¿El blog de quién?

enero 30, 2012

Dice un refrán de esos rancios que dicen las abuelas mientras te estrujan, te besan y te dicen lo gordo que estás (solo para, minutos después, obligarte a comer un bocadillo de chorizo de esos que matan toda posibilidad de volver a sentir delgadez) que entre todos le mataron, y él solito se murió. Supongo que aún habrá a alguien que le interese, pese a llevar un año de velorio, saber por qué hace un año que esto no actualiza, y no: No soy tan imbécil como para tropezar otra vez en la misma piedra y prometer el oro y el moro, millones de artículos novedosos o vídeos de risión ilimitada. O bueno, a lo mejor sí. ¡Tendréis que seguir leyendo para saberlo! (Eh, ¿os habéis fijado cómo he atrapado vuestra atención? ¡Lo enseñan en primero de bloggers sin talento!).

La cosa es que, como quien no quiere la cosa, ya pasó un año desde el último post, que encima fue un vil intento cutre y desastroso de hacer spam de un programa vergonzoso como fue el piloto de Normas de Equivocación. Si lo escuchasteis y nos mandasteis al carajo, es comprensible. Ni yo lo habría aguantado y, de hecho, hicimos sangre de él mucho más adelante, cuando ya mejoramos y nos convertimos en un programa digno como somos ahora. ¡Pero eh! ¡Escuchad! ¡Behold the power of lo que sea que suene épico! Por si os preguntabais por qué Randy parece estar dedicado a tocarse las narices y twittear en vez de actualizar, y como bonita manera de marcar un punto en el pasado y dirigirnos hacia el futuro (¡OH! ¡OH! ¡Qué bello comentario! ¿Se convertirá El Blog de Randy en El Blog del Poeta Casimiro? Pista: No), creo que es justo contaros qué estoy haciendo ahora, dónde podéis leer mis chorradas y por qué a nadie debería importarle un carajo. ¿Os apetece daros un paseo? Os aviso desde ya: Al final del post incluiré links (detrás del segundo “more”), y allí tedréis horas de lectura, ideal para entreteneros en el trabajo o, bueno, en el iPad mientras esperáis en la cola del paro (¡en el iParo!). Como Chicha, Tato y Clodoveo (¡Ibáñez, ese visionario!). Vamos pues por orden, de más importante a menos importante, que no de más a menos parecido a lo que era esto antaño. Ale hop, chimpón.

Esto sale en Google Imágenes si buscas "ego". La gente es muy rarita.

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Normas de Equivocación: ¡El fantabuloso podcast!

octubre 3, 2010

Las modas de Internet están sufriendo un elitismo desconcertante. Mientras que hace años lo que todo el mundo debía hacer era sacarse autofotos para el Fotolog (posteriormente llamadas “esto va para el Facebook” o “niña, deja de poner esa cara de guarrona”), poco después fueron los blogs (ahora conocidos como “cementerios digitales”, que además es una palabra muy bonita) y más adelante el condensar todo lo aprendido en los blogs en 140 caracteres en Twitter (dentro de unos años conocido como “¿Cómo es posible que nos engancháramos a semejante tontería?”), ahora lo que se llevan son los podcast y las series online. Como veis, nos vamos especializando. El próximo paso es el éxito de los videoblogs de calidad, hacer esculturas o hacer striptease variados. Y aquí, como buenos borregos que somos, y ya que hacer una serie online es algo destinado o bien a quien tiene muchos amigos talentosos, o bien a quien no le importa hacer el ridículo (¿Habéis visto la mayoría de webseries que hay por ahí? ¿Es que nadie va a decir nada a esa pobre gente?), hemos decidido hacer un podcast. Uauh. Qué originales semos. Que alguien nos saque una foto para los anales de la historia. No, la peli porno no, so gaznápiros. Algunos de vosotros (los que no nos tengan en Twitter o Facebook, o no nos presten la más mínima atención) os preguntaréis “¿Y por qué debería importarme que hagáis un podcast?”. Pues a ello vamos, oigan.

Hacer un podcast, hoy en día, es más fácil que nunca, más que nada porque la diversidad de temas es infinita. ¿Eres un apasionado de la fontanería? ¡Fontapodcast te espera! ¿Te gustan los Micro Machines? ¡Todo el mundo amará Micromapodcast! ¿Que te vuelves loco por los podcast? ¡Podcastpodcast ya es tuyo! Tras escoger un nombre, hay mil posibilidades: Juntarse con los amigos en el salón de casa o por Skype (solo apto para los amantes del riesgo extremo) y empezar a soltar estupideces hasta que el público (otros amigos) se aburran de tanta bromita privada y tantos silencios incómodos es solo una de ellas, aunque, tristemente, la más extendida. Después, subiendo niveles, está el tratar con una mesa de mezclas y micrófonos profesionales desde casa (solo aptos para aquellos que, o bien no son independientes, o bien se ríen cuando alguien les pregunta sobre la crisis), grabar desde una radio libre o, ya puestos, cobrar haciendo el programa desde la SER. Curiosamente, esta última es una de las menos extendidas. Uno no termina de ver la conexión. Y ya solo queda lanzarlo al mar cual botellita con mensaje secreto y que se pierda en el oceano de la información. O sea, que todo el mundo lo ignore, cuatro lo aplaudan por amiguismo y los integrantes sueñen con ser los próximos Gabilondo del mundo radiofónico. Si él pudo con su inteligente espacio informativo, ¿por qué no nosotros que copiamos noticias de MeriStation y las comentamos sin demasiada gracia? ¡El mundo es injusto!

“Y ahora os contamos la última de Kojima: Va a hacer Metal Gear Solid 5. ¿O no? ¡Ja, ja! ¡Ahora nadie sabrá la verdad! ¡Vivan los podcast”

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Preestrenos: Salt o cómo hacer una película sin guión

agosto 20, 2010

¿Qué? ¿Cómo? ¿Tanto tiempo esperando un nuevo artículo y lo que el bobo de Randy nos trae es UN VIDEO? Efectivamente, amigos. Pero ojo, no se crean que lo que les enseño es la caída de un niño de un tronco, un vídeo de uno de esos videojuegos con gráficos que te cagas y de los que te aburres en medio minuto o una cancioncilla de nuestra infancia, esa de los 80 que ni siquiera habríamos oído si no fuera porque Youtube existe. ¡Esto es algo creado con cariño y amor para vosotros! A falta de Furibundos Espectadores (pronto, muy pronto, ¡lo juro!), bienvenidos a Preestrenos, un lugar donde, con una cadencia irregular (para variar) comentaremos los estrenos que hemos ido a ver a pases de prensa. En parte para dar envidia, en parte porque, ya que los echan, habrá que sacarles más provecho que la respectiva crítica en Cinemaniablog (¿Ya lo han visitado hoy?¡Vamos! ¡Háganme millonario, maldita sea!).

La película que abre la sección en cuestión es Salt, la tontería de Angelina Jolie de la que poco se pueda decir que no se diga ya en el vídeo. ¡Vean a Randy haciendo de ruso una vez más! ¡Y también de chino! ¡Y trabándose! ¡Y con variedad de micrófonos porque uno de ellos se fastidió cosa mala! ¡Grabado por los de siempre, Freddy y Hardita! ¡Y todo ello en glorioso HD! Desde ahora, Cartelera no les parecerá tan bueno como siempre: Les parecerá mejor. Al menos no tienen a un idiota diciendo chorradas por el medio.

¡No se vayan, que aún hay más! ¡Descubran hasta donde llega la degradación de un blogger sin escrúpulos!

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Las claves de un buen best-seller: Guía de autoayuda para ser como Dan Brown (por Bob)

julio 14, 2010

[Y dirán algunos de ustedes: ¡Pero yo he pagado por leer un artículo de Randy! Sí, bueno, vale. Pero Randy está ocupado en... eh... hacer... eh... ¡Bueno, muchas cosas! Es por ello que el amigo Bob nos trae uno de esos artículos que les hará carcajearse a mandíbula batiente, mover un rato el esqueleto y saltar por la ventana en plan suicida en cuanto se den cuenta del mundo en el que vivimos. Cojan asiento, hagan una pila con todos los sucedáneos de El Código Da Vinci que han ido comprándose ultimamente y prepárense para quemarla en señal de negación contra el mundo. Si es que no lo han hecho ya, claro]

Somos muchos los que hemos pasado un buen día por el Fnac, hemos visto el último éxito de Dan Brown, y nos hemos preguntado qué tienen sus libros para triunfar tanto. Luego hemos seguido andando y hemos llegado a la sección de autoayuda. Y mientras todos esos libros nos exhortan desde la estantería a eliminar nuestro estrés, a confiar en nosotros mismos, a que nosotros podemos, como si esto fuera una película Disney, nos preguntamos por qué ningún libro nos ayuda a ser como Dan Brown. Su viejo amigo Bob, no se preocupen, está aquí para solucionarles la vida, como Robert McKee, el tipo que se gana la vida diciendo cómo tiene que escribirse el guión perfecto, cuando su filmografía apenas incluye dos películas de Barbie y la serie La Señora Colombo, una serie que acabo de conocer y cuyo visionado se ha convertido ya en uno de mis motivos para seguir viviendo.


Ron Howard y Dan Brown, lo mejor de dos mundos, unidos por un actorzuelo de tres al cuarto

Antes de nada, permítanme que rompa algunos clichés. El éxito de un libro no guarda relación alguna con el talento del escritor, ni con la labor de investigación que exista detrás, ni con su veracidad, ni con (parece mentira) su portada. El único elemento que sabemos que es común a todos los best-sellers es su extensión: Quedarse en menos de 300 páginas es de nenazas, lo ideal es situarse entre 400 y 500, tanto si su historia da para ellas, como si no. Usted, escritor amateur, pensaba que esto iba a ser más fácil. ¿Abrumados por la titánica tarea que les queda por delante? No lo estén, porque aquí hay un mensaje positivo: Cada día en el mundo hay cientos de personas deseosas de leer un best-seller. Son buenas gentes que lo único que leen regularmente son los anuncios del Metro y que buscan desesperadamente un libro de fácil digestión (y esto, sí, es un eufemismo del copón) y mucha fama social, para poder catalogarlo inmediatamente como su libro favorito y poder decir que, en efecto, han leído al menos un libro en su vida. Pero ahora que se sientan ustedes a la mesa, dispuestos a revolucionar el mundo de la literatura cual Marcial Lafuente Estefanía, no saben por dónde empezar. Piensan si deberían usar un ordenador o algo más tradicional, como una máquina de escribir o un lápiz. Se lo diré claramente, están ustedes perdiendo el tiempo. A menos que vayan a usar una pluma estilográfica del siglo XVIII, para presumir de ello en la promoción del libro, da igual lo que utilicen, pero un ordenador se antoja como una herramienta mucho más cómoda, por razones que ya analizaremos. Ahora, sentados frente a su computador, ustedes preguntan de nuevo “¿Y ahora, qué?”. Pues ahora, comenzamos…

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Las series del 2010-2011: ¡Preparados para dar pena!

junio 12, 2010

Blasfemias y alabanzas. Suicidios y beatificaciones. Sollozos y carcajadas. Podría seguir así durante horas, pero mucho me temo que todo el mundo dejaría de leer en la cuarta comparación estúpida. Bueno, ahí va una más que lo resume todo: Lágrimas y gozos, como el último disco de Ska-P (y que, por llevar la contraria a todo quisqui, no me pareció malo si salimos del ya habitual “Odio a la sociedad, dadme mi dinero, viva el tercer mundo, voy a dar conciertos y a sacaros los euros”). Así se puede definir el final de Lost, entre la gente que lo ha entendido bien, se ha encogido de hombros y ha dicho “Pues bueno, a estas alturas los misterios ya importaban un comino, al menos han cerrado bien la historia” y los que no solo han entendido mal la serie (“¡Toda la isla ha sido una mentira! ¡Todo ha sido un sueño de Jack! ¡Los guionistas son unos mentirosos!”), sino que además se dedican a echar bilis con cada comentario porque los guionistas, fíjate qué malos, no han resuelto un carajo. Lo que mucha gente pretendía es que el episodio final nos presentara a Carlton Cuse y Damon Lindelof en un salón oscuro, con un libro llamado Todas las respuestas a la serie y empezaran a leerlo. Capítulo primero, los poderes de Walt. Capítulo segundo, quién es la madre de Jacob. Capítulo tercero, cómo se llama el humo negro. Capítulo cuatro, por qué demonios a alguien le interesan estos misterios de mierda. Dos horas leyendo. Fundido a negro. Lost. Aplausos y conmociones al descubrir que el humo negro realmente se llama Samuel y que los poderes de Walt vienen de que comía hormonas para el crecimiento en mal estado (y así se ha quedado). Estoy convencido de que hay que entender Lost como un todo, como un viaje en el que nos lo hemos pasado bien, nos hemos divertido, nos hemos aburrido, nos hemos cagado en los guionistas y hemos pasado seis años la mar de entretenidos. Y si queréis saber quién construyó la estatua, pues ya lo contarán en los DVD o en ese sacadinero llamado La Enciclopedia Lost. Pero sacadinero con gusto no cuesta billetes, en una traslación de ese estúpido refrán que intenta decirnos que la sarna no pica o que alguien puede tenerla con gusto. ¿Que no lo han explicado todo? Cierto. ¿Que al final faltaba que sonara Breathe Me para parecerse a cierta serie de HBO cuyo nombre no diremos para evitar spoilers? Por supuesto. ¿Que las soluciones que han dado han sido estúpidas? Vaya que sí (de hecho, el “Os escogí porque erais como yo” de Jacob era como para acuchillar a los guionistas, uno a uno, por haberlo permitido). Pero han sido seis años increíbles, apasionantes e incomparables. Seis años que ahora darán pie a meses de bromas, soluciones, sorpresas y, sobre todo, mucha añoranza. Y aquí es donde entramos hoy, que ya iba siendo hora de presentar el post en cuestión tras la obligada (y muy atrasada) crítica a Lost, donde no he dicho nada que no se haya dicho ya ni he pretendido hacerlo en ningún momento. Eso os pasa por pedir sangre y bilis donde hay amor hacia una serie.

Total, que nos plantamos en un panorama televisivo repletito de series (y en el que, curiosamente, lo mejor que se emite es un reality show: ¿Han visto ya Survivor? ¿No? ¿Y se puede saber a qué demonios esperan?) en el que los pesos pesados van cayendo uno a uno, entre Supernatural, 24, Heroes y Flash Forward (dos de estas cuatro son una broma pesada, ¡adivinen cuales!). Desolador. La opción más plausible es la de lanzarnos a recordar viejas glorias como Twin Peaks, El Prisionero o series tristemente olvidadas como Studio 60 o Wonderfalls, pero claro: ¿Dónde está entonces la gracia de ese concepto tan 2.0, Twitteriano y chachi piruli que es el de llevar una serie al día? No voy a decir que antes nos daba igual llevar las series al día, porque si me perdía un episodio de Los Mundos de Yupi podía amenazar con el suicidio más sangriento de la historia, pero es en estos tiempos, en los que se nos dan todas las posibilidades para no perdernos ni un episodio, cuando realmente nos hemos empezado a preocupar por cosas como la continuidad. No es que antes no existiera, pero si nos perdíamos un episodio de Friends, Expediente X o Ally McBeal, qué le íbamos a hacer. Al fin y al cabo, a Ash Ketchum le aparecieron de la noche a la mañana una manada de Tauros en sus pokeballs y nadie hizo preguntas. El caso es que las cadenas saben de la importancia que se le da hoy en día a las series de televisión, y por eso han preparado una parrilla para la próxima temporada… cómo decirlo… espectacular. O espectacularmente anodina, al menos. Sentaos bien en el sofá con el mando cerca, porque hoy vamos a analizar algunas de las series más mediocres del mañana. Con vosotros, ¡las series que, de aprobarse, nos darán más de un disgusto! Y todo, claro está, a priori. Imagínate que en 2011 tengo que escribir un post de disculpa por haber escrito tonterías sin saber de qué estaba hablando o algo así, ¿eh? Ya sería triste, ya. Ejem.

“¡Hasta siempre, Locko!”. Que alguien me mate.

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Juegos para pederastas: Imagina ser mamá 2, ¡mira cómo aprenden! (1)

mayo 10, 2010

Ah, el terriblemente tremendo mundo de las secuelas innecesarias. Uno no puede dejar de preguntarse cómo no hay nadie que pare los pies a los que son capaces de idear semejantes abortos. ¿Tanto costaba imaginar que Grease 2 no iba a recaudar tanto como la primera? ¿O que Super Mario Bros 2 no triunfaría un carajo si no se parecía en nada al primero, cambiando las setas por nabos y las tuberías por puertas misteriosas a las que se accedía lanzando un líquido rojo? ¿O que, puestos a hacer Psicosis IV, sería igual de divertido sacar a Hitchcock de su tumba y empezar a golpearle en los ojos con pinchos afilados? Ahí está la gracia del asunto: La historia se repite, y de qué forma. Por suerte, tenemos a Ubisoft, salvadores de la humanidad. Estos tipos (también conocidos como “benefactores” o “genios”) pensaron que había juegos suyos en los que el argumento quedaba con muchas lagunas argumentales, y ya iba siendo hora de escuchar a los fans. ¿FarCry? Claro que no. ¿Rayman Raving Rabbids? También, pero no. ¿Prince of Persia? ¡Jamás! ¡El juego del que todo el mundo pedía una secuela a gritos era, sin duda alguna, Imagina Ser Mamá! ¿Es que no os acordáis del impresionante cliffhanger con el que finalizaba el primer juego? En él, nuestra protagonista, Atup (eh, que no dejen poner el nombre y no haremos barbaridades), terminaba su trabajo como canguro quedándose con un bebé por tiempo indefinido, bien por un asesinato de la madre que nunca se nos contó, bien porque los progenitores ya estaban hasta las narices del crío y prefirieron arruinar la vida a una canguro algo descerebrada, o bien porque el juego tenía un bug del tamaño de Arkansas (que, por cierto, no tengo ni idea de si es grande o pequeño, pero qué bien que suena). Ahora, esta segunda parte nos presenta el retorno de nuestra protagonista, más crecidita, creciendo en un ambiente muy diferente al que nos tenía acostumbrada: Ahora, Atup se ha mezclado con el GTA, y está dispuesta a todo por conseguir venganza. Tal y como os lo contamos. ¿No os lo creéis? ¡Bienvenidos al mundo de Imagina Ser Mamá 2: Mira Cómo Aprenden! Nunca una secuela fue tan jodidamente necesaria.

La niña de la portada está francamente acojonada. Tampoco podemos culparle.

Tranquilos, ya llegará el momento de explicar qué demonios tiene que ver nuestra canguro idiota favorita con el juego para mayores de 18 años (y que solo juegan menores de 16) favorito de todos. De momento, es de ley empezar por el principio de los tiempos. Al encender la consola, y tras las dos o tres productoras que han estado implicadas en semejante despropósito (a las que imaginamos en un garaje programando con un Spectrum), aparece Picopata, la cigüeña parlante de la primera parte, con un saco bajo su pico. No será la primera aparición del bicho, tristemente. Tras intentar encontrar la escopeta con la que disparar a matar, comprobamos desolados que, en lugar de un minijuego de despellejar cigüeñas, podemos elegir idioma, eso sí, sin música alguna. Mucho mejor, dónde vamos a parar. Ojo, que entiendo que es normal lo de la cigüeña, eh. Tampoco nos iban a plantar a una parejita copulando de manera salvaje. Al comenzar el juego, en la pantalla de inicio tendremos una imagen digna de cualquier pederasta: Un niño rubio medio desnudo y una niña negra con coletas, ambos en pañales, mandando besos al jugador. Dios santo, es como un Love Plus infantil, pero subido de tono. Yagh. Investigando el menú (que al menos es sencillote de usar), vemos que hay dos cosas bloqueadas. Wow, esto es como God of War, trae cosas para desbloquear y todo. Anonadado me hallo. ¡Si hay cosas bloqueadas, es que hay mucho por jugar! ¡Comencemos la aventura!

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Big Culo Day presenta: Cita Fatal, de Milo Manara. ¡Desgarros anales por doquier!

febrero 16, 2010

Milo Manara era un tipo que vivía de manera tranquila en casa de sus padres hasta que un día tuvo una revelación. Una de esas cosas que te hacen pensar “Voy a ganar dinero a espuertas con la cosa más tonta del mundo”, como le pasó a Miró con sus puntos y rayas, a Martes y Trece con los sonidos guturales o al Señor Buebo con el Día del Orgullo Friki: Dibujó a una chica tomando de modelo a su muñeca hinchable y copió el modelo en cuarenta páginas, a cinco viñetas por página. Lo vendió a un precio inenarrable y, con ese dinero, no solo se independizó de casa de sus padres, sino que nos traumatizó al resto de pobre sufridores que ahora tenemos que aguantar sus tonterías un par de veces al año. Las suyas y las de todos sus acólitos que van por detrás llamándole “maestro”. ¿Maestro? ¿Milo Manara es un maestro? Quiero decir, igual imparte matemáticas y lengua en sus ratos libres, pero sus dibujos han evolucionado en viente años lo mismo que los de Cels Piñol. Para colmo, sus historias no solo son la cosa más simple del mundo: No tienen gracia, estilo ni sentido alguno… y pese a todo, hay quien compra sus cómics religiosamente. Ay, Manara. Tú sí que sabes cómo tratar bien a la gente. Y es que todos sabemos lo que nos vamos a encontrar al abrir un cómic del autor: Culos. Grandes, pequeños, medianos y de diferentes texturas, sabores y olores. Bueno, olores igual no, pero ya se entiende. Todo un paraíso ideal para personas como Jotacé, capaz de sacar del letargo hasta al blog más olvidado y hacer que todos nos volquemos, un año más, en el Big Culo Day, que cumple su tercera edición. Desde aquí lo celebramos con Cita Fatal, un cómic que intenta ser una crítica social y se queda en un festival de culos al estilo Manara. O sea, repetitivos y cansinos.


No tiene precio la portada en cuestión, ¿eh? Un tipo triste y con unas proporciones más bien extrañas persigue a una chica que mira un reloj gigante dejando una teta al aire (ya que, por lo visto, taparse del todo con un camisón debe ser pecado y delito). Por supuesto, con la boca abierta, no vaya a ser que pensemos que Manara ha evolucionado algo en el diseño de sus personajes. Por cierto, que el cómic en cuestión trata sobre violaciones varias. Quién lo diría viendo la cara de la muchacha, en plan “corre-que-te-pillo”, ¿eh? En fin, Cita Fatal (el cómic con título de película de Antena 3 al mediodía de los fines de semana) comienza mostrándonos a dos parejas en una cita doble (y, sorprendentemente, están todos vestidos). Uno de los hombres comenta a la otra pareja, como si tal cosa, que ya se verán en las islas Barbados. Como quien va al bar de enfrente, vaya. Y, nada más empezar, Manara nos da un perfecto ejemplo de su maestría al dibujar: ¿Cómo dibujaríais vosotros una risa de esas que se notan reales?

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FURIBUNDO ESPECTADOR – Especial de Navidad

enero 5, 2010

La Navidad es esa época llena de buenos sentimientos, de horribles programas en TVE y de momentos incómodos con la familia (si creíais que “¿Ya tienes novia?” era malo, ¡esperad a “¿Cuándo os casais?”! ¡Diversión inmediata!). Y de regalos. Este primer capítulo del Furibundo Espectador mensual estaba pensado como antítesis a todo esto y para desear felices fiestas y un buen 2010 y esas mandangas, pero por cuestiones de cenas, comidas enormes, jugar a las cartas y, en fin, cosas fuera de mi jurisdicción como el New Super Mario Bros Wii (¡estaba delante de mi! ¿Cómo no probarlo… una y otra vez de manera compulsiva?) la cosa se ha ido retrasando hasta hoy, víspera de Reyes, y alargando hasta la más de media hora que dura ahora mismo. En fin, la ambientación navideña no deja de ser una pequeña excusa para mostraros tres de las películas que más repeluco me han dado jamás. Si creíais que Los Lunnis eran malos es porque jamás habéis visto a Caillou. Tanta repelencia no es para mi, gracias. Sin más, bastante habéis esperado para ver esto (no olvidéis, por cierto, verlo en HQ y pantalla completa. ¡Calidad aumentada por mil!): Disfrutadlo, tirad piedras cuando me veais por la calle o promocionadlo por Facebook. Y no olvidéis que al acabar está ¡el anuncio del Furibundo Espectador del 25 de Enero! ¡Qué coño, feliz Navidad! Si no os vale ahora por ser tarde, que os valga para el 2011.

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HA VUELTO

diciembre 10, 2009

Hacerse adulto es una mierda. Lo digo yo, lo decía Peter Pan y lo dirá Haley Joel Osment en cuanto vea su “prometedora carrera” tornada en fracaso por culpa de las drogas duras y el sexo con mapaches. Vale que es una frase que se suele decir a los 18 años, cuando por fin notas responsabilidades sobre ti y empiezas a sentirte una persona que debe ganarse el pan, pero darse cuenta a los 25 tampoco está tan mal. Hay quien no se dará cuenta en la vida, digo yo. Pero qué demonios, ¿acaso no hay adultos que molan? ¿Quién no quiere ser como Kevin Smith, pero con varios kilos menos? ¿O como George Lucas, pero con inteligencia? ¿O como esos publicistas que creen que poner una gorra para atrás a un animal antropomórfico hace que sea joven y chachi piruli? No sé. Lo mismo dentro de un año estoy aquí escribiendo sobre la situación del mundo actual, lo mal que anda la economía y sobre si Rajoy se cagó en las muelas de ZAPATERO, pero de momento no tengo malditas las ganas.

Y todo esto, ¿a qué viene? Pues viene a que es el tema principal del trailer del… ¡¡Furibundo Espectador!! ¿A que no os lo esperabais después de haberlo anunciado en Twitter y Facebook? Pues la cosa es esta. Atención, que vienen curvas: Furibundo Espectador. Cada mes. Cada jodido día 25. Las mismas chorradas que antes eran cada 100 posts, ahora cada muchos menos. Y, por si fuera poco, abrimos con un episodio doble de Navidad (uno en Navidad y otro en Reyes) en el que analizaremos, entre otras cosas… Oh, venga, viven mejor sin saberlo. Solo les diré que mi ordenador ha captado varios virus solo con abrir dichos archivos. Y en Enero, Jaime Rosales. Y en Febrero, la peor secuela de la historia. Y este es solo el principio. Espero. Lo mismo me canso la semana que viene y cierro el blog para siempre jamás o nos ponemos a charlar sobre macroeconomía con batín, puro y monóculo. Ya saben como es esto. Con todos ustedes… ¡Furibundo Espectador Mensual!

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Seriéfilos o cómo perder el tiempo con glamour

diciembre 3, 2009

¿No lo has notado? Las peonzas. Se han puesto de moda sin que te dieras cuenta, y ahora tienes que subirte al burro. Tus compañeros de oficina bailan cuatro a la vez, tus amigos se ríen de ti por no hacer girar esa tan popular con brillantina y colorines, y los expertos en peonzas te miran por encima del hombro y te dicen que estamos en la época de oro de las peonzas. ¿Qué demonios haces aún con tus Tamagotchis? ¡Las peonzas son el futuro! ¡Las peonzas son los nuevos Tamagotchis! Si tienen que hacer conferencias para demostrarte que, si no has visto girar una peonza roja de Swarovsky es como si no hubieras visto nada, lo harán. Y al final, también caerás. Al fin y al cabo es la moda, ¿verdad? Todo el mundo lo hace y, aunque es pesado a ratos, en el fondo es tan y tan divertido hacer girar las peonzas una y otra y otra vez… Eh, y si sigues así quizá alcances a aquel que hace girar treinta al mismo tiempo sin perder el control de ninguna. Sí, está perdiendo riego mental y personalidad y, al mismo tiempo, ganando algo de enajenación, pero ¡mira cuántas jodidas peonzas sigue a la vez! Vale. Este parece un escenario poco probable, más que nada porque las peonzas son uno de los instrumentos menos divertidos que ha inventado el ser humano junto con los yo-yós, pero es básicamente lo que está ocurriendo ahora con el mundo de las series de televisión. Todo el mundo sigue una, todo el mundo es fan, todo el mundo es un seriéfilo del copón bendito: Quien más quien menos está enganchado a House, Lost o Bones y siguiendo alguna serie que ya terminó en plan maratón sanguinario. Veinte capítulos sin descansos para mear: La prueba definitiva.

Esta obsesión por el mundo de las series ha llevado a la creación de dos tipos de estereotipos que hasta ahora no existían (gracias al cielo): Los que se las dan de seriéfilos y los obsesos, también llamados “gurús”, “tipos que dan conferencias”, “parados” o, simplemente, “enfermizos enganchados a Twitter”. Los que acaban de llegar al planeta Tierra aún creen que lo que se lleva hoy en día es ser friki. Los más retrasados creen, incluso, que lo otaku sigue de moda. Ay, amigos, lo que ha cambiado el panorama en un par de años. Los frikis han vuelto a su lugar de origen, el enclaustramiento más absoluto entre juegos de ordenador y tableros de Carcassone. Los otakus cada vez brillan más por su ausencia y apenas salen a la luz en los salones del manga. A estas alturas molestan poco. Pero todo el mundo quiere ser seriéfilo, hasta el punto de que son estos, y no los jugadores de rol o los comiqueros, los que han recuperado el peyorativo pero sorprendentemente agradable para muchos “friki”. ¿Nunca habéis dicho la frase “La tengo pendiente”, “La dejo para el parón” (atención: Decir esto es la precuela a dejarlo para siempre) o “Quiero verla pero no tengo tiempo”? ¿No tenéis un poquito de envidia de aquel que, dios sabe cómo, se ha visto todas las series del mundo y, por tanto, parece tener una opinión más válida que la tuya? Espero, por vuestro bien, que no os hayais intentado parecer a él y haber intentado, a la vez, seguir manteniendo una vida social óptima. No hay nada más triste que aquél que se las da de visionador de series compulsivo y que en realidad sigue Lost a ritmo Cuatro, House en versión original y Bob Esponja si lo pilla de casualidad. Jo, qué friki, colega.

“He leído en tu blog que te gusta limpiarte el culo con toallitas húmedas”. Ese día, Pablo Motos se libró de morir aún no se sabe por qué.

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