Archive for the ‘TOP 10’ Category

Los 10 peores spin-off infantiles

septiembre 3, 2013

Preparad la leche con Cola-Cao y las Tosta Rica (ese recuerdo de la infancia de todos más provocado por los anuncios en la tele que por la realidad) y apagad las luces. No mucho, que luego os hacéis daño en los ojos, cabestros. Hoy os vamos a contar una terrorífica historia de que os dará tanto canguelo que no la podréis olvidar. Una de esas historias que todo el mundo conoce y que pasará de padres a hijos, prolongando su leyenda, como El Doctor Jeckyll Y Mister Hyde, Yo Me Maté En Esa Curva (Pregúnteme Cómo) o La Cuarta Temporada De Community. Su nombre, El Productor Avaricioso. Ibáñez nos había propuesto llamarlo Mandador El Productor, pero claro, hay que tener en cuenta lo gagá que está el hombre a estas alturas.

Érase una vez que se era McPesétez, un productor de cine y televisión que quería realizar su sueño de infancia (y el de todos nosotros, para qué negarlo): Bañarse en una piscina de monedas cual Tío Gilito, por mucho que duela y por mucho que se le clavaran monedas de 20 céntimos en el ojo. La ceguera con toneladas de billetes es menos ceguera. Mirando a su amplio abanico de licencias de baratillo, nuestro ávido McPesétez pensó: “Eh, ¿habrá alguna forma de ganar más dinero con las chorradas que hago, aunque con ello destroce la obra original por completo?”. Después de poco pensar (así es como nuestro protagonista hizo también la segunda película de Expediente X, ¡y todos sabemos lo necesaria que era!), la solución llegó a su mente: ¡Pues claro! ¿Por qué no crear versiones infantiles de los héroes de las sagas que funcionan? Nuestro productor rió malvadamente a la luz de la luna, llamó a un guionista de segunda fila que se dejara mandar por cuatro perras y tres latigazos diarios y espero a que su piscina se llenara del todo. Fin. Buh. Terror y miedo.

Walterito White y su contrabando de gominolas de pica-pica

Walterito White y su contrabando de gominolas de pica-pica

Aunque no lo creáis, este terrorífico relato de Halloween que nos demuestra que el mal gana siempre está basado en cientos de historias reales (¡Sorpresa! ¡Shock! ¡Bostezos!). Dejando aparte a los cómics de la golden age en los que Batman se encontraba con un Batman bebé de una realidad alternativa o a Superboy, que se lanzó para crear nuevos y rocambolescos giros de guión (¡Superboy se ha convertido en la mascota de Krypto El Superperro! ¡Pa Kent no puede azotar a Superboy porque su culo es de acero! ¡Superboy está gordo porque ha comido mucho! ¿Qué demonios les pasaba en aquellos años?), el primer ejemplo claro le encontramos en los cómics de, cómo no, Archie. Corría 1956 cuando, en mitad de una partida de póker, que seguramente fuera de Monopoly, pero esto queda menos glamouroso, alguien comentó a John Goldwater, creador del personaje, “Has hecho un imperio solo con Archie. Todos tus tebeos son Archie esto, o Archie aquello, o Gran Archie o Pequeño Archie”. No se necesitaba más inspiración. Así de genial era el tipo (cámbiese “genial” por el adjetivo más insultante que puedan encontrar, desde “inútil” hasta “guacamolense”). Little Archie duró 140 números y se hizo un hueco entre el resto de publicaciones de Archie Comics, como Archie Y Yo, Las Carcajadas televisivas de Archie o Vida Con Archie (detecto una pauta… ¿Pero cuál?). A posteriori, después de que muchas otras series lanzaran un rayo rejuvenedor a sus personajes, el fenómeno “¡Ahora son niños! ¿Qué disparatadas aventuras correrán?” pareció desvanecerse hasta que, en 1984, Los Teleñecos (The Muppets para esos que dicen Lost en vez de Perdidos o FlashForward en lugar de ¿Qué Cojones Es Esta Mierda?) lanzaron Los Pequeñecos, que, sorprendentemente, no estaba tan mal como pudiera parecer. Pero la calidad de la serie daba igual mientras hubiera niños comprando peluches a montones. ¡Y vaya si los había! El éxito fue tal que los productores vieron el filón de nuevo y se dedicaron a realizar, sin miramiento alguno, versiones “bebé” de sus productos más famosos. Por suerte, no se llegó al límite de Friends Babyz, Dragon Ball Junior (aunque GT lo intentara), M*E*N*O*S*H o barbaridades similares, pero pronto descubriréis que no estuvieron tan alejados. Preparaos para descubrir hasta dónde puede llegar la crapulencia de McPesétez y sus coetáneos con… ¡¡las 10 versiones infantiles más increíbles de la historia!!

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[TOP 10] Mascotas que no triunfaron: ¡Adios al carisma! (y 2)

julio 29, 2009

Despidín sigue mirándome, con los ojos fijados en la punta del cuchillo. Me ha dicho cinco mascotas que no funcionaron y no sabe si será capaz de terminar con la lista. Lo noto en sus ojos. Lo noto en su mirada. Lo noto en que, qué coño, cualquiera estaría acojonado si estuviera disfrazado de mapache, atado a una silla y con un tipo amenazando con tu asesinato vil y sórdido si no le dices las cinco peores mascotas de la historia. Sé que no me vale Fido Dido, que el tipo triunfó y de lo lindo. Sé que no me vale Pepsiman, que próximamente se pasará por el blog. Ni Tidós (¡Ven, Tidós! es aún el peor eslogan de la historia). Ni los Chiquiprecios. Tiene que darme algo más duro. Acerco el cuchillo a su cuello. A ver qué tiene el pobre muchacho.

5-GELATIBOYS: Los más jóvenes del lugar no sabéis lo que os habéis perdido. Sí, tendréis vuestro Internet, vuestras series subtituladas y vuestras consolas de última generación con gráficos ultra-realistas-que-te-cagas (en la que aprovecháis para bajaros el Sonic & Knuckles, poniendo como excusa la “nostalgia”. Ya, claro. Ejem), pero nunca tendréis la Super Mortadelo. Antaño, los chavales del mundo teníamos nuestra ración mensual de suero infantil con la revista que aglutinaba a Pafman, Sporty, Mortadelo (obviamente), el doctor Furillo y un buen grupo de obras que, hoy por hoy, solo os sonaran si pasáis de los veinte años. Y entre obra de risa y obra de risa (que, por cierto, revisionadas hoy en día no dan demasiada gracia), los anuncios en forma de cómic, realizados por mercenarios del cómic como Ramis. Y, entre los anuncios, uno que destacaba con luz propia: Las apasionantes aventuras de los Gelatiboys, que habrían dado para una serie, una película, un videojuego y un par de colecciones de cromos. Tal era su carisma y su falta de complejos. Vista ahora, Los Gelatiboys de Royal se entiende como una fábula metafórica y compleja en la que un adolescente consigue hacer realidad sus deseos más frustrados mediante la idealización de un puñado de superhéroes que él mismo inventa gracias a su imaginación (o las drogas). O no. Cada aventura de los Gelatiboys comenzaba con una viñeta de presentación de título, con rimas tan apasionantes como “¡Esta gominola sí que mola!” (claro, porque los ositos son taaaaan del 85…) o inteligentes juegos de palabras a lo “¡Un tío muy fresco!” (ya que, por lo visto, la gelatina quita el calor mejor que una Coca-cola bien fresquita o que la fuente de tu barrio, esa que todos los perros del vecindario han lamido antes que tú y lo sabes), para proseguir con el planteamiento del problema: Un niño con el pelo rojo, cuyo nombre no se dice nunca (por lo que le llamaremos Gelatidiota. Ah, haberle puesto nombre, amigos de Royal) tiene un problema grave y de difícil solución, como “qué daré a mis amigos para comer en mi cumpleaños”, “Joder, qué calor hace” o “No encuentro el mando de la tele”. Al instante encuentra la solución que todo niño esquizofrénico encontraría: Coger el objeto más cercano a él que encuentre (un reloj, un zapato, una farola. El día que Gelatidiota encontró la caja de Durex de sus padres fue un momento hilarante) y gritar “¡Llamando a los Gelatiboys de Royal! ¡Cambio!”. Así, por las buenas. Nadie sabe de donde sacó los poderes para comunicarse con esta panda de imitadores de Parchís venidos a menos, ni si el chico no tenía teléfonos en casa, ni si el final de los cómics coincidió con su ingreso en el sanatorio más cercano, pero la cosa es que, tras una viñeta con una explosión y un “¡Flash!” (muy útil para el dibujante, por cierto), aparecen ELLOS. Los héroes nacionales. Los gelatiboys.

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Entiendo de dónde sale el “Flop!”, pero no el “Zas!”

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[TOP 10] Mascotas que no triunfaron: ¡Adios al carisma! (1)

junio 24, 2009

El día de ayer no fue tan mal después de todo. Sí, es cierto, me echaron de la empresa en la que llevaba trabajando veinte años y que levanté con el sudor de mi trasero, pero, al menos, me dieron unas explicaciones más que convincentes antes de zapatearme el sudoroso ídem. O no, pero al menos me fui con una sonrisa. Y es que gracias al cielo existe alguien (o, más bien, algo) que vela por todos nosotros en ese fatídico día en que nos vamos a la putièn rue. Ese fabuloso mapache rebelde con antifaz, gayumbos por fuera, capa con una “D” bien marcada y gorra con la visera hacia atrás a lo tronqui molongui: Despidín. ¡Qué bueno es irse a la calle si es Despidín, la mascota de los empresarios sin escrúpulos, quien te da la patada final! Tú te plantas en una sala gris, te sientas en la Silla Del Adiós y, entonces, cuando menos te lo esperas, Despidín aparece volando con su canción habitual, un rap machacatímpanos y estrujaorejas. “Soy Despidín, el mapache rapero/Si te portas bien te daremos tu dinero/Yo hago finiquitos/Yo canto con mucho flow/Si estás muy tranquilito/Te diremos adiow-ow-ow-ow/Te echaremos de menos/Después de veinte años/Pero te vas de nuestro seno/Y eso que aun estás muy sano”. Yeah. La cosa sigue durante minutos y minutos en los que, entre cancioncitas y rimas forzadas, Despidín te va desglosando el IRPF, te dice los meses de paro que te quedan y, para terminar, te regala su insignia y un globito. “¡Yo también quiero ser despedido con Despidín!”. Casi te da ganas de sonreír, vaya. Pero les decía que el día de ayer no fue tan mal. Por si no fuera suficientemente genial que un mapache con capa y gorra hacia atrás te haga un playback con Ha sido por la crisis (Despidin’s song), lo que hice después supera a todo lo imaginable. Coger al puto Despidín, atarle a una silla y amenazarle con cortar su enorme cabezota no sería tan gratificante si no le diera una oportunidad para escapar. Y, ya que él tiene muchas papeletas para ser una de esas mascotas que despiden de sus respectivas compañías (o que mueren. ¿Qué demonios pasa con las mascotas que no funcionaron?), le daré la oportunidad de sobrevivir. Si es capaz de hacerme un top ten con las mascotas que no funcionaron jamás y desaparecieron sin pena ni gloria, le suelto y solo le corto su cola de mapache idiota. Se lo tiene merecido. Puto Despidín. Oh, pero miren, viene hacia mí con una nota. ¿Se quedan a escucharle? ¡Fabuloso! Ejem.

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Todos teníamos mil gomas de Bolitas. ¿A que nadie tuvo nunca ninguna de Ricitos? Obviamente.

10-RICITOS, TORCIDITOS Y BOLITAS: Antes de que Chester, un guepardo con gafas de sol y, sorprendentemente, sin gorra con visera hacia detrás (quédense con esto: Es la señal de que una mascota intenta llegar al público joven, porque todo joven va con la visera hacia detrás hoy en día) les quitara el puesto, en Cheetos partían la pana tres ratones con los que se imprimieron reglas, gomas de borrar antropomórficas –un perfecto punto medio entre goma de borrar que destrozaba la página antes de borrar una línea y figurita coloreable a lo Warhammer-, camisetas, bolígrafos y cientos de bolsas: Ricitos, Torciditos y Bolitas. Los tres, ratones sin ningún rasgo característico que les alejara del tópico. Bueno, sí: Al principio, antes de hacerse juveniles, eran mosqueteros (además de tener de añadido a Tubitos, que me tuvo que recordar Wally Week), más conocidos como “masqueseros”. ¿Lo pillan? MAS QUESEROS. Oh, dios santo. Más adelante, cuando se cansaron de hacer cosplay de D’artacan, variaron en su vestuario y se pusieron camisetas con su inicial bordada en ellas. Se podían haber quedado como masqueseros, la verdad, pero hablemos de su época dorada. Los ratones de Cheetos, que solo comían queso (ni las propias mascotas de Cheetos querían comer las horribles bolitas de Matutano que, después, redujeron de tamaño, hicieron más livianas y llamaron Pelotazos. Yo siempre fui de los deliciosos Torciditos/Risketos), eran bichos sin historia alguna tras ellos, más allá de tener el increíble poder de transformarse en goma de borrar. El ratón gordo siempre estaba sonriendo y, al menos en mi cabeza, era el marginado social de turno, capaz de hacerte los deberes a cambio de no recibir paliza esa tarde. Por su parte, Torciditos tenía pinta de entrenador de béisbol de instituto fracasado: Alto, encorvado, con ropa más grande que él y con gorra, que, de hecho, tenía la visera hacia delante. ¡Hacia delante! ¿A qué sector juvenil pretendían llegar con Bolitas y Torciditos, un gordo y un tipo con la visera hacia delante? ¿A los nerds? Por su parte, Ricitos era el guay del trío, siempre sonriente y feliz, con la “R” marcada en su camiseta, como recién salido de una cita con Gublinsita. Finalmente, vaya usted a saber por qué, el experimento español fracasó y Chester llegó de Esstados Unidos dispuesto a deslumbrarnos y a protagonizar videojuegos y campañas promocionales sin carisma alguno. Ricitos, Torciditos y Bolitas: En el fondo os echamos de menos. Y a vuestras reglas sin calidad ni nivel ni nada de nada.

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¡¡Las diez peores barbaridades sobre el E3!!: Noticia y chinchetash

junio 5, 2009

¿Qué tienen en común un detector de movimientos, un lagarto verde y la originalidad padre? Sí, vale, que un detector de movimientos para lagartos verdes supondría la originalidad padre en la industria de los, eh, detectores de movimiento, ¡¡pero también que forman parte de las noticias de esta semana!! ¡¡Las habrán leído en más sitios, pero seguro que no les han dicho tantas veces en una semana “Yo antes te leía, ¿por qué dejé de hacerlo?” o “Eh, ¿pero al final volviste después de irte?”!! Ah, cabrones.

LA GENTE FOLLA POCO, O ALGO ASÍ

Esta semana ha sido el E3, la feria de videojuegos más famosa del mundo mundial. Lo digo por si alguien vive en lo alto de un árbol, ha estado encerrado en una cueva o se ha ido de vacaciones a una estación espacial y no se ha enterado. Y, como en todos los E3, ha habido sorpresas, regresos inesperados, artefactos innecesarios y, en general, muchos más aparatos de esos que algún día cobrarán vida propia y nos echarán de nuestra propia casa. A estas alturas no les quiero aburrir contándoles lo que les pueden contar en Meristation o cualquiera de sus páginas clónicas: Que si Mario Galaxy 2 tiene a Yoshi dando tumbos, que si Proyecto Natal es como Minority report pero en real, que si la imagen del Zelda parece una ilustración de DeviantArt, que si Sony es una caca, que si Telltale trae de vuelta a Guybrush Threepwood y todos lanzamos bengalas de amor al aire. Dando por hecho que todos ustedes saben lo que ha ocurrido en el E3 (o eso, o que no les importa un carajo), mejor demos un repaso a las diez peores burradas que el mundo de los foros nos ha regalado durante toda esta semana. Porque solo hay una cosa peor que no tener ni un euro en la cuenta corriente y alimentarse de bocatas de mortadela: Postear en un foro de videojuegos. Eso sí que es despreciable y triste. Ah, y no. Esta semana no hay más noticias que esta.
10-“Kojima es un genio innovador”: Dicho cinco minutos después de que Kojima presentara, ante la estupefacción de la platea, su nuevo Metal gear solid. Uno no niega que Kojima sea un inventor, un mago y un tipo con unas ideas tremebundas, pero probablemente se le ocurran en la ducha y se queden ahí, entre los pelos del desagüe. Y es que, de un tiempo a esta parte, su modus operandi es el siguiente: Primero, sacar un nuevo Metal gear solid y decir que es el último y que está harto de Metal gears. Segundo, dejar pasar dos meses. Tercero, hacer una página web muy misteriosa en flash con una cuenta atrás. Cuarto, anunciar un nuevo Metal gear solid que, esta vez sí, es el último de verdad. ¿Ideas? ¿Innovación? ¿Eso no es lo que tienen otros? Por cierto, el nuevo Metal gear solid (el importante, no el de PSP) contará con Raiden, el secundario más risible de la historia, como protagonista. No, a Kojima no se le llama “tarado”: Se le llama “visionario”. Que no os enteráis.
9-“Todo esto indica que habrá un remake de Final fantasy VII”: Dicho por un tipo después de ver que Square presenta Final fantasy XIV. Llámenme raro si quieren, pero a mi me da que si una compañía sale y dice “Hola. Este es un juego que sacaremos dentro de seis años, se llama Final fantasy XIV y lo enseñamos solo para que la gente hable de nosotros. Hala, adios” no ha querido decir en realidad “Hola. Os vamos a poner un trailer del Final Fantasy XIV, pero en realidad queremos que penséis que la mitad de 14 es 7 y que estamos haciendo el remake sin motivo alguno. Hasta más ver”. El problema es que los conspiranoicos escuchan las palabras “Final fantasy” y automáticamente escuchan un “siete” detrás. De hecho dicen que hay algunos que solo salen de su estado pseudo-comatoso cuando escuchan esas tres palabras. Bueno, esas tres y “porno de Aeris”. Hay gente para todo. El día que finalmente salga a la luz el remake, me espero millones de “Ah, pues no era para tanto” repartidos por el mundo. Más que nada porque el Final fantasy VII, definitivamente, no es para tanto. El mundo, que es un exagerado.

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La frontera entre lo novedoso y la estupidez nunca estuvo tan poco clara.

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Las 10 peores secuelas de películas de terror de la historia

mayo 20, 2009

El cine actual, en su ya habitual desparpajo y originalidad hasta el límite nos ha traído últimamente filmes tan originales como Funny games (¡Eh, amigos! ¡Es igual que la primera plano a plano y dirigida por el mismo tipo! ¡No se la querrán perder!), X-men orígenes: Lobezno (Que en un principio iba a ser llamada No tenemos ideas para hacer X-men 4, pero eh, ese tío tiene garras en las manos. Seguro que da para hora y media, pero no terminó de convencer a los productores), Star trek (No deja de ser sorprendente cómo una saga que hasta ayer solo había interesado a los cuatro trekkies de turno, de pronto es un fenómeno de masas. Abrams, lo has vuelto a conseguir) o La pantera rosa 2 (¡Miren, es Steve Martin destrozando de nuevo meándose en la memoria de Peter Sellers!). Pero, por si tanta novedad nos hubiera dejado con ganas de más, los productores de Hollywood tuvieron la idea del siglo: Coger todas esas películas de terror de los años 80, lavarles la cara, estrenarlas como nuevas y hacer secuelas de ellas. ¡Un plan perfecto! ¡Remake y secuela, todo en uno! Así vimos hace unos años La matanza de Texas 2004 o Las colinas tienen ojos y, más recientemente, Viernes 13, cada una con su carro de secuelas planeadas (que se hagan o no es otro cantar, pero nadie puede negar que la idea es crear una nueva franquicia en plan zombie). Esto nos hace pensar de nuevo en algo que parecía olvidado en los años 80, entre los calentadores y los discos de Mecano: Las malas secuelas de las películas de terror slasher. De todos es sabido que, tiempo ha, si una película con un bicho asesino recaudaba más del doble de lo que costó en taquilla, tendría como mínimo una segunda parte. A veces con recaudar un dólar más se justificaba la secuela. Y si esta aun daba beneficios, una tercera. Y una cuarta. Y así ad finitum. De esta manera pudimos disfrutar (es un decir) de las secuelas de la ya pasmosamente risible Critters –venga, que alguien lo diga de una vez: “Yo prefería Gremlins, eran más monos”. Pues claro que eran más monos, tampoco los critters intentaban serlo-, de un Freddy Krueger casi inexistente en Pesadilla en Elm Street 2 o de la famosa Halloween 3, en la que todos esperábamos la aparición de Michael Myers y en su lugar nos encontramos con una historieta tan atípica como descorazonadora, creando la única ley válida en las secuelas: Los espectadores queremos ver lo que sabemos que vamos a ver. Si Halloween 3 se llamara, simplemente, El día de la bruja, quizá hoy fuera recordada como uno de los grandes clásicos del terror, pero al entrar en la sala, la gente quería ver a Myers cortando cabezas, arrasando adolescentes y resucitando sin piedad. Aun ahora me extraña que no hubiera algún cine quemado por el ultraje. Y es que las secuelas de las películas de terror son malas casi sin excepción, pero nos da el más de lo mismo que todos queremos disfrutar. Hoy repasaremos en un bonito top 10 –cuyas primeras cinco películas ya fueron publicadas en Cine Online, vale, pero el resto es nuevo- las películas que se excedieron esta regla y nos dieron lo que realmente no queríamos ver. Con ustedes, las peores diez secuelas de películas de terror.

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“¡Que nadie mire el cartel! ¡Pon más photoshop en el pecho de Jennifer Love Hewitt! ¡Más! ¡Más he dicho! ¡Que parezca un zeppelin humano!”

10-Aun sé lo que hicisteis el último verano: A finales de los años 90, la aparición de Scream hizo que las productoras se frotaran las manos con el mal llamado “nuevo terror juvenil” (más que nada porque ni era nuevo, ni era terror, y juvenil podría ser cambiado por “descerebrado”). Películas como Jeepers creepers, Leyenda urbana o The faculty llenaron las salas de cine con jóvenes dispuestos a ver cuchillos ensangrentados, algo de hemoglobina y, de vez en cuando, alguna tripa que otra, siempre que no dañe mucho la mente del espectador joven en cuestión. No vaya a ser que se vuelva tarumba y asesine a sus amigotes con una katana, vaya. De entre este buen montón de mediocridades con otras tantas secuelas aprobadas por los pelos una película destacó por lo revival de su relato y su narrativa ochentera: Sé lo que hicisteis el último verano. En el primer filme, el asesino del garfio perseguía a un grupo variopinto de estrellas de las que no se ha vuelto a oír hablar, Sarah Michelle Gellar aparte (Sí, hombre, Buffy cazavampiros, la eterna adolescente), de las que solo sobrevivieron Jennifer Love Hewitt (cuya carrera ha sido todo un éxito si la juzgamos por éxitos como Garfield, El esmoquin y Garfield 2) y Freddie Prinze Jr (que después de Scooby doo y su secuela ha firmado un trato con el diablo para no volver a hacer nunca más el ridículo… o no salir en el cine nunca más, lo que sea más fácil). Su segunda e inevitable parte se abre de una manera tan absurda como realista: Un grupo de amigotes está arrejuntado en el salón cuando de pronto un concurso telefónico les anuncia que están a punto de ganar un viaje a las Bahamas si contestan correctamente a la pregunta “¿Cual es la capital de Brasil?”. La muchacha contesta alegremente que es Río de Janeiro y, pese a todo, ganan el viaje. Uy, algo raro está pasando aquí. Para empezar, que las clases de geografía no se les debieron dar demasiado bien. Total, que el asesino empieza a cargárselos uno a uno de las maneras más insospechadas (destacando el asesinato frustrado en la máquina de rayos UVA. Con lo fácil que es usar un cuchillo jamonero, ¿quién demonios se dedica a poner candados en máquinas de rayos UVA? ¿Cuál será el siguiente paso de su maldad: Afilar las cuchillas de los cortauñas?) para terminar revelando su identidad, y, atención, que la capital de Brasil es… ¡Brasilia! ¡Hostias, tú! ¡No mires, que es cultura! La moraleja de esta película es clara: No hay que unirse contra el tío que no tiene más armas que un gancho y asesinarle con nuestras escopetas, sino que debemos ir cada uno por nuestro lado a dejar que nos vaya dando matarile con facilidad. Por supuesto, al final los muchachos matan al temible hombre del garfio (que ni tiene cuchillo, ni escopeta, ni nada: UN PUTO GARFIO), comprueban que está muerto, salen de la isla y, en el último minuto, se descubre que el pesado en cuestión aun sigue vivo. En la tercera parte, que gracias a dios no he visto, el asesino vuelve a ser el tipo de la primera parte, que sin motivo alguno vuelve a ser sobrenatural y a asesinar a un nuevo grupo de jóvenes que repiten constantemente las mismas frases que en las dos películas anteriores. Por lo menos, seguro que saben más geografía. Un mono sabría más geografía. Y sabría hacer un mejor guión que el de esta, nuestra décima entrada en el top.

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