Archive for the ‘Comics imprescindibles’ Category

Culos, motos y perros parlantes: Cuarentayseis (y 2)

junio 9, 2008

Quien estuviera aquí la semana pasada, recordará que Valentino Rossi, ese cómic andante, empezó a perder carreras por culpa de que una muchacha le robó su amuleto. Después, dicha muchacha fue secuestrada por una red mafiosa que intenta hacer lo propio con Rossi. Para ello, tienen un plan infalible: Intentar que la chica que destrozó sus frenos se le insinúe y enseñe culo. Por suerte, el perro de Rossi se lo impide de un mordisco. El perro habla. Y también hay un pollo con gafas llamado Osvaldo. Y…Y que si no os estáis enterando, os leais la entrada de la semana pasada, vaya.

Dejamos a Rossi buscando a su perro, ese al que el coito con desconocidas no le parece un negocio redondo, y para ello se mete en un desierto enorme (todo el mundo sabe que a los perros se pirran por la arena). De pronto, tras él aparece un corredor misterioso en color sepia con una moto tirando a viejuna. Empieza una competición entre los dos (que gana Valentino, claro está) y el corredor misterioso se quita el casco. Creeréis que no puede ser cierto, pero lo es.

¡Hey, Steve! ¡Nunca creí que aparecerías con una moto en medio de un desierto! Ya, Valentino, pedazo de cenutrio. Quizá tenga que ver con que está MUERTO. Y con que es el segundo muerto que ves en dos días, maldita sea. En otras culturas, eso se considera un síntoma de andar un poco mal de la chaveta. Iker Jiménez te dirá que no, pero necesitas un psicoanalista, muchacho. Me tengo que declarar fan de los halagos de Valentino. “¡Vas fuerte con ese viejo trasto!” no es lo que yo entiendo por decir cosas bonitas sobre alguien. Vaya, es como si me encuentro con alguien de cuarenta años y le suelto un “¡Pareces más joven con ese tinte de pelo, viejo de mierda!”, pero en versión Rossi, que mola más.

McQueen se sienta con Rossi y le explica lo que le gusta hacer en el desierto: Cazar alguna liebre, comer judías fritas y fumar algo… Vamos, lo que cualquiera de nosotros haría en medio de un desierto si estuviéramos muertos y tuviéramos una moto. ¿Quien no ha querido cazar liebres durante la vida eterna? Steve le comenta a Rossi que tanto el talismán como el perro están bien (¿Qué? ¿Vais a buscar coherencia ahora?) y que no se preocupe demasiado, porque es un guepardo. Venga, vale. Es la comparación menos útil que he visto en mucho tiempo, pero si Steve McQueen la dice, oye, será cierta. Supongo. Rossi ve pasar a la chica que le quitó el talismán amordazada en un camión, y cuando se da la vuelta… ¡¡Oh!! ¡¡McQueen se ha ido y en su lugar está el perro parlante!! Sin darle mayor importancia (muertos que van, muertos que vienen, perros que hablan: La dura vida de un corredor de élite), se monta en la moto y va en busca de la muchacha, sin esperarse lo que se va a encontrar allí.

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Comics imprescindibles: Bugs Bunny contra Superman (y 3)

marzo 31, 2008

Dejamos hace unas semanas a Superman lidiando con el gallo Claudio, que le ha reconocido como Clark Kent, mientras Bugs Bunny y un Elmer en gayumbos seguían luchando por su supervivencia y el Pato Lucas y Batman se intercambian las personalidades. ¿Preparados para el INCREIBLE final de Superman contra Bugs Bunny? ¡¡Vamos allá!! Superman vuela para recoger a Bugs y Elmer mientras se plantea su propia existencia (“Me pregunto que será eso de los…libros de cómic”. Venga, señores de DC, que lo están deseando), sólo para encontrarse a ese par con cara psicotrópica y despreocupado. Ey, nos estamos muriendo, qué chuli.

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¡Hey, yupi, sonrisas! ¡Mira, viene Santa! ¿Santa? Yo comprendo que alguien no conozca a Superman (quizá ha estado metido en una cueva durante cientos de años y comía piedras o algo), pero confundirle con Santa Claus es, cuando poco, propio de una miopía galopante. Bugs, tío, háztelo mirar. En fin, mientras Superman les salva heroicamente (¿sabe Superman hacer otra cosa aparte de salvar heroicamente y pegar a los malosos?), Mxyzptlk (si no lo recuerdan, el malo de la historia) encadena a Dodo y le inmoviliza, teniendo así total control sobre lo que le ha ocurrido al Pato Lucas, convertido ahora en el Caballero Detective Pato (sigh) y dedicándose a luchar contra el mal, por supuesto muy patéticamente, que si no es patético, el Pato Lucas no hace de reir. El comisario Gordon pasa olimpicamente del Caballero Detective Pato (a partir de ahora, Patoman, que es más sencillo de escribir). Obviamente. Yo también odiaría a un pato que suelta cinco horrorosas referencias a la cultura pop por minuto (“¡Dile a George Clooney que no podrá volver a hacer de mi hasta que no tenga pico y patas palmípedas!”. Eh, se supone que os tenéis que reir. Venga, esas risas).

Mxyzptlk, a todo esto, comete un error y todos los personajes vuelan entre dimensiones. Batman (que, por cierto, estaba saltando alrededor de la baticueva diciendo “Woo woo”, Alfred dixit), Superman, Flash, Elmer, Bugs, Taz, la rana que canta y compañía. Y nadie sabe dónde van a ir a parar. Esto tiene varias maneras de ser contado. Épicamente (“¡El final de dos mundos llega!”), misteriosamente (“¿Qué ocurrirá ahora?”), cómicamente (“¡Y allá van otra vez entre dimensiones! ¡Están que no paran!”) o horriblemente.

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Comics imprescindibles: Bugs Bunny contra Superman (2)

marzo 10, 2008

La semana pasada dejamos el universo DC abierto e indefenso frente al universo Looney Tunes en un crossover tan poco apasionante como estúpido. Gracias a un plan malvado orquestado por Mxyzptlk (¡Oh, copia y pega de Word, como te adoro!), un villano atrapado con el último Dodo en una dimensión perdida, Elmer se convertirá en el nuevo Superman. ¿O no? ¿Cómo acabará una historia como esta, que no le importa ni al tipo que la ideó? ¡¡Vamos allá!! Pero no sin antes aclarar que las próximas páginas están fantraducidas por un tipo argentino llamado JuanLP, así que intentaré no meterme mucho con las boludeces que estén escritas ni con las faltas graves de ortografía por mucho que me sangren los ojos en plan película gore mala. Bastante que lo ha intentado el muchacho.

En fin, teníamos a Flash huyendo de Speedy González cual, uh, Flash huyendo de Speedy González, supongo, cuando ve que alguien le persigue. Se detiene para hablar con el ratón y, en vez de él, aparece el Correcaminos (¿os habéis dado cuenta de cuánto corren en la Warner?). Flash lo reconoce de la tele (¿a que no sabíais que Flash veía la tele?) y empieza a perseguirlo, pero el Coyote le aventaja con unos patines retropropulsados. Esto es un cachondeo, hombre. Flash, el hombre más rápido del mundo, vencido por el Coyote. Por Speedy González vale, que suele tener sobredosis de tacos y burritos, por el Correcaminos pase, pero yo me sentiría bastante mal si el Coyote consiguiera adelantarme sólo con unos patines retropropulsados. Vaya birria de hombre más rápido del mundo. Si el Coyote es capaz de hacer eso y se supone que es idiota, ¿qué no conseguirá El flautista? Sí, acabo de mirar en Google quienes son los enemigos de Flash. Uno no es tan listo tampoco. En fin, ah, Flash, el amigo de los inocentes, el tipo que nunca permitiría que le pasara nada a nadie. Qué majo es Flash.

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¿Majo? ¿Majo? ¡¡Pero qué gran hijo de puta!! La pregunta no es qué están haciendo ahí, la pregunta es POR QUE NO SALVAS AL POBRE ANIMALITO. Igual es que siempre he sido fan del pobre Coyote, pero es que esto es pasarse. Flash sonriendo como si no pasara nada, inmerso en sus pensamientos (“Mmh, no me sentó mal el burrito, quizá debería comerme otro. Anda, mira, un inocente cayéndose por un barranco”) y el pobre Coyote al borde de la muerte. Ni el casco se salva. Flash, cabronazo. Te odio. Cuando el Coyote esté con las tripas desparramadas por el suelo ya te sentirás culpable, ya. En fin, mientras tanto Mxyzptlk sigue planeando su malvada dominación de ambos universos (el DC y el de los Looney) y pensando en cosas que quizá no debiera pensar.

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Cómics imprescindibles: Bugs Bunny contra Superman

marzo 3, 2008

El final de los años 90 debió ser una juerga repleta de cocaína y prostitutas en las oficinas de los señores DC y Marvel. No es difícil imaginárseles a ambos sonriéndose mientras disfrutaban de malsanos placeres y aprobando todo lo que les traía algún guionista sin complejos pero con imaginación y muchos estupefacientes en el cuerpo. Los crossovers comenzaron a asediar las tiendas (Superman y Quicky, Archie y Punisher, Superman y Terminator…) en un maquiavélico plan para que la gente dejara de comprar cómics. Pero aun quedaba el plato fuerte. Ese cómic que nadie se ha leído pero todo el que hace el típico post de portadas graciosas de Superman debe poner en su blog: Bugs Bunny contra Superman. Escrito por Mark Evanier, otrora guionista de Hanna-Barbera (hay episodios suyos de series tan poco repetitivas y tan apasionantes como Richie Rich, Scooby Doo o Dragones y mazmorras) y de cómics como Groo (¡todos queremos a Groo!) o DNAgents (¡todos queremos a….uh…Groo!), y dibujado por Joe Staton, que comenzó realizando las historias de un superhéroe que me atrae mucho, E-man (¡¡por favor, mátenme!! ¿No ven que se lo pido a gritos?) y terminó con la JLA y Green lantern. Y Bugs, vaya. Imaginaos el cachondeo en la oficina de DC. Ahí uno haciendo Batman, allí otro currándose el Superman mensual, un par de personas discutiendo sobre Green lantern y, al fondo, el pobre Staton dibujando a Bugs Bunny, Elmer y compañía como podía, con un guión tan poco divertido como absurdo. Es imposible no pensar en Frank Miller diciendo: “¡¡Parece que a Superman le van mucho los conejos!!”. Ay, este Frank. ¿Creíais que el mago del tiempo y Chairman eran lo peor entre lo peor? ¡¡Preparaos para conocer a Mxyzptlk!! No, el gato no ha pasado por encima del teclado. Empezamos potentes.

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Por el bien de todos, espero que no. Lex Luthor te crujiría en menos que canta un gallo, Bugs. Que a ti se te da bien escapar de Elmer y bromear con el pato Lucas, pero son unos superpoderes, digamos, cuestionables. En fin, ya desde el principio te avisan, en la primera página: “Hay mundos que nunca se deberían conocer”. Efectivamente. Os lo podíais haber planteado en la primera reunión, pero claro, era más divertido estar con cocaína y prostitutas. Tsk. Maldito señor DC. En esta primera imagen ya damos por hecho muchas, muchas cosas que no servirán para entender el cómic mejor pero que nos hace ver por donde va el asunto…(Click para agrandar, claro)

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Crossovers necesarios: Archie conoce a Punisher (y 2)

febrero 25, 2008

Dejamos a Archie enfrentado a Punisher y con la esperanza de que fuera asesinado con crueldad, mientras Verónica estaba en la fiesta con Mad Archie, más que nada por venganza contra Archie, que la había mojado con una manguera esa mañana. Por medio había unos gángsters y unos amiguitos de Archie que no le importan a nadie. Vale. ¿Ya estáis en situación? ¡Vamos al baile! Y es que Verónica siempre ha sido una chica un poco facilona. ¿Y qué es lo que le pasa a las chicas facilonas –aparte de que siempre acaban liadas con chicos buenorros en la vida real-? ¡Efectivamente! Que su leyenda se expande y al final no hay nadie que las tome en serio. Y Mad Archie menos que nadie.

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Me podrías enseñar una parte más íntima… … …del pueblo, claro. Uy, en qué estaría yo pensando, jiji. Atención a la chapa “I like Ike”, algo que nos parece fabuloso a todos, y a Josie and the pussycats tocando en el escenario (o a los pequeños Picapiedra, vaya, lo que sea). En estas, el director de la escuela, amante de la fiesta, dice que esta se acabará a las diez de la noche. Su pasado yeyé se ríe de él. A las diez de la noche la mayoría de la gente acabará de llegar, pero vale. Este es el mundo políticamente correcto de Archie. Aceptamos barco. Verónica empieza a tener miedo de Mad Archie, que le dice que va a conquistar la ciudad dentro de poco. Todos contamos nuestros planes de dominación mundial en la primera cita, claro está. Los amigos de Archie, mientras, se dan cuenta de que éste no anda por ahí y que el tipo es un fake, por lo que su segunda novia se empieza a preocupar por él y un tal Scooter llama para informar de que Mad Archie anda suelto por ahí. Chan, chan. Qué emoción.

Mientras, Archie sigue estando atrapado por Punisher, que, en vez de matarle a sangre fría, intenta salvarle por algún tipo de razón. Según Archie, esa razón es que va tras Jughead. Este tipo no se entera de nada. En fin, se escapa junto a su amiguito de la corona ridícula poniendo poses antinaturales y absurdas y haciendo chistes no mucho mejores. Ah, Archie, todos te queremos.

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Redoble de batería, por favor. Qué risa. Os reto a intentar correr en la posición en la que corre Archie. Debe ser imposible, el puño en alto y el otro a lo Superman en horas bajas. En fin, van a la comisaría, donde se ríen de ellos porque por lo visto Archie la caga cada dos por tres llevándoles gente y cometiendo errores, así que el hecho de que un asesino en serie le persiga no es ya excusa de nada. Hala, majo, vete al baile, que seguro que allí no aparece Punisher (como todos sabemos, los bailes tienen la barrera antipsicópatas, muy útil por lo general). Finalmente, Archie llora un poco y, oh sorpresa, consigue protección. Los gangsters, mientras tanto, hablan y fuman porque son muy malos. Pero una cosa es fumar y otra…esto. ¿No hay mejores maneras de decir “Fumar es malo, niños”?

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Nueve,diez, ¿donde esta Fred?: Pesadilla en Elm Street, el cómic

febrero 11, 2008

Imaginaos por un momento que os comprais un fabuloso videojuego de Sonic (Sonic: Shit rings III, por ejemplo. Qué más da, los Sonic en 3D son todos igual de malos), dispuestos a encontraros con súbitas carreras e imparables destrozos on-rails con vuestro erizo favorito (con permiso de Espinete) como protagonista absoluto. Meteis el juego en vuestra consola y, de pronto, aparece una rata de la que nunca habeis oído hablar, Bimmy, que os presenta los escenarios y el modo de juego. Después de un largo y tedioso tutorial, os suelta un “venga, para que os vayais entrenando, ya corro yo un rato en vez de Sonic”. Si no os estáis cagando ya en la puñetera Bimmy y dejais que corra, lo más posible es que paséis niveles y niveles con la rata sin acordaros de que el juego se llama Sonic: Shit rings III, y que deberíais tener la esperanza de ver al erizo mutado de una vez. Y es que en Sonic es casi exigible que Sonic aparezca aunque sea para saludar. A todo esto salen de fondo Robotnik, Tails, Shadow, Knuckles y la madre de Sonic con los rulos, pero del erizo nada de nada hasta la pantalla final, en la cual aparece para desear suerte a la rata en su prueba final. Sí, lo sé. Demostrariais vuestra frustración de la mejor manera que sabeis: Escribiendo vuestras negativas impresiones en un foro de Internet, que es algo a lo que Sega tiene mucho miedo. Uy, sí. ¿Toda esta introducción para qué? Sí, amigos. Para hablaros del cómic de Pesadilla en Elm Street. Ya veréis como al final todo tiene sentido. Con “cómic” me refiero al de 2007, que por lo visto había alguno antes al que nadie prestó nunca atención (y con razón). Parece ser que Wildstorm, editorial que antaño sacaba Gen 13 y ahora saca World of Warcraft (sí, warcrafteros, ya no teneis excusa para no alejaros de vuestro monitor durante diez minutos), decidió que ya era hora de rendir tributo a Freddy, Jason, Caracuero y demás terrores ochenteros que ahora solo sirven para hacer películas en las que se parodian a ellos mismos. Y así salió la nueva linea de cómics de terror, de esos que daban mucho miedo en los 60 y ahora producen más indiferencia que risas. Y de entre ellos, Pesadilla en Elm Street iba a ser su punto fuerte. Guionizada por Chuck Dixon (que tan pronto se marca un fabuloso Punisher: War Journal como un, er, Serpientes en un avión) y dibujada por Kevin West (que sólo ha hecho cosas para DC, por lo que desde aquí le desdeñamos con bestialidad y un sonoro “¡Bah!”, sabiendo que nosotros lo haríamos mejor con las manos atadas a la espalda), esta serie es de esas que nos gustan porque tienen de todo. De todo lo exigible para convertirse en un cómic decente, vaya. ¿Quereis muertes? Las hay. ¿Queréis tetash? Las hay. ¿Queréis viñetas fotocopiadas? ¡Por supuesto que las hay! ¿Queréis ver a Freddy Krueger? ¿En serio? Pues habeis venido al cómic equivocado, como he intentado decir al inicio. Querer ver a Freddy Krueger en los cómics de Pesadilla en Elm Street. A quien se le ocurre. Bienvenidos a “La guerra de Freddy, parte 1”. Ya os avanzo que no habrá parte 2.

La cosa no empieza mal, para qué vamos a negarlo. Una muchacha anda por el instituto  y descubre que todas las clases están canceladas…incluída ella. Chan, chan. Freddy la asesina y ella despierta en un cuarto todo llenito de sangre. Si las siguiente veinte páginas fueran de asesinatos sin sentido, ya tendrían un comprador habitual, pero, como en las películas, parece que el guionista cree que los secundarios que van a morir nos importan para algo más que para reirnos de ellos. Así, nos presentan a Brad y Jade, dos hermanitos que acaban de mudarse a Springwood (Primaveramadera), que hablan y hablan mientras hacen bromas sobre muertos. Qué risa.

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Superheroes anunciando Bollycaos: La última frontera

enero 28, 2008

Cuando abría los Supermortadelos de mi infancia, lo primero que hacía no era mirar la historia de Pafman, ni las seis páginas de rutina del Mortadelo, ni el cutre noticiero falso que había al inicio y al final con chistes de Ramis. No. Lo primero que miraba, como un valiente, es si habían cambiado de una vez la historia de Noky y los nocilleros, o si la habían sustituido por las aventuras de los Smarties o similares, tan fabulosas, tan descaradas, tan cutres. Tan geniales. ¿Cómo no recordar la aventura de una página en la que los nocilleros, guays, jugadores de baloncesto y multiraciales, conseguían pegar una paliza al grupo de canis de la esquina gracias a un buen bocata de Nocilla? ¡¡Ja ja!! ¡¡Eso os enseñará a llevar el pelo tan ridículo y a escuchar insufrible música reggaeton!! Las ganas que entraban de tomar Nocilla, salir a la calle y zurrar a los maleantes sólo eran comparables con nuestra seguridad de que jamás haríamos algo así. El mundo de los cómic-anuncio es todo un género en sí mismo merecedor de ser recopilado en un par de antologías (¿no han visto el anuncio de “Los libros de nuestra infancia”? En veinte años, Noky en “Los anuncios de nuestra infancia”, que compraremos como nostálgicos idiotas empedernidos. Al tiempo). Lo curioso es que estas obras por lo general eran dibujadas por anónimos como Nacho Fernández, que a la postre se harían conocidos…o por perfectos desconocidos que aun siguen vagando por las partes más oscuras de las editoriales, dispuestos a cualquier trato vejatorio para que alguien publique su cómic autoconclusivo de 25 páginas. ¿No quieren que les dibuje las aventuras del general Panama Jack? ¿Porfi? Juro que la marca se verá en todo momento. ¿No? Pues nada, oigan. Que le vamos a hacer. En fin, la cosa es que, si en España estos cómics gozaron de cierto éxito en nuestra absurda infancia, no fue sólo por personajes tristemente anónimos como Noky, el Pedobear de los 90. Los personajes famosos afloraban tambien por las páginas publicitarias, deseando llevarse morlacos para el autor. Mortadelo fue una prostituta, yasabeputa, y realizó tristes anuncios de bollos que pasaron a la historia como lo más triste que el negro de Ibáñez tuvo que dibujar jamás (¡¡Mire, jefe!! ¡¡Mire que pastelito tan rico!!), y lo mismo con Zipi y Zape, Superlópez y demás personajes conocidos de la época. Pero nada tan triste como lo que ocurrió en Estados Unidos. Y es que hay personajes a los que, aunque no queramos, tenemos cierto respeto. Si no aguantaríamos un anuncio de pastelitos protagonizado por Gendoh Ikari (No puedo gobernar NERV sin mi…¡¡pastelito de fresa!!) o John Locke (Le he robado este bollo a Hurley. ¡Ahora ya puedo matar osos polares!), ¿por qué se aguantaron las siguientes aberraciones? Con ustedes, sus superheroes favoritos anuncian bollos de fresa.

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El Capitán América tenía que estar en horas MUY bajas para tener que ayudar a un grupito de chavalines a los que el oso Yogui les había robado los emparedados. El oso Yogui disfrazado de alienígena, pero oso Yogui al fin y al cabo. Quiero decir, se supone que los aliens vienen de un planeta muy superior al nuestro y que conocen hasta el último de los recovecos de nuestro ADN. ¿No saben que nos alimentamos? ¿Para qué demonios se dedican a robar comida del parque Yellowstone en vez de matar a los humanos? Que por cierto, rica tiene que estar un rato, porque atención a cómo el tipo verde que come los pastelitos por primera vez ignora vilmente al Capi pegándole una tunda a su amigo. De hecho parece que le cae mal y los pastelitos son un mero McGuffin para distraer la atención. Uy, sí, que ricos. Dale en la cabeza, Capi, que me dijo que Gigatron no molaba. Y a todo esto, el extraterrestre de los bigotes a lo Dalí preocupado porque el Capitán América anda por ahí. ¿No le puede disparar? ¿No tiene ningún arma ni ningún poder especial? ¿Cómo demonios pretendían conquistar la Tierra, a base de robar comida de excursionistas idiotas? Porque tienen que ser idiotas, a tenor de la cara del chaval rubio en la última viñeta, típica cara de pornstar antes de una fellatio prodigiosa. Yum, yum. Twinkles. Yum. Y de todo esto, la enseñanza de turno: Si los extraterrestres roban tu comida, regálasela y que se vayan a su planeta. Gracias, Capitán América. Ahora, a luchar contra el mal de verdad, venga. So pedófilo.

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Mascotas que hostiar en comics que quemar: Cobi en “Una tarde en la ópera” (y 2)

enero 14, 2008

¿Os acordais de las estupendas aventuras de Bobi que empezamos la semana pasada, con el doctor Normal y Tamino teniendo más importancia en el cómic que el perro más feo de la historia? (iba a decir “la mascota más fea”, pero después de ver las de Beijing uno tiene sus dudas). ¿No? Bueh, tanto da, si para la continuidad que tiene Una tarde en la ópera… A modo de resumen, el doctor Normal y Tamino son malos y hacen maldades y Bobi pide ayuda a unos marcianos que le insultan. Sí, ya está. Os acabais de librar de leer el post de la semana pasada si os habéis incorporado nuevos a este. Por supuesto, la historia de ahora no tiene nada que ver con aquella, que Mariscal puede ser lo que querais, pero de guionista tenía poquito el muchacho. En fin, la cosa empieza con el doctor Normal y Tamino paseando por las Ramblas cometiendo maldades. Vamos, porque dice Mariscal que son las Ramblas, que podría ser cualquier sitio del mundo.

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Juai juai juai. Mbrbpfft. Su maldad no tiene límites. Me contaron que después tiró un chicle al suelo y no recogió la cacota de su perro (Bobi no, otro perro). A cien por las Ramblas, uf. Que incívico. Cómo se nota que este cómic tiene quince años y Mariscal no veía como estaba el tema en el 2007, porque ponerse a más de 30 en Barcelona no es ya una maldad: Es un milagro. Y más por las Ramblas. En fin, hay que destacar a las dos guiris que les miran sonriendo a pesar de que la derecha acaba de dislocarse un pie en plan bestia y tambien el “Sí, sí” del pobre Tamino, que es un pobre lacayo que encima no sabe cómo decirle al doctor Normal que en realidad están yendo a 40. Triste, triste.

En fin, su plan malvado es tirar chinchetas por toda la carretera (el plan 3B-X según Tamino) antes de ir a buscar a la madre del doctor Normal, que llega a una especie de estación de trenes que debe ser el peor dibujo que he visto jamás de los jamases. En serio. Es tan malo que no quiero que vuestros ojos sangren como los míos. Si en el fondo hasta os tengo aprecio. Vuelven al coche y a correr a 100 por Barcelona mientras el doctor Normal muestra lo malo que es y la rabia que le tiene al sistema establecido.

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Mascotas que hostiar en comics que quemar: Cobi en “Una tarde en la ópera” (1)

enero 7, 2008

Recuerdo el verano de 1992 con sorprendente claridad. Por aquel entonces yo era un ser amable, disciplinado, simpático y majetón, de esos que iban con la bici y sus amigos silbando y prometiendo que jamás besarían a una chica mediante el sagrado juramento del escupitajo en la mano. Qué les voy a contar de mi horrorosa infancia que no sepan o se imaginen ya. Baste saber que por aquel entonces no era el monstruo sin corazón que soy ahora y que todo el mundo me abrazaba por la calle (o eso quiere pensar mi cabeza sobre 1992). Sin embargo, había algo que me arañó durante ese verano, haciendo que soltara bilis por la boca. Pero bilis de la mala, de la verde, de la asquerosita. Algo que hacía que mi estómago se volviera del revés cada vez que mi padre ponía las Olimpiadas. Y no, no eran los saltos de altura, ni la pértiga, ni tan siquiera la natación. Todo ello estaba bien. El problema era cuando, entre intermedio e intermedio, aparecía Cobi. La mascota más hostiable de la historia, el perro menos perro del mundo, el maldito Cobi. Y es que quizá alguien recuerde la batalla encarnizada de 1992. Los más mayores recordarán una bonita exposición universal y unas olimpiadas de órdago, pero los más jóvenes no podemos evitar recordar las peleas monstruosas que en nuestras cabezas ocurrían entre Curro y Cobi. En las que siempre ganaba el gran Curro, claro. ¿Cómo resistirse a su pico multicolor y su cresta punk? Cobi era un buenazo deportista que nos regalaba mochilas junto a Danone: No podía ser bueno ni fuerte. Estúpido perro.

En la vida real, sin embargo, Cobi estaba pegando una paliza a Curro en cuanto a popularidad: Estuches, lápices, mochilas…la Cobimanía despegaba con rumbo fijo (y terminaría en 1993, pero eso es otro cantar), no sólo por el merchandising, sino tambien por la serie de televisión que por alguna razón le gustaba a la gente. Esa cuyo opening nos taladraba las neuronas una y otra vez con su “Cobi, la mascota más genial, vive junto al mar en Barcelona”. Esa. Modesta ella, la más genial. Por suerte, cambiar de canal siempre era una opción. Os podéis imaginar, con este panorama pro-Cobi y mi odio hacia la mascotita de marras, la sorpresa que me dio llegar a casa un día y descubrir que mi madre (¡hola, mamá!) me había comprado no uno, sino CUATRO cómics de la saga The Cobi troupe, que suena cool porque está en inglés (La tropa Cobi no terminó de gustarle a nadie, ya ves tú). Y lo peor es que me los tragué unas veinte veces en un mes. Ya en un principio me parecían malos, a los tiernos ocho años, pero leídos quince años después resultan una de las cosas más deplorables que nadie puede tener en su estantería. Para quien no lo sepa, The cobi troupe trataba de las aventuras y desventuras del perromierda luchando contra el doctor Normal (ni siquiera entraré a comentar su nombre, creo que se comenta por sí sólo) y su sicario Tamino, que hacían maldades como contaminar la atmósfera, financiar películas españolas y esas cosas que los niños deben aprender o serán gente de mal en el mañana. Ni qué decir tiene que todo ello estaba aderezado con fabulosos chistes que harían las delicias de un troglodita algo atrasado en cuanto a humor. Vamos a analizar uno de estas fabulosas maravillas. Con ustedes, Una tarde en la ópera.

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Grandes crossovers: Superman vs Terminator (2 y fin)

diciembre 24, 2007

Dejamos a Superman medio muerto a base de sobredosis de kriptonita, ese material que se puede comprar sin problemas en cualquier lugar donde acepten VISA. En la carnicería más cercana a su casa seguro que hay miles de trocitos de kriptonita para usted. Recién cortada de kripton, oiga. En fin, resulta que la maquinita quiere ver qué piensan Superman y Steel para usarlo y conseguir el Omega Point, que suena a juego de Xbox 360 pero por lo visto será el momento donde las máquinas reinen y el humano muera. Lo de siempre, vamos (no preguntéis por qué tiene que saber qué piensan este par, simplemente pasad de ello). Todo esto, claro, lo dice en voz alta delante de Superman y Steel. Toma inteligencia artificial, años de Windows Vista para esto. Oh, maldito Bill Gates, mira dónde nos has llevado. Steel, mientras tanto, cree saber como escapar de ahí, mientras deja caer que la kriptonita de Sky-1 era sintética, como los abrigos de piel. Aham. Y de ahí, al futuro, donde Supergirl sigue luchando contra Terminators fornidos, fuertes, de esos que dan miedit…

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No, no nos hemos pasado a comentar Marvel zombies. Simplemente…er…guau…pedazo de terminators. Parecen mi vecino cuando va a hacer la compra pero con armas en vez de brazos. Pero vaya, que cuando están a punto de cargarse a Supergirl (bueno, la tienen cogida del cuello mientras ella se retuerce, es de suponer que se la van a cargar), de repente aparece un aliado más con la S en el pecho. La tierra está llena de supertipos a los que la kriptonita les hace dañito.

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