tombuctú. No, no hablo del banner en el que tienes que beber más que el elfo (que es adictivo, oye), sino de GTA IV, la nueva obra para malotes de Rockstar que sale este mismo martes 29 (aunque ya está por ahí a estas alturas de la semana). ¿El argumento? Pues ya lo sabéis. Tú eres un tipo que antes era bueno pero llega a la ciudad malosa y tiene que hacerse malo para formarse una reputación (está la opción de ser bueno tambien, pero a quién le importa). Para ello cumplirás misiones, robarás coches, atropellaras prostitutas y te pelearás con gente por la calle. El típico juego que le compras a tu hijo de doce años, vaya. Por lo visto tiene muchas mejoras con respecto a GTA San Andreas (lo que no es difícil. ¿Alguien se pasó el juego de verdad? Debe de ser la cosa más tediosa y aburrida del mundo), y ya si tuviera menos bugs sería la leche. Ya sabéis lo que hay: Absoluta y total interacción en una ciudad gigantesca por la que te mueves con total libertad. Eso y sólo éso es lo que me atrae de este GTA IV. Ahora, si esa misma premisa estuviera en el mundo de Harry Potter o en el de One piece, sería otro cantar. Lo mismo hasta me compraba la 360 sólo por ese GTA Harry Potter. Mientras algún avispado se lo piensa, coged vuestro arma, vuestro coche robado y daros la bienvenida de nuevo a Liberty City. Que es como Nueva York pero no te lo dicen porque queda más chuli.

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La chica del libro

abril 24, 2008

Ir en el metro, especialmente en el de Madrid, me entristece. Es como viajar a una época en que la humanidad ha sido lobotomizada: Todo el mundo viaja serio, pensando en sí mismos, mirando hacia abajo, sin hablar hasta que llega su parada y se bajan, haciendo que todos nos olvidemos de su cara cinco milésimas de segundo después. Como mucho, algún atrevido usuario lee un diario gratuito, o juega a la PSP con cara de seriedad, como olvidando que los videojuegos están hechos para divertirse. No se dice hola ni adios, nadie ríe y la única voz que resuena es el remedo de Loquendo que anuncia las estaciones. Hasta los extranjeros que tocan con alegría suenan artificiales y llenos de melancolía. Yo, claro, no soy menos. En el mismo momento en que cojo un metro, saco mi DS y juego sin mirar a la cara a nadie, enfrascado, como si realmente me gustara tener expresión taciturna.

Por eso me sorprendió tanto verla. Tenía unos 16 años, el pelo moreno y la cara pálida de no salir demasiado. Llevaba una mochila al hombro, repleta de chapitas de esas que están tan de moda hoy en día, probablemente de camino al instituto o donde quiera que estudiara, y leía un libro apoyada en la pared del metro con una gran sonrisa de complacencia. Al principio no mostré interés por ella. Mira tú, una tipa leyendo un libro. Ya podían aprender un poco los lectores del 20 minutos, pensé, que el panfletoide en cuestión insulta a la mente desde el primer momento que lo abres y descubres sus fastidiosos y amarillistas titulares. Ya sabéis, la amargura típica del muchacho que va en metro y se aburre creyéndose especial sin darse cuenta de que él mismo tiene el 20 minutos bajo el brazo.

El humor del 20 minutos. Bien pensado, tampoco me extraña tanto que la gente no sonría.

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Las series del Club Disney (y 3)

abril 23, 2008

Hace algún tiempo por aquí empezamos a hablar de las series que daban en el vetusto, original y enorme Club Disney. Ya saben, apelando a la nostalgia y a esa glándula cerebral que hace que todas las mierdas que veíamos de pequeños sean maravillas en nuestra cabeza (se lo he dicho mil veces, pero por repetir no pasa nada). A todos nos pasa. Es más, cuando creces te das cuenta de que no todo es como creías, y de que todo el mundo puede decepcionarte. Sí, amigos. El otro día, leyendo un foro, me enteré de que Elenita, nuestra Elenita, se ha apuntado al ejército español. ¿Qué le pasa? ¿Es que no podía dedicarse a hacer topless en películas malas como todas las chicas de su generación? Snif, snif, snif. Un mito caído más. Entre miles de lágrimas, vamos con las cuatro series que aun faltan para completar la época mítica de las series Disney en España. ¡Premio para aquel que lea el título de alguna de ellas y no se ponga a tararear la cancioncita y/o a soltar suspiritos llenos de nostalgia y amor al pasado!

La tropa Goofy: Allá por 1992, Disney decidió que ya estaba bien de series vetustas sobre rescatadores, cazadores de tesoros y demás. Que los niños de hoy en día no se emocionaban con Tío Gilito sino con las pastis en la disco, colegui. Tenía que haber otra manera de conectar con el público joven. Así, después de mucho pensar e indagar en el vocabulario chupi lerendi de la época, tron, decidieron convertir a Goofy en padre de un adolescente rebelde y alocado (Max). La originalidad se salía por los costados, vaya, más aun cuando se mudan al lado de Pete, el malvado que puteaba a Goofy hasta el extremo en los cortos clásicos. Lo curioso es que funcionaba a su manera, y La tropa Goofy (“tropa” no volvió a ser usado hasta la tristemente famosa frase “Farlopa pa la tropa”, usada por tipos que quieren encajar en grupos multitudinarios y que nunca lo consiguen precisamente por usar expresiones como esa) se convirtió en un éxito entre los fans del Club Disney, más que nada porque tenía lo que todos pedíamos: Golpetazos, situaciones absurdas y diálogos rápidos. Y Goofy se reía con su risita hostiable. ¿Qué más podíamos pedir?

Hombre, calidad, puestos a pedir. Y es que vista hoy, el único legado decente que nos dejó La tropa Goofy fue la genial Goofy e hijo, una adaptación muy libre de la serie con canciones que aun ahora resuenan en nuestro cerebro como cantos celestiales, por mucho que las letras no tuvieran ni pizca de sentido (Que alguien llame a un taxi y me saque de aquí, prefiero estudiar aunque sea un horror…¿Tanto les costó encontrar una rima con “aquí”?). Goofy e hijo, vista más allá de los catorce años, es una serie aburrida, tostona, con tramas alargadas hasta la saciedad y con chistes repetidos episodio tras episodio (¡¡eh, Goofy ha vuelto a caerse!! ¡¡Qué gracioso es este perro!!). Para el recuerdo la musiquilla del opening, aunque caía en el gran defecto Disney de volver a decirnos que es lo mejor entre lo mejor (La tropa Goofy, lo mejor en este mundo…¿pero los mejores no eran Chip y Chop? ¿No era el pato Darkwing? ¿Es que no tenían otros sinónimos para “mejor”?) y alguna que otra situación de Max avergonzándose de su padre, único momento en el cual los fans aplaudíamos con las orejas y nos sentíamos identificados con él. Lástima que al final todos se arrejuntaran muy en plan Disney y nuestra vida siempre acabara en bronca gigantesca. Estúpida tele.

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Mortadelo y Filemón: ¡Bajo el bramido del trueno! ¡¡Qué risión!! (1)

abril 22, 2008

Hay ocasiones en los que los personajes de ficción deberían morir antes de hacerles sufrir más. Quiero decir, Astérix debe ser asesinado urgentemente para impedir otro El cielo se nos cae encima, Naruto merece que le claven un kunai en mitad del ojo, Hugo no merece sacar más juegos mediocres, Los Serrano deberían morir en el infierno entre canciones de Fran Perea (como si oirle no fuera ya suficientemente infernal). Ya me entendéis. No pasa nada por acabar con un personaje si ves que va a terminar flaqueando. Quino lo hizo con Mafalda, Bill Waterson con Calvin y Hobbes, supuestamente Spielberg con Indy (antes de que la máquina de hacer dinero diese otra vuelta más)… Morir de éxito es una de las cosas más patéticas que pueden ocurrir. Ningún personaje sigue siendo excelente después de treinta años. Mira a Garfield, por ejemplo (bueno, en realidad nunca ha ido más allá del “mèh, no está mal”), o los Rugrats, que empezaron siendo bebés y terminaron viviendo loooocas y divertidas aventuras adolescentes, o, sin ir más lejos, Los Simpson, de los que hablamos el otro día. No pasa nada por matar a la gallina de los huevos de oro. Hay más personajes en el mundo. Y digo todo este rollazo con una esperanza, una meta en mi vida de esas que sé perfectamente que serán ignoradas. Francisco Ibáñez, por favor, mata a Mortadelo. Haz un cómic especial, no saques más, sustitúyeles por un par de morsas parlantes, ponles pelo, lo que quieras, pero no nos hagas sufrir más a los que, en su día, nos despiporrábamos con obras maestras como Contra el gang del Chicharrón, Valor…¡y al toro! o Concurso oposición. Por favor. No es ya por los títulos con la misma gracia que un debate del estado de la nación (El carnet al punto, ¡qué ingenioso juego de palabras!, El dopaje, ¡qué potaje!, ¡tiene gracia porque rima!), sino porque estos no son ya los Mortadelo y Filemón que todos amamos. Conste que me intenté resistir a la horrible verdad una y otra vez, cerrando los ojos ante una decadencia cada vez más clara. Leí todos los álbumes, pero ya no puedo más. Lo siento. Bajo el bramido del Trueno me ha dejado noqueado, K.O técnico. Es increíble como en 48 páginas se puede conseguir de una manera tan increíblemente sórdida que Mortadelo y Filemón parezcan Ortega y Pacheco. Y no sólo por sus chistes verdes jo-ja-jajota, sino porque Ibáñez también practica el arte de Vera, ese de Copiar-Pegar de otros sitios. Ya verán, ya.

Recordarán que el año pasado fue el 50 aniversario del valiente Capitán Trueno, la gran obra de Víctor Mora, bla bla bla. En Wikipedia tienen información sobre el evento, aquí vamos a lo que vamos. La cosa es que Ibáñez decidió hacer un homenaje al Capitán Trueno de la mejor manera que sabía: ¿Creando un álbum homenaje respetuoso? ¡¡Claro que no!! ¡¡Creando un álbum sin gracia, repleto de chistes guarros y en el que Mortadelo termina jincándose a Sigrid!! Claro, que tampoco podemos esperar mucho de un cómic que empieza así:

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Pequeño resumen del saló en 10 pasos

abril 21, 2008

¡¡Hola, chica normal y corriente del siglo XXI!! ¿Tienes problemas de amor? ¿No sabes cómo hacer que tu novio se sienta querido y a la vez te idolatre? Normal. ¿Qué has probado para intentar conquistarle definitivamente? Ajá, ya veo. Has ido de compras con él, le acompañaste a ver la última de Stallone, le has dado sexo de manera interminablemente placentera… Sí, bueno, minucias. Acércate un día a su casa y examina esos “libros” que dice que tiene en la estantería. Sí, amiga. Intenta no llorar cuando descubras la hilarante y previsible verdad. ¡¡Son asquerosos e infantiles CÓMICS!! [truenos y relámpagos variados]. ¡¡Ahora entiendes por qué a tu novio no le interesaban las compras, Stallone ni el sexo!! ¡¡Es un triste comiquero!! Prepárate para sufrir más que aquella vez que te pisotearon en las rebajas de Zara, chica normal y corriente del siglo XXI (tenía que haber simplificado el nombre al principio, demonios). Si quieres el dulce, dulce amor (amor, so salidos) del chico cuasiperfecto que tienes a tu lado, te va a tocar hacer unas cuantas cosas que no quieres hacer. Que nadie en sus cabales querría hacer. Oh, no, tranquila, no me mires así, no me refiero a zoofilia. La zoofilia es más normal que tu mundo a partir de hoy. ¿Estás preparada para sufrir dos horas en una cola gigantesca cargada de bolsas de varios kilos para encontrarte con un tío barbudo y feo que le hace un dibujo aun más feo a tu novio en medio minuto? ¿Para conocer a un montón de gente rara? ¿Para no pillar ninguna de las bromas que tu novio haga? ¿Para tener que fingir aficionarte a alguna serie de CLAMP o a Bone (los clásicos femeninos por excelencia)? ¿De veras estás preparada? ¡¡Pues deja que te disuada!! ¡¡Bienvenida, chica normal y corriente del siglo XXI, a las 10 cosas más curiosas e importantes que (me) han pasado este salón del cómic!! ¡¡Hace tiempo solían ser 100, pero vamos bajando por pura pereza!! Y aviso desde ya: Este post contiene bromas privadas, agradecimientos a gente que la mayoría no conoce de nada y una crítica seria de las de verdad. No me vengan luego diciendo que se me han dormido, que les aviso desde el primer párrafo. Hoy, lo que es de reir, más bien poco.

1) Lo fácil que es colarse en el salón. En serio. No es que yo lo hiciera (a mí me colaron con pulserita, faltaría más), pero me contaron historias curiosísimas: Desde los que se pasan el sello de salida cuando aun está mojado hasta los que entran en manada y a los que no se les pide la entrada. Y lo entiendo, eh, que son seis eurazos por entrar a un sitio a comprar cómics, en el fondo es absurdo. ¿Os imaginais que os cobraran una tasa a la entrada de Norma? Uh, bueno. Viendo lo que cuesta el merchandising, cualquier día. Cualquiera. El año que viene pediré una pulserita, que medio saló andaba con una en la mano, y bueno, no te dará privilegios, pero sí un estatus que te cagas. Y además, te da el privilegio de entrar al saló diez minutos antes de que abran, un espectáculo que de verdad hay que ver: Espectacularmente vacío y grandioso.

2) El asco que le tengo (yo y el común de la humanidad) a los Narutards cada vez va en aumento. Ya no se conforman con sacar sus fanzinitosdemierda (con la excepción de Raruto, que aun mantiene el nivel aunque Jesulink no se currara ni un dibujito. Snif) y en ir disfrazados de personajes que perdieron toda su popularidad hace tres años, no. Ahora se dedican a hacer congas por el salón gritando “¡¡Viva Naruto!! ¡¡Nos gusta Naruto!!” (manifestaciones por una vivienda digna no, oye, pero para anunciar lo mucho que les gusta el butanero adolescente…). Creo que la mirada de hielo que me lanzó la chica a la que dije “Odio Naruto” no se me olvidará jamás. Seguro que era una técnica no jutsu de paralización instantanea. Y no, no fue su escote lo que me paralizó, sino su odio hacia los que odian. Narutards, amigos: ¿Visteis que no os habló nadie? Quizá va siendo hora de dejarlo. Evolucionad un poco, coño, que hay vida más allá (y no, no me refiero a Bleach)…y un salón del cómic no es lo mismo que un salón del manga. So escandalosos. Petardos. Que no se os puede sacar de casa. Hala. Y además feos. Je, qué maduro soy a veces.

3) Sorprendente pero cierto: ¡¡Sólo nos atacó un grupo de fanzineros!! Debíamos parecer asesinos en serie, gente poco impresionable o, simplemente, fanzineros para que nos ignoraran todos de esa manera. Señores de los fanzines, atiendan: O empiezan a salir por ahí a tirarse a la gente para que les compren fanzines fotocopiados de euro y medio o estamos empezando a pensar en declarar su zona “zona segura”. Y no quieren eso, ¿verdad? ¡¡Fuera de los stands ahora mismo!! ¿Para qué quieren el megáfono si no es para vender fanzines a voz en grito en la firma de Ibáñez?

Por alguna razón, me descojoné con el título durante horas

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¡¡Juegos malos para móviles!!: Noticias y tetash

abril 18, 2008

¿Qué tienen en común el mejor director de la historia, un juego cutre para móviles, un viejo chiflado y un montón de desmentidos? Sí, vale, que está desmentido que el mejor director de juegos cutres para móvil de la historia sea un viejo chiflado, ¡¡pero también que forman parte de las noticias de esta semana!! ¡¡Las habrán leído en más sitios, pero no en todos hacen KDD el sábado a las 12 de la mañana en el stand de El jueves (ejem)!!

LA CONSPIRANOIA DE UWE

Hasta ahora no he querido hablar demasiado de este tipo, no por nada en especial, sino porque creo que su fenómeno no es para tanto. Es el típico muchacho del que tu colega chupifrikidelamuerte te habla continuamente haciéndose el gracioso: “Je, pues UWE BOLL es lo peor, ¿eh? A que es lo peor, ¿eh? Ja ja ja, es lo peor, ji ji, en Cinecutre le dejan mal, ji”. Ji ji. No sé qué decirles. Fui a ver Alone in the dark al cine y no sufrí convulsiones ni morí de la risa (aunque sí, es un bodrio casposo, que no infecto, de esos que hay que evitar), y House of the dead está más mitificada que otra cosa: No es peor que La casa de cera, por ejemplo. Pero cuando hay que hablar de alguien, hay que hablar de alguien. Y es que Uwe Boll es de la filosofía Risto Mejide: Él es consciente de que es un producto que en cinco años nadie recordará, y quiere aprovecharlos para mofarse de todo el mundo en la cara. Primero que si se liaba a hostias con aquel que dijera que sus pelis son malas, después que si iba a dejar de hacer películas (eh, que dicen que Postal está hasta bien) y finalmente con el gran final apoteósico: Y es que resulta que se dijo que Uwe Boll había hecho una petición online en la que, si se llegaba al millón de firmas, dejaría el cine. Por supuesto, no se me ocurrió firmar ni de coña, el tío no es tan malo como nos quiere hacer creer él mismo. Pero resulta que no, que esa petición no la hizo él, pero que ahora se ha picado. O firma un millón de personas a su favor, o deja de hacer adaptaciones de videojuegos. Toma ya. Una cosa es no querer que te quedes en el paro y otra apoyar tanto desperdicio de cinta virgen, hombre. Que están caritas. El caso es que yo le apoyo. Sí, señores. Hasta las últimas consecuencias. Y es que alguien capaz de decir que la primera petición fue llevada a cabo por Michael Bay y Steven Spielberg (real, lo juro) merece todo mi respeto, mi admiración y mis alabanzas. Alguien con los santos cojones de decir que Spielberg tiene miedo a lo que él es capaz de hacer merece no sólo una película, sino mil quinientas. Uwe Boll, ahora sí que sí, es el puto amo. Y por mucho tiempo, coño. Y ahora, vamos a noticias más serias.

Brrr…¡Qué juego más espeluznante!

…O algo así. Y es que la mejor serie española actual (y no admito réplica), El internado, empieza a aprender lo que es el marketing. O sea, lo que desde la primera temporada ha sido un serial entretenido de misterios, muertes y Marta Torné en tetas, ahora es un instrumento de marketing de esos que echan para atrás. Conste que supongo que la tercera temporada estará al mismo nivel de las dos anteriores (a ver, el que dice “O sea, ninguno”, expulsado al pasillo), pero lo que están haciendo con ella no tiene nombre. Primero fueron un par de libros resumiendo lo que ha pasado en la serie y escritos por los becarios de la productora (esos que viven en un sótano y se alimentan de ratas disecadas). Bueno, vale, lo acepto. Si hay libros de High School Musical, supongo que en el fondo tendrá un público (unineuronal o no, ahí no me meto). Incluso acepto de buen grado los DVD a un precio carísimo e incomprable. Incluso el álbum de cromos y la revista (que saldrá con Bravo, la revista para adolescentes ninfómanas número 1 en España). Pero lo del juego de móvil no lo termino de ver, oye. No sólo porque parece más malo que el juego para móvil de House (curiosamente desarrollado por Gameloft, la misma distribuidora…en serio, ¿por qué los creadores de estas series permiten estos ultrajes sin convertirse en series verdes que destruyen ciudades gigantescas?), sino porque la resolución a sus –uy, sí- intrigantes puzzles se haya mirando la serie. Vamos, que tiene de difícil lo que yo de travesti colombiano. Por mucho que digan que se trata de un nuevo misterio escrito en colaboración con los guionistas (o sea: “Oye, ¿os apetece escribirnos algo?”“No”“Vale, ya nos inventaremos un truñaco”), la cosa no cuela. Vamos, que si tuvieran lo que hay que tener y el juego fuera tan bueno como dicen lo sacarían para ordenador. Me apuesto un ojo a que este super-gran-misterio-del-copón-bendito es un sueño, una broma o una fiesta sorpresa para alguna de las protagonistas. Que no cuela ya, coño. Si no picamos con Lost, vamos a picar con El internado. Ja. ¿Dónde dicen que puedo bajármelo al ordenador de gratis? 

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Los Simpson ya no molan

abril 17, 2008

Hay temas cíclicos en todos los foros de opinión, cosas que cualquier lugar de Internet ha tocado en un momento u otro. De pronto, un tío pone el opening de La aldea del arce y todos empiezan a suspirar por los dibujos animados de la infancia. Incluso los que jamás han visto, que para algo son nostálgicos y la nostalgia vende más de lo que creemos (de hecho, el otro día un tío salió diciendo en un foro que Los aurones era mejor que Fraggle rock. Ay, qué malos son los recuerdos). Otro día, otro tipo abre un tema sobre política “para discutir sin crispación” y en cuatro horas ya se está fostiando todo el mundo virtual. Que si ZAPATERO mola, que si Rajoy es un seductor, que si Espe tiene varices. Y, finmalmente, llega el día en el que todo un foro tiembla y mueren varios adorables gatitos huérfanos a la vez. El momento en el que el original de turno pone un video-recopilación de los mejores momentos de Padre de familia. Que es una serie graciosilla pero los mejores gags los hemos visto una y mil veces (sí, vale, es Jesucristo y se da a entender que sus milagros eran falsos…puede que la vigésima vez empiece a dejar de tener gracia) y la única curiosidad de estos hilos está en dos clases de foreros hostiables. Los primeros, los que ponen la gran frase: “Padre de familia es mejor que Los Simpson XD”. Ni equisdé ni leches. Padre de familia no existiría sin Los Simpson, y la época clásica (temporadas 3 a 9) se merienda con patatas a cualquier otra cosa existente en la televisión. Y punto, coño. Qué poca memoria tenemos. Sale un tipo gordo haciendo referencias pop y ya creemos que ha descubierto la rueda. Pero vamos, que es aún peor esa otra segunda persona hostiable que, por defender que Los Simpson son mejores, dice la otra frase mágica: “Los Simpson están ahora mejor que nunca”. No. A ver, tú. Los Simpson, ahora, apestan. No molan. Son lo peor entre lo peor. Si ahora mismo me dieran a elegir un lugar que bombardear sería la oficina de FOX donde los guionistas hacen los nuevos argumentos creyendo que son grandes ideas. No, amigos. Dejemos de engañarnos de una vez por todas. Los Simpson son ahora lo que nunca han sido. Algo tan horripilante que consigue en ocasiones que queramos arrancarnos los ojos y ofrecérselos en sacrificio a Xenu para que Matt Groening se digne en ir a poner orden en la sala de guionistas. ¿Cómo? ¿Que seguís convencidos de que no están tan mal? ¡Dejadme que os explique las cinco razones por las que ver un episodio de Los Simpson actual conlleva más perdida de neuronas que pasar una noche con Massiel!

1-Gags alargados hasta el infinito. Pongámonos en una temporada clásica, donde los chistes iban y venían con rapidez. Si uno no te gustaba, poco después llegaría el siguiente, hasta acabar cada episodio con una sonrisa enorme de felicidad y alegría epistolar. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, parece que los guionistas hacen cuatro chistes y los reparten por todo el episodio. Pequeño ejemplo totalmente inventado: Homer se pelea con un cerdo por un trozo de jamón. Sí, por qué no, encaja en las temporadas nuevas. Antes, el gag hubiera sido grotesco pero corto. Homer se tira a por el cerdo y vuelve poco después manchado de barro, comiendo jamón y diciendo alguna frase que nos hiciera olvidar el momento (no soy un guionista tan genial, pero se hacen a la idea). En la temporada actual, ese gag de cinco segundos sería así: Homer mira al cerdo, el cerdo le mira a él, se tiran a una pocilga manchándose mucho, el cerdo le muerde el ojo (por alguna razón, se supone que tiene gracia), hacen una referencia a un episodio anterior (“¿Por qué? ¡Poppler me quería!”), el cerdo le muerde en los genitales y Homer hace un comentario de mal gusto al respecto (“¡No, ahí no! ¡Las necesito para hacer cosas nocturnas con Marge!”). Finalmente Homer golpea al cerdo durante medio minuto dejándole muerto y vuelve con su familia sangrando y comiendo jamón mientras explica el supuesto chiste (“Al final el hombre ganó al cerdo”). Total, tres minutos de gag, por llamarlo de alguna manera. Seguro que el equipo de guionistas sonreiría feliz al terminar y después volvería a jugar a la consola. No me explico otra razón para estos guiones que el hecho de que se hagan en media hora entre partida de Pro y partida de FIFA. Y mira que en Padre de familia los chistes alargados durante cuatro minutos me hacen hasta gracia, pero no en Los Simpson. Simplemente, no les pega hacerlo para nada. No les pega ser mediocres, maldita sea.

  

Un mono haciendo de madre de Bart: ¡La serie está en plena forma!

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