Las series del 2010-2011: ¡Preparados para dar pena!

junio 12, 2010

Blasfemias y alabanzas. Suicidios y beatificaciones. Sollozos y carcajadas. Podría seguir así durante horas, pero mucho me temo que todo el mundo dejaría de leer en la cuarta comparación estúpida. Bueno, ahí va una más que lo resume todo: Lágrimas y gozos, como el último disco de Ska-P (y que, por llevar la contraria a todo quisqui, no me pareció malo si salimos del ya habitual “Odio a la sociedad, dadme mi dinero, viva el tercer mundo, voy a dar conciertos y a sacaros los euros”). Así se puede definir el final de Lost, entre la gente que lo ha entendido bien, se ha encogido de hombros y ha dicho “Pues bueno, a estas alturas los misterios ya importaban un comino, al menos han cerrado bien la historia” y los que no solo han entendido mal la serie (“¡Toda la isla ha sido una mentira! ¡Todo ha sido un sueño de Jack! ¡Los guionistas son unos mentirosos!”), sino que además se dedican a echar bilis con cada comentario porque los guionistas, fíjate qué malos, no han resuelto un carajo. Lo que mucha gente pretendía es que el episodio final nos presentara a Carlton Cuse y Damon Lindelof en un salón oscuro, con un libro llamado Todas las respuestas a la serie y empezaran a leerlo. Capítulo primero, los poderes de Walt. Capítulo segundo, quién es la madre de Jacob. Capítulo tercero, cómo se llama el humo negro. Capítulo cuatro, por qué demonios a alguien le interesan estos misterios de mierda. Dos horas leyendo. Fundido a negro. Lost. Aplausos y conmociones al descubrir que el humo negro realmente se llama Samuel y que los poderes de Walt vienen de que comía hormonas para el crecimiento en mal estado (y así se ha quedado). Estoy convencido de que hay que entender Lost como un todo, como un viaje en el que nos lo hemos pasado bien, nos hemos divertido, nos hemos aburrido, nos hemos cagado en los guionistas y hemos pasado seis años la mar de entretenidos. Y si queréis saber quién construyó la estatua, pues ya lo contarán en los DVD o en ese sacadinero llamado La Enciclopedia Lost. Pero sacadinero con gusto no cuesta billetes, en una traslación de ese estúpido refrán que intenta decirnos que la sarna no pica o que alguien puede tenerla con gusto. ¿Que no lo han explicado todo? Cierto. ¿Que al final faltaba que sonara Breathe Me para parecerse a cierta serie de HBO cuyo nombre no diremos para evitar spoilers? Por supuesto. ¿Que las soluciones que han dado han sido estúpidas? Vaya que sí (de hecho, el “Os escogí porque erais como yo” de Jacob era como para acuchillar a los guionistas, uno a uno, por haberlo permitido). Pero han sido seis años increíbles, apasionantes e incomparables. Seis años que ahora darán pie a meses de bromas, soluciones, sorpresas y, sobre todo, mucha añoranza. Y aquí es donde entramos hoy, que ya iba siendo hora de presentar el post en cuestión tras la obligada (y muy atrasada) crítica a Lost, donde no he dicho nada que no se haya dicho ya ni he pretendido hacerlo en ningún momento. Eso os pasa por pedir sangre y bilis donde hay amor hacia una serie.

Total, que nos plantamos en un panorama televisivo repletito de series (y en el que, curiosamente, lo mejor que se emite es un reality show: ¿Han visto ya Survivor? ¿No? ¿Y se puede saber a qué demonios esperan?) en el que los pesos pesados van cayendo uno a uno, entre Supernatural, 24, Heroes y Flash Forward (dos de estas cuatro son una broma pesada, ¡adivinen cuales!). Desolador. La opción más plausible es la de lanzarnos a recordar viejas glorias como Twin Peaks, El Prisionero o series tristemente olvidadas como Studio 60 o Wonderfalls, pero claro: ¿Dónde está entonces la gracia de ese concepto tan 2.0, Twitteriano y chachi piruli que es el de llevar una serie al día? No voy a decir que antes nos daba igual llevar las series al día, porque si me perdía un episodio de Los Mundos de Yupi podía amenazar con el suicidio más sangriento de la historia, pero es en estos tiempos, en los que se nos dan todas las posibilidades para no perdernos ni un episodio, cuando realmente nos hemos empezado a preocupar por cosas como la continuidad. No es que antes no existiera, pero si nos perdíamos un episodio de Friends, Expediente X o Ally McBeal, qué le íbamos a hacer. Al fin y al cabo, a Ash Ketchum le aparecieron de la noche a la mañana una manada de Tauros en sus pokeballs y nadie hizo preguntas. El caso es que las cadenas saben de la importancia que se le da hoy en día a las series de televisión, y por eso han preparado una parrilla para la próxima temporada… cómo decirlo… espectacular. O espectacularmente anodina, al menos. Sentaos bien en el sofá con el mando cerca, porque hoy vamos a analizar algunas de las series más mediocres del mañana. Con vosotros, ¡las series que, de aprobarse, nos darán más de un disgusto! Y todo, claro está, a priori. Imagínate que en 2011 tengo que escribir un post de disculpa por haber escrito tonterías sin saber de qué estaba hablando o algo así, ¿eh? Ya sería triste, ya. Ejem.

“¡Hasta siempre, Locko!”. Que alguien me mate.

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Juegos para pederastas: Imagina ser mamá 2, ¡mira cómo aprenden! (1)

mayo 10, 2010

Ah, el terriblemente tremendo mundo de las secuelas innecesarias. Uno no puede dejar de preguntarse cómo no hay nadie que pare los pies a los que son capaces de idear semejantes abortos. ¿Tanto costaba imaginar que Grease 2 no iba a recaudar tanto como la primera? ¿O que Super Mario Bros 2 no triunfaría un carajo si no se parecía en nada al primero, cambiando las setas por nabos y las tuberías por puertas misteriosas a las que se accedía lanzando un líquido rojo? ¿O que, puestos a hacer Psicosis IV, sería igual de divertido sacar a Hitchcock de su tumba y empezar a golpearle en los ojos con pinchos afilados? Ahí está la gracia del asunto: La historia se repite, y de qué forma. Por suerte, tenemos a Ubisoft, salvadores de la humanidad. Estos tipos (también conocidos como “benefactores” o “genios”) pensaron que había juegos suyos en los que el argumento quedaba con muchas lagunas argumentales, y ya iba siendo hora de escuchar a los fans. ¿FarCry? Claro que no. ¿Rayman Raving Rabbids? También, pero no. ¿Prince of Persia? ¡Jamás! ¡El juego del que todo el mundo pedía una secuela a gritos era, sin duda alguna, Imagina Ser Mamá! ¿Es que no os acordáis del impresionante cliffhanger con el que finalizaba el primer juego? En él, nuestra protagonista, Atup (eh, que no dejen poner el nombre y no haremos barbaridades), terminaba su trabajo como canguro quedándose con un bebé por tiempo indefinido, bien por un asesinato de la madre que nunca se nos contó, bien porque los progenitores ya estaban hasta las narices del crío y prefirieron arruinar la vida a una canguro algo descerebrada, o bien porque el juego tenía un bug del tamaño de Arkansas (que, por cierto, no tengo ni idea de si es grande o pequeño, pero qué bien que suena). Ahora, esta segunda parte nos presenta el retorno de nuestra protagonista, más crecidita, creciendo en un ambiente muy diferente al que nos tenía acostumbrada: Ahora, Atup se ha mezclado con el GTA, y está dispuesta a todo por conseguir venganza. Tal y como os lo contamos. ¿No os lo creéis? ¡Bienvenidos al mundo de Imagina Ser Mamá 2: Mira Cómo Aprenden! Nunca una secuela fue tan jodidamente necesaria.

La niña de la portada está francamente acojonada. Tampoco podemos culparle.

Tranquilos, ya llegará el momento de explicar qué demonios tiene que ver nuestra canguro idiota favorita con el juego para mayores de 18 años (y que solo juegan menores de 16) favorito de todos. De momento, es de ley empezar por el principio de los tiempos. Al encender la consola, y tras las dos o tres productoras que han estado implicadas en semejante despropósito (a las que imaginamos en un garaje programando con un Spectrum), aparece Picopata, la cigüeña parlante de la primera parte, con un saco bajo su pico. No será la primera aparición del bicho, tristemente. Tras intentar encontrar la escopeta con la que disparar a matar, comprobamos desolados que, en lugar de un minijuego de despellejar cigüeñas, podemos elegir idioma, eso sí, sin música alguna. Mucho mejor, dónde vamos a parar. Ojo, que entiendo que es normal lo de la cigüeña, eh. Tampoco nos iban a plantar a una parejita copulando de manera salvaje. Al comenzar el juego, en la pantalla de inicio tendremos una imagen digna de cualquier pederasta: Un niño rubio medio desnudo y una niña negra con coletas, ambos en pañales, mandando besos al jugador. Dios santo, es como un Love Plus infantil, pero subido de tono. Yagh. Investigando el menú (que al menos es sencillote de usar), vemos que hay dos cosas bloqueadas. Wow, esto es como God of War, trae cosas para desbloquear y todo. Anonadado me hallo. ¡Si hay cosas bloqueadas, es que hay mucho por jugar! ¡Comencemos la aventura!

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Big Culo Day presenta: Cita Fatal, de Milo Manara. ¡Desgarros anales por doquier!

febrero 16, 2010

Milo Manara era un tipo que vivía de manera tranquila en casa de sus padres hasta que un día tuvo una revelación. Una de esas cosas que te hacen pensar “Voy a ganar dinero a espuertas con la cosa más tonta del mundo”, como le pasó a Miró con sus puntos y rayas, a Martes y Trece con los sonidos guturales o al Señor Buebo con el Día del Orgullo Friki: Dibujó a una chica tomando de modelo a su muñeca hinchable y copió el modelo en cuarenta páginas, a cinco viñetas por página. Lo vendió a un precio inenarrable y, con ese dinero, no solo se independizó de casa de sus padres, sino que nos traumatizó al resto de pobre sufridores que ahora tenemos que aguantar sus tonterías un par de veces al año. Las suyas y las de todos sus acólitos que van por detrás llamándole “maestro”. ¿Maestro? ¿Milo Manara es un maestro? Quiero decir, igual imparte matemáticas y lengua en sus ratos libres, pero sus dibujos han evolucionado en viente años lo mismo que los de Cels Piñol. Para colmo, sus historias no solo son la cosa más simple del mundo: No tienen gracia, estilo ni sentido alguno… y pese a todo, hay quien compra sus cómics religiosamente. Ay, Manara. Tú sí que sabes cómo tratar bien a la gente. Y es que todos sabemos lo que nos vamos a encontrar al abrir un cómic del autor: Culos. Grandes, pequeños, medianos y de diferentes texturas, sabores y olores. Bueno, olores igual no, pero ya se entiende. Todo un paraíso ideal para personas como Jotacé, capaz de sacar del letargo hasta al blog más olvidado y hacer que todos nos volquemos, un año más, en el Big Culo Day, que cumple su tercera edición. Desde aquí lo celebramos con Cita Fatal, un cómic que intenta ser una crítica social y se queda en un festival de culos al estilo Manara. O sea, repetitivos y cansinos.


No tiene precio la portada en cuestión, ¿eh? Un tipo triste y con unas proporciones más bien extrañas persigue a una chica que mira un reloj gigante dejando una teta al aire (ya que, por lo visto, taparse del todo con un camisón debe ser pecado y delito). Por supuesto, con la boca abierta, no vaya a ser que pensemos que Manara ha evolucionado algo en el diseño de sus personajes. Por cierto, que el cómic en cuestión trata sobre violaciones varias. Quién lo diría viendo la cara de la muchacha, en plan “corre-que-te-pillo”, ¿eh? En fin, Cita Fatal (el cómic con título de película de Antena 3 al mediodía de los fines de semana) comienza mostrándonos a dos parejas en una cita doble (y, sorprendentemente, están todos vestidos). Uno de los hombres comenta a la otra pareja, como si tal cosa, que ya se verán en las islas Barbados. Como quien va al bar de enfrente, vaya. Y, nada más empezar, Manara nos da un perfecto ejemplo de su maestría al dibujar: ¿Cómo dibujaríais vosotros una risa de esas que se notan reales?

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FURIBUNDO ESPECTADOR – Especial de Navidad

enero 5, 2010

La Navidad es esa época llena de buenos sentimientos, de horribles programas en TVE y de momentos incómodos con la familia (si creíais que “¿Ya tienes novia?” era malo, ¡esperad a “¿Cuándo os casais?”! ¡Diversión inmediata!). Y de regalos. Este primer capítulo del Furibundo Espectador mensual estaba pensado como antítesis a todo esto y para desear felices fiestas y un buen 2010 y esas mandangas, pero por cuestiones de cenas, comidas enormes, jugar a las cartas y, en fin, cosas fuera de mi jurisdicción como el New Super Mario Bros Wii (¡estaba delante de mi! ¿Cómo no probarlo… una y otra vez de manera compulsiva?) la cosa se ha ido retrasando hasta hoy, víspera de Reyes, y alargando hasta la más de media hora que dura ahora mismo. En fin, la ambientación navideña no deja de ser una pequeña excusa para mostraros tres de las películas que más repeluco me han dado jamás. Si creíais que Los Lunnis eran malos es porque jamás habéis visto a Caillou. Tanta repelencia no es para mi, gracias. Sin más, bastante habéis esperado para ver esto (no olvidéis, por cierto, verlo en HQ y pantalla completa. ¡Calidad aumentada por mil!): Disfrutadlo, tirad piedras cuando me veais por la calle o promocionadlo por Facebook. Y no olvidéis que al acabar está ¡el anuncio del Furibundo Espectador del 25 de Enero! ¡Qué coño, feliz Navidad! Si no os vale ahora por ser tarde, que os valga para el 2011.

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HA VUELTO

diciembre 10, 2009

Hacerse adulto es una mierda. Lo digo yo, lo decía Peter Pan y lo dirá Haley Joel Osment en cuanto vea su “prometedora carrera” tornada en fracaso por culpa de las drogas duras y el sexo con mapaches. Vale que es una frase que se suele decir a los 18 años, cuando por fin notas responsabilidades sobre ti y empiezas a sentirte una persona que debe ganarse el pan, pero darse cuenta a los 25 tampoco está tan mal. Hay quien no se dará cuenta en la vida, digo yo. Pero qué demonios, ¿acaso no hay adultos que molan? ¿Quién no quiere ser como Kevin Smith, pero con varios kilos menos? ¿O como George Lucas, pero con inteligencia? ¿O como esos publicistas que creen que poner una gorra para atrás a un animal antropomórfico hace que sea joven y chachi piruli? No sé. Lo mismo dentro de un año estoy aquí escribiendo sobre la situación del mundo actual, lo mal que anda la economía y sobre si Rajoy se cagó en las muelas de ZAPATERO, pero de momento no tengo malditas las ganas.

Y todo esto, ¿a qué viene? Pues viene a que es el tema principal del trailer del… ¡¡Furibundo Espectador!! ¿A que no os lo esperabais después de haberlo anunciado en Twitter y Facebook? Pues la cosa es esta. Atención, que vienen curvas: Furibundo Espectador. Cada mes. Cada jodido día 25. Las mismas chorradas que antes eran cada 100 posts, ahora cada muchos menos. Y, por si fuera poco, abrimos con un episodio doble de Navidad (uno en Navidad y otro en Reyes) en el que analizaremos, entre otras cosas… Oh, venga, viven mejor sin saberlo. Solo les diré que mi ordenador ha captado varios virus solo con abrir dichos archivos. Y en Enero, Jaime Rosales. Y en Febrero, la peor secuela de la historia. Y este es solo el principio. Espero. Lo mismo me canso la semana que viene y cierro el blog para siempre jamás o nos ponemos a charlar sobre macroeconomía con batín, puro y monóculo. Ya saben como es esto. Con todos ustedes… ¡Furibundo Espectador Mensual!

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Seriéfilos o cómo perder el tiempo con glamour

diciembre 3, 2009

¿No lo has notado? Las peonzas. Se han puesto de moda sin que te dieras cuenta, y ahora tienes que subirte al burro. Tus compañeros de oficina bailan cuatro a la vez, tus amigos se ríen de ti por no hacer girar esa tan popular con brillantina y colorines, y los expertos en peonzas te miran por encima del hombro y te dicen que estamos en la época de oro de las peonzas. ¿Qué demonios haces aún con tus Tamagotchis? ¡Las peonzas son el futuro! ¡Las peonzas son los nuevos Tamagotchis! Si tienen que hacer conferencias para demostrarte que, si no has visto girar una peonza roja de Swarovsky es como si no hubieras visto nada, lo harán. Y al final, también caerás. Al fin y al cabo es la moda, ¿verdad? Todo el mundo lo hace y, aunque es pesado a ratos, en el fondo es tan y tan divertido hacer girar las peonzas una y otra y otra vez… Eh, y si sigues así quizá alcances a aquel que hace girar treinta al mismo tiempo sin perder el control de ninguna. Sí, está perdiendo riego mental y personalidad y, al mismo tiempo, ganando algo de enajenación, pero ¡mira cuántas jodidas peonzas sigue a la vez! Vale. Este parece un escenario poco probable, más que nada porque las peonzas son uno de los instrumentos menos divertidos que ha inventado el ser humano junto con los yo-yós, pero es básicamente lo que está ocurriendo ahora con el mundo de las series de televisión. Todo el mundo sigue una, todo el mundo es fan, todo el mundo es un seriéfilo del copón bendito: Quien más quien menos está enganchado a House, Lost o Bones y siguiendo alguna serie que ya terminó en plan maratón sanguinario. Veinte capítulos sin descansos para mear: La prueba definitiva.

Esta obsesión por el mundo de las series ha llevado a la creación de dos tipos de estereotipos que hasta ahora no existían (gracias al cielo): Los que se las dan de seriéfilos y los obsesos, también llamados “gurús”, “tipos que dan conferencias”, “parados” o, simplemente, “enfermizos enganchados a Twitter”. Los que acaban de llegar al planeta Tierra aún creen que lo que se lleva hoy en día es ser friki. Los más retrasados creen, incluso, que lo otaku sigue de moda. Ay, amigos, lo que ha cambiado el panorama en un par de años. Los frikis han vuelto a su lugar de origen, el enclaustramiento más absoluto entre juegos de ordenador y tableros de Carcassone. Los otakus cada vez brillan más por su ausencia y apenas salen a la luz en los salones del manga. A estas alturas molestan poco. Pero todo el mundo quiere ser seriéfilo, hasta el punto de que son estos, y no los jugadores de rol o los comiqueros, los que han recuperado el peyorativo pero sorprendentemente agradable para muchos “friki”. ¿Nunca habéis dicho la frase “La tengo pendiente”, “La dejo para el parón” (atención: Decir esto es la precuela a dejarlo para siempre) o “Quiero verla pero no tengo tiempo”? ¿No tenéis un poquito de envidia de aquel que, dios sabe cómo, se ha visto todas las series del mundo y, por tanto, parece tener una opinión más válida que la tuya? Espero, por vuestro bien, que no os hayais intentado parecer a él y haber intentado, a la vez, seguir manteniendo una vida social óptima. No hay nada más triste que aquél que se las da de visionador de series compulsivo y que en realidad sigue Lost a ritmo Cuatro, House en versión original y Bob Esponja si lo pilla de casualidad. Jo, qué friki, colega.

“He leído en tu blog que te gusta limpiarte el culo con toallitas húmedas”. Ese día, Pablo Motos se libró de morir aún no se sabe por qué.

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Juegos imprescindibles: Las Aventuras de Aly y AJ (1)

noviembre 19, 2009

Si queréis que una persona de sexo masculino os haga cualquier tipo de favor, tenéis dos posibilidades. Pero si la idea de introducir genitales en bocas no os atrae demasiado, solo os queda una opción: Retarle. Es un hecho: A los hombres nos encantan los retos, los desafíos, el “No tienes huevos” y machistadas parecidas. Si ves que a tu novio no parece convencerle la idea de conocer a tu madre, inténtalo con un “¿A que no hay cojones de conocer a mi madre?”: El día siguiente le tendrás en la puerta de tu casa con un ramo de flores, unos bombones y repeinado con gomina. Si James Bond fuera un poco más inteligente, cuando el malo está a punto de matarle diría “Seguro que no tienes narices a soltarme y después pegarte a ti mismo un tiro en la cara”: Sería una birria de final, pero al menos sería realista. Es por ello que cuando los chicos del excelso programa Game Over retaron a este blog a jugar a un videojuego, no pude por menos que, entre ofensas de mentira, coger el guante tirado y aceptar. El único gran problema era el juego en cuestión: Las Aventuras de Aly y AJ.

¿Que quién demonios son Aly y AJ, la única cantante con nombre de arcada? Nuestras heroínas, Alyson (Aly) y Amanda (AJ. ¿Que por qué no se puso su nombre completo en vez de ese horrible AJ? Creo que está seriamente ligado a sus funciones cerebrales…) tienen 20 y 18 años, respectivamente, y llevan en el mundo de la música desde hace cuatro años. Y en cuatro años ya han sacado tantos discos, lo que demuestra su calidad musical y lo mucho que deben prepararse las letras. A saber, las chicas han sacado In The Rush (Literalmente, Con Prisas. No hace falta decir lo que tardaron en hacer las canciones, vaya. Un día grabaron cuatro gorgoritos y al siguiente tenían el disco en la calle. ¡La magia de MTV!), Acoustic Hearts of Winter (Corazones Acústicos de Invierno, que puede ser o bien una reflexión de Aly después de veinte toneladas de cocaína o, como es, el disco cristiano más famoso de 2006 en EEUU. Euh, ¿disco cristiano? ¿¡Dónde demonios me han metido Funs y Koopa!?), Insomniatic (con el que lanzaron su reality show Aly y AJ: Sister Act, que duró un episodio por baja audiencia. ¡El éxito de Aly y AJ!) y, finalmente, su cuarto disco saldrá a la venta en 2010 tras haber cambiado su nombre artístico por el de 78violet. Que, no es por nada, pero parece el típico nick de chica salida en cualquier chat de sexo. Con amor y eso. ¿No estáis emocionados y locos por comprar el disco de las hermanas cristianas de las que jamás hemos oído una maldita canción y que para 2011 habrá caído más bajo que Ella Baila Sola? ¿No? Cachis la mar. La cosa es que, en pleno apogeo de su éxito, en 2007, aparecieron varias novelas sobre ellas, bajo la colección Los Misterios del Rock and Roll de Aly y AJ (¿Cómo ha aparecido todo este dinero? ¿De dónde ha salido toda esta droga? ¿Ese tipo es realmente Ramoncín?), muñecos de ellas, Hello Kittys edición limitada Aly & AJ… y, cómo no, el videojuego para Nintendo DS. Con vosotros, The Aly & AJ Adventure.

¡Va, sonríe, tía, que esta va para el Tuenti! ¡Le voy a poner unas estrellas con Photoshop monísimas y te retoco esos puntos negros! ¡Tq, tía!

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Monográfico blogs (3): Las 10 excusas que dan los blogueros cuando dejan de actualizar

octubre 30, 2009

Absolutamente nadie hace nada mal en el mundo. ¿Has asesinado a tu profesora por equivocación? ¿Has envenenado a todo un vecindario? ¿Te han pillado viendo pornografía escandinava con enanos cabezones? No os preocupéis: Siempre tendréis ahí el mejor invento del hombre desde la rueda, el fuego y la rueda de fuego: Las excusas. Ah, las excusas. Con tu señora novia (“No, cariño, esto no es pintalabios. ¡Es sangre de un… euh… dragón que me he encontrado por la Gran Vía! ¿A dónde diriges con ese cuchillo?”), a la hora de estudiar (“¿Copiar? ¿Quién estaba copiando? ¡Estaba repasando a última hora!”), defendiendo tus gustos y aficiones (“¿90 60 90 mala? No, no es mala, lo que pasa es que es una gran incomprendida. Como Dragon ball evolution. Qué peliculón, ¿eh?”)… Lo peor de dar una excusa es saber que estás mintiendo cual bellaco y, sobre todo, que solo estás comprando tiempo antes de que la verdad te sacuda en la cara cual pescado fresco. Esto es, cuando tu novia compruebe que no hay un dragón muerto en la Gran Vïa, prepárate para recibir un par de sopapos. Por otro lado, si tu novia tiene que comprobar si hay un dragón muerto en la Gran Vía, quizá vuestra relación tampoco mereciera tanto la pena. Hoy en día, gracias a la tecnología, tenemos la suerte de que nadie nos mire a los ojos mientras decimos falacia tras falacia: Como todo en el mundo, las excusas se dan por Internet. Vivimos en un mundo donde las galletas se abren en Internet, la tele se ve en Internet y Vicente Molina Foix dice hilarantes tonterías gracias a Internet. ¿Cómo no íbamos a dedicarnos a dar excusas online? Que si perdón por no haber actualizado mi Twitter en la última media hora, que si la Wikipedia estaba equivocada, que si este mensaje privado no sé como ha llegado a mi buzón… Y, de entre todas las excusas, las favoritas de todos son las de los blogueros, esos maquiavélicos y estúpidos seres que, en cuanto tienen un par de personas que les siguen, deciden cerrar el chiringuito sin motivo aparente. Todos los que han abierto un blog han dejado de publicar al cabo de un tiempo para volver dando pobres, sórdidas y lamentables excusas. Obviamente, eso jamás ocurrirá aquí, en El Blog de Randy, ya que solo llevamos… Espera, ¿CUÁNTO tiempo sin actualizar? ¿En serio, TANTO? Euh… ¿y qué tal si vamos directamente y sin pasar por la casilla de salida a las diez razones que te da tu bloguero favorito cuando vuelve después de dejar de escribir durante un tiempo y sin avisar? Esto… ¿Queda alguien? ¿Hola? Guau. Jamás había visto un blog que hiciera eco.

spectrum

“Mira, mamá, esta vez fue la última que actualicé El blog de Randy”-“Hijo, nunca tuvimos un Spectrum y has robado esta imagen de Google Images”-“Aguafiestas”

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[TOP 10] Mascotas que no triunfaron: ¡Adios al carisma! (y 2)

julio 29, 2009

Despidín sigue mirándome, con los ojos fijados en la punta del cuchillo. Me ha dicho cinco mascotas que no funcionaron y no sabe si será capaz de terminar con la lista. Lo noto en sus ojos. Lo noto en su mirada. Lo noto en que, qué coño, cualquiera estaría acojonado si estuviera disfrazado de mapache, atado a una silla y con un tipo amenazando con tu asesinato vil y sórdido si no le dices las cinco peores mascotas de la historia. Sé que no me vale Fido Dido, que el tipo triunfó y de lo lindo. Sé que no me vale Pepsiman, que próximamente se pasará por el blog. Ni Tidós (¡Ven, Tidós! es aún el peor eslogan de la historia). Ni los Chiquiprecios. Tiene que darme algo más duro. Acerco el cuchillo a su cuello. A ver qué tiene el pobre muchacho.

5-GELATIBOYS: Los más jóvenes del lugar no sabéis lo que os habéis perdido. Sí, tendréis vuestro Internet, vuestras series subtituladas y vuestras consolas de última generación con gráficos ultra-realistas-que-te-cagas (en la que aprovecháis para bajaros el Sonic & Knuckles, poniendo como excusa la “nostalgia”. Ya, claro. Ejem), pero nunca tendréis la Super Mortadelo. Antaño, los chavales del mundo teníamos nuestra ración mensual de suero infantil con la revista que aglutinaba a Pafman, Sporty, Mortadelo (obviamente), el doctor Furillo y un buen grupo de obras que, hoy por hoy, solo os sonaran si pasáis de los veinte años. Y entre obra de risa y obra de risa (que, por cierto, revisionadas hoy en día no dan demasiada gracia), los anuncios en forma de cómic, realizados por mercenarios del cómic como Ramis. Y, entre los anuncios, uno que destacaba con luz propia: Las apasionantes aventuras de los Gelatiboys, que habrían dado para una serie, una película, un videojuego y un par de colecciones de cromos. Tal era su carisma y su falta de complejos. Vista ahora, Los Gelatiboys de Royal se entiende como una fábula metafórica y compleja en la que un adolescente consigue hacer realidad sus deseos más frustrados mediante la idealización de un puñado de superhéroes que él mismo inventa gracias a su imaginación (o las drogas). O no. Cada aventura de los Gelatiboys comenzaba con una viñeta de presentación de título, con rimas tan apasionantes como “¡Esta gominola sí que mola!” (claro, porque los ositos son taaaaan del 85…) o inteligentes juegos de palabras a lo “¡Un tío muy fresco!” (ya que, por lo visto, la gelatina quita el calor mejor que una Coca-cola bien fresquita o que la fuente de tu barrio, esa que todos los perros del vecindario han lamido antes que tú y lo sabes), para proseguir con el planteamiento del problema: Un niño con el pelo rojo, cuyo nombre no se dice nunca (por lo que le llamaremos Gelatidiota. Ah, haberle puesto nombre, amigos de Royal) tiene un problema grave y de difícil solución, como “qué daré a mis amigos para comer en mi cumpleaños”, “Joder, qué calor hace” o “No encuentro el mando de la tele”. Al instante encuentra la solución que todo niño esquizofrénico encontraría: Coger el objeto más cercano a él que encuentre (un reloj, un zapato, una farola. El día que Gelatidiota encontró la caja de Durex de sus padres fue un momento hilarante) y gritar “¡Llamando a los Gelatiboys de Royal! ¡Cambio!”. Así, por las buenas. Nadie sabe de donde sacó los poderes para comunicarse con esta panda de imitadores de Parchís venidos a menos, ni si el chico no tenía teléfonos en casa, ni si el final de los cómics coincidió con su ingreso en el sanatorio más cercano, pero la cosa es que, tras una viñeta con una explosión y un “¡Flash!” (muy útil para el dibujante, por cierto), aparecen ELLOS. Los héroes nacionales. Los gelatiboys.

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Entiendo de dónde sale el “Flop!”, pero no el “Zas!”

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[TOP 10] Mascotas que no triunfaron: ¡Adios al carisma! (1)

junio 24, 2009

El día de ayer no fue tan mal después de todo. Sí, es cierto, me echaron de la empresa en la que llevaba trabajando veinte años y que levanté con el sudor de mi trasero, pero, al menos, me dieron unas explicaciones más que convincentes antes de zapatearme el sudoroso ídem. O no, pero al menos me fui con una sonrisa. Y es que gracias al cielo existe alguien (o, más bien, algo) que vela por todos nosotros en ese fatídico día en que nos vamos a la putièn rue. Ese fabuloso mapache rebelde con antifaz, gayumbos por fuera, capa con una “D” bien marcada y gorra con la visera hacia atrás a lo tronqui molongui: Despidín. ¡Qué bueno es irse a la calle si es Despidín, la mascota de los empresarios sin escrúpulos, quien te da la patada final! Tú te plantas en una sala gris, te sientas en la Silla Del Adiós y, entonces, cuando menos te lo esperas, Despidín aparece volando con su canción habitual, un rap machacatímpanos y estrujaorejas. “Soy Despidín, el mapache rapero/Si te portas bien te daremos tu dinero/Yo hago finiquitos/Yo canto con mucho flow/Si estás muy tranquilito/Te diremos adiow-ow-ow-ow/Te echaremos de menos/Después de veinte años/Pero te vas de nuestro seno/Y eso que aun estás muy sano”. Yeah. La cosa sigue durante minutos y minutos en los que, entre cancioncitas y rimas forzadas, Despidín te va desglosando el IRPF, te dice los meses de paro que te quedan y, para terminar, te regala su insignia y un globito. “¡Yo también quiero ser despedido con Despidín!”. Casi te da ganas de sonreír, vaya. Pero les decía que el día de ayer no fue tan mal. Por si no fuera suficientemente genial que un mapache con capa y gorra hacia atrás te haga un playback con Ha sido por la crisis (Despidin’s song), lo que hice después supera a todo lo imaginable. Coger al puto Despidín, atarle a una silla y amenazarle con cortar su enorme cabezota no sería tan gratificante si no le diera una oportunidad para escapar. Y, ya que él tiene muchas papeletas para ser una de esas mascotas que despiden de sus respectivas compañías (o que mueren. ¿Qué demonios pasa con las mascotas que no funcionaron?), le daré la oportunidad de sobrevivir. Si es capaz de hacerme un top ten con las mascotas que no funcionaron jamás y desaparecieron sin pena ni gloria, le suelto y solo le corto su cola de mapache idiota. Se lo tiene merecido. Puto Despidín. Oh, pero miren, viene hacia mí con una nota. ¿Se quedan a escucharle? ¡Fabuloso! Ejem.

cheetosreglas

Todos teníamos mil gomas de Bolitas. ¿A que nadie tuvo nunca ninguna de Ricitos? Obviamente.

10-RICITOS, TORCIDITOS Y BOLITAS: Antes de que Chester, un guepardo con gafas de sol y, sorprendentemente, sin gorra con visera hacia detrás (quédense con esto: Es la señal de que una mascota intenta llegar al público joven, porque todo joven va con la visera hacia detrás hoy en día) les quitara el puesto, en Cheetos partían la pana tres ratones con los que se imprimieron reglas, gomas de borrar antropomórficas –un perfecto punto medio entre goma de borrar que destrozaba la página antes de borrar una línea y figurita coloreable a lo Warhammer-, camisetas, bolígrafos y cientos de bolsas: Ricitos, Torciditos y Bolitas. Los tres, ratones sin ningún rasgo característico que les alejara del tópico. Bueno, sí: Al principio, antes de hacerse juveniles, eran mosqueteros (además de tener de añadido a Tubitos, que me tuvo que recordar Wally Week), más conocidos como “masqueseros”. ¿Lo pillan? MAS QUESEROS. Oh, dios santo. Más adelante, cuando se cansaron de hacer cosplay de D’artacan, variaron en su vestuario y se pusieron camisetas con su inicial bordada en ellas. Se podían haber quedado como masqueseros, la verdad, pero hablemos de su época dorada. Los ratones de Cheetos, que solo comían queso (ni las propias mascotas de Cheetos querían comer las horribles bolitas de Matutano que, después, redujeron de tamaño, hicieron más livianas y llamaron Pelotazos. Yo siempre fui de los deliciosos Torciditos/Risketos), eran bichos sin historia alguna tras ellos, más allá de tener el increíble poder de transformarse en goma de borrar. El ratón gordo siempre estaba sonriendo y, al menos en mi cabeza, era el marginado social de turno, capaz de hacerte los deberes a cambio de no recibir paliza esa tarde. Por su parte, Torciditos tenía pinta de entrenador de béisbol de instituto fracasado: Alto, encorvado, con ropa más grande que él y con gorra, que, de hecho, tenía la visera hacia delante. ¡Hacia delante! ¿A qué sector juvenil pretendían llegar con Bolitas y Torciditos, un gordo y un tipo con la visera hacia delante? ¿A los nerds? Por su parte, Ricitos era el guay del trío, siempre sonriente y feliz, con la “R” marcada en su camiseta, como recién salido de una cita con Gublinsita. Finalmente, vaya usted a saber por qué, el experimento español fracasó y Chester llegó de Esstados Unidos dispuesto a deslumbrarnos y a protagonizar videojuegos y campañas promocionales sin carisma alguno. Ricitos, Torciditos y Bolitas: En el fondo os echamos de menos. Y a vuestras reglas sin calidad ni nivel ni nada de nada.

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