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Bombardeo de taquiones: El caballero oscuro de la mesa redonda (y 2)

junio 10, 2009

En episodios anteriores de Batman va a Camelot sin motivo aparente… Bruce Waynesmoor, cuyo nombre parece sacado de una mala parodia, se convierte en Batman después de que se lo ordene Merlín, convertido en un murciélago. Su objetivo, acabar con el rey Arturo y Morgana, que mataron a su familia (Arturo sin querer, vale, pero ayudó a que muriera. Mala suerte, amigo). Por el camino se encuentra con Robin, le acoge de escudero y es aceptado dentro de los caballeros de la mesa redonda. Por alguna razón que no atisbamos a comprender, ninguno de ellos es un murciélago.

Celebrando la adhesión de Batman a la mesa redonda, éste les dice que Merlín está vivo (a lo que contestan, en un perfecto lenguaje medieval, “¡Jo!”. Se nota que estudiaron las costumbres de los artúricos) y se marcha a su habitación, dejando la fiesta desangelada. Es como el tío que, en mitad de una fiesta en su honor, dice “Me ha llamado mi novia” y se larga dejando al resto de los celebradores como idiotas. Ya en su habitación, dentro de las catacumbas, Batman se encuentra con Alfred, su antiguo mayordomo, que pasaba por ahí, y le confiesa todos sus planes. Lo que todos haríamos con nuestro mayordomo después de estar desaparecido durante años, vaya. “Eh, Alfred, soy Bruce, me cuidaste durante siete años. Sí, sé que llevo sin dar rastros de vida unos veinte años, pero es que estuve preparándome para ser Batman con un mago-murciélago. Ah, por cierto, voy a matar a tu rey y poner en grave peligro tu vida y la mía. Y la de este chaval. Te apuntas, ¿no?”. Pues no solo acepta, sino que además le pone a Robin su nombre (hasta ese momento se llamaba “chaval”) porque “salta y brinca como un pajarillo hambriento”. Vamos, como si le llama Pedro por comer magdalenas. La cosa es encontrar un agujero argumental para ponerle el nombrecito en cuestión. Mientras tanto, entre risas y reencuentros, una extraña mujer llama a la puerta. Y no creáis que Batman se va a quedar de brazos cruzados, no.

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Hazla pasar, que yo juzgaré sus cualidades. Ji ji, tetas. Soy Batman y miro tetas, ji ji. A destacar la cara de Alfred en segundo plano, con los ojos mal entornados y la boca abierta como si tuviera un serio problema en la cabeza. Supongo que tiene que ver con mezclar el “usted” y el “tú” con tanta facilidad. Oh, señor, mi señor, tienes una visitante por ahí. Colega. En fin. La visitante en cuestión es una tal Talia, hija de –atención- Ra’s Al Ghul (ya ni se preocupan en enmascarar los nombres, oye), poderoso caballero del este, que ha llegado a Camelot para casarse con Batman (¡) y proponerle un trato con el que puede cumplir su venganza. El trato en cuestión es bastante patético, la verdad. Deja que Al Ghul mate a Arturo y consiga la inmortalidad del Santo Grial y, a cambio, me acostaré contigo un par de veces. Batman, que ya tiene a Robin y eso de dar la inmortalidad a un maloso tampoco le hace demasiada gracia, declina la oferta, a pesar de que Talia y él se amen locamente después de haberse visto durante dos minutos. Talia se va, pero no a un concierto de esos que solía hacer (¡Juego de palabras! ¡Juego de palabras! ¡Risas mil!), sino al campamento de Mordred y Morgana, donde descubrimos que todo era un engaño y que, ya que no pueden matar a Arturo, matarán a Robin. No, no le busquen lógica. Es como si, a falta de matar al Rey de España, mato a Juan y Medio.

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Bombardeo de taquiones: El caballero oscuro de la mesa redonda

junio 1, 2009

Todo esto ya ha pasado antes… y volverá a pasar. Estamos en la sede central de SEGA -que, viendo los resultados comerciales de sus últimos videojuegos, no distará mucho de ser una caja de cartón en la que cuatro vagabundos exponen sus ideas entre tetrabricks de Don Simón-, en el año 2008. Después de comprobar que los usuarios no han aceptado con la alegría presupuesta los últimos juegos de Sonic, de tal calibre como Sonic riders (¡Lleva a Sonic y a sus amigos con, er, tablas voladoras! Sí, Sonic siempre ha corrido con sus zapatillas y sin tablas voladoras, pero entonces no podría haber una portada cool con Sonic a lo Tony Hawk. Y eso es más importante que cualquier jugabilidad, vaya), Sonic the hedgehog (¡Ahora, además de Sonic y el sosias de Shadow, introducimos un nuevo personaje sin carisma alguno llamado Silver! ¡Y juntos lucharán contra Eggman y Mephiles, un erizo demoniaco! A esto se le llama volver a los orígenes, amigos. ¿Tails? ¿Knuckles? ¿Quién los quiere teniendo un erizo demoniaco?) o Shadow the hedgehog (¿Os gusta la velocidad, eh? Correr sin saber exactamente por donde váis, sentir el viento en vuestras púas… ¡Pues ahora, en lugar de correr, os dedicaréis a explorar el escenario con nuevas armas y pistolas! ¡El espíritu Sonic!), el departamento de ideas geniales tiró la Ruleta De Los Argumentos Descabellados (el funcionamiento más simple del mundo: Tu tira, y si cae en un sitio en donde puedes chupar pasta al consumidor, ¡habrás ganado!) y se sacó de la manga dos conceptos innovadores que, a buen seguro, calarían entre los cabreados fans de toda la vida: Por un lado, un Sonic convirtiéndose en erizo-lobo y solucionando sus problemas a zarpazos (¡Excelente! ¡Justo lo que el mundo pedía!) y por otro… Sonic viajando al pasado, espada en mano, enfrentándose al caballero negro en plena corte del Rey Arturo. Tal como suena. Espero que rompieran la Ruleta después de esto e hicieran una urgente reducción de pesonal. Sonic, después de verse relegado a tener que hacer viajes temporales y luchar cual espadachín cualquiera de un juego clónico de PS3, pensó seriamente en el suicidio. Con razón.

Todo esto ya ha pasado antes… y volverá a pasar. Estamos en la sede central de DC Cómics, diez años antes del asunto Sonic. Tras matar a Superman, revivirle alarmantemente poco después, casarle con Lois Lane y dejarle vivir su vida, la compañía no sabía qué más hacer para mejorar las ventas. Y entonces, todos fijaron sus ojos en Batman, el personaje que parecía haber llegado a su cénit en El regreso del caballero oscuro. Ninguno de los arcos que se habían realizado desde entonces (incluyendo la muerte del segundo Robin, la parálisis de espalda de Bruce Wayne y su rápida recuperación, todos ellos prodigios de originalidad) habían llamado la atención de más de un grupúsculo de fans letales, y las ventas estaban empezando a ser preocupantes. ¿Qué hacer? ¿Dedicar su tiempo a cuidar los cómics, con historias de calidad y dibujantes de nivel, o echar mano de la Ruleta De Los Argumentos Descabellados? Tras pensar en ello durante cinco segundos, la rueda empezó a girar de nuevo, trayendo dos de los argumentos favoritos de todo el mundo: Un terremoto que asola Gotham city (¡Se sacaron dos años de cómic basados en esto! Debe ser el argumento retorcido más largo de la historia de los cómics) y, por otro lado… Batman viajando al pasado, espada en mano, enfrentándose a las fuerzas del mal en plena corte del rey Arturo. Lo dicho. Todo esto ya ha pasado antes, y volverá a pasar.

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