Archive for 4 febrero 2009

El Rincón Literario: Detectives Internet, Conspiración en la red (3)

febrero 4, 2009

En episodios anteriores de Detectives Internet… Estamos en el año 2 después de Windows 95. Todo Internet está poblado por los piratas informáticos. ¿Todo? ¡No! Un pueblo poblado por irreductibles detectives Internet resiste todavía al invasor. Y la vida no es fácil para los piratas y otra gentuza que no tiene nada que ver como Kelly Rix, Nick Pereira o el señor Zanelli. Y si os queréis enterar de algo, os leeis los artículos anteriores. Leñe.

Tom, que jodió el ordenador del instituto (eso, encima ni el suyo propio. Hay que tener cara) durante 24 horas después de meter un juego pirata (ya sabéis como son estas cosas de los hackers: No les vale con copiar el juego. Además, tienen que modificar el código base para joder al comprador. Bwa-ha-ha, la maldad no conoce límites), por fin decide dejar de probar su videojuego mortal y guardarlo en su cajón de los recuerdos. Sí, amigos. Por lo visto, el idiota de Tom tiene un cajón en el que atesora recuerdos de los misterios en cuya resolución había participado. Y eso no está mal, si no fuera porque esto ni ha sido un misterio ni ha sido resuelto. Vamos, que ha pirateado un disco y encima casi jode un ordenador. Si tuviera que compararse con un detective, sería con el inspector Clouseau. Patán. Zángano. Idiota. Pero Tom quiere indagar aun más en su patetismo y saber qué es lo que jorobó el ordenador. Vamos, Tom. Danos clases de informática.

-¿Qué pasó exactamente?-le preguntó Tom-. ¿Se trataba de un virus?
Había oído hablar de los virus de ordenador, los cuales podían transmitirse de un disquete a otro, causando estragos en el sistema.
El técnico negó con la cabeza.
-No era nada tan complejo. Simplemente lo habían modificado con un programa capaz de borrar el disco duro.
Tom lo miró fijamente, cuando comprendió el verdadero significado de aquellas palabras

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Peleas inolvidables: Muhammad Alí contra Superman (1)

febrero 2, 2009

La idea de Superman es gilipollesca. Las cosas como son: Un tipo con superpoderes supertotales que no puede morir si no es con una puta piedrita verde no me da la más mínima confianza. ¡Eh, chicos, dejemos el destino de la humanidad en manos de este tipo! ¡Las balas le rebotan, puede volar, tiene rayos-X, es genial! Oh, espera, ¿es eso un trocito de kriptonita sacado del museo de historia natural? ¿Por qué nuestro héroe se revuelve en el suelo entre convulsiones? Será una broma, espero. Pero en DC pensaron que no teníamos bastante con un Superman, y decidieron ampliar la familia hasta el infinito: Supergirl y Superboy tenían cierta razón de ser, y si algún día me pilláis con cuatro copas de más os confesaré que Krypto sigue teniendo encanto, pero, por favor, no me hagáis hablar de Comet el supercaballo (que estuvo a punto de liarse con una Lois Lane convertida en superyegua), Beppo el supermono (algunos aun recordarán que hablamos de él hace más de un año) o Streaky el supergato. Lo más posible es que acabe cagándome en los muertos de Shuster y Siegel, que no tienen la culpa de la razón real por la que le tengo rabia al personaje: No, no son sus pseudo-mascotas absurdas, ni sus historias del estilo “voy por la calle y como soy invulnerable gano a los malos”, sino a su plantel de crossovers. Que si Bugs Bunny, el conejo de Nesquick, los Masters del Universo… ¡Por favor! ¿Es que no existe nadie en este mundo que pueda traer dignidad al mundo de los crossovers con el Supes? Estuve a punto de darme por vencido hasta que, finalmente, apareció. Dibujo del gran Neal Adams. Idea de Dennis O’Neil. Considerado por muchos como una de las grandes obras maestras de la historia del cómic –lo que diría, por cierto, muy poco en favor del cómic-. Era 1978 y Superman estaba pasando por una de sus mejores épocas, hasta el punto en que cualquiera quería retarse con él. Así es como surgió este cómic. Así es como surgen las leyendas, amigos. Así es como me convencí de que no hay crossover bueno para el hombre del mañana.

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Fijaos en Batman, qué cabroncete, esperando disfrutar del baño de sangre que se va a dar en breves instantes. Sinceramente, no puedo creerme que, a la hora de hacer esta portada, Adams no se la imaginara en el típico y manido recopilatorio de “Portadas bizarras de Superman”. ¿Es que el concepto de Cassius Clay zurrando a un superhéroe no es ya lo suficientemente desconcertante como para que encima nos añadan ese “¡La pelea que salva a la tierra de los guerreros de las galaxias!” justo encima? ¡Por si tuviéramos algún motivo para quedarnos atónitos, vaya! En fin, nada más abrir la página se nos presenta a los personajes: El campeón del mundo Muhammad Alí (que, por cierto, perdió su cinturón de campeón el mes antes de que el cómic se publicara. DC, con tan buen ojo como siempre) y “Kal-el peleando como… Superman, también campeón de la justicia”. ¿También campeón de la justicia? No es que no sea cierto, supongo (puede ser idiota, pero se supone que es justo, vaya. Si no, vaya birria de superhéroe), pero viene tan a cuento en el combate como cualquier otra cosa. Estoy seguro de que frases como “Superman, también degustador de ensalada”, “Superman, también campeón de Monopoly” o “Superman, también debilitado si hay kriptonita cerca” se quedaron en la sala de guionistas. Una pena.

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