Cómics imprescindibles: Orson Welles conoce a Superman

septiembre 9, 2013

La vida en Metrópolis no debe ser fácil, y mucho menos para los periodistas. Si ya es difícil en un país como el nuestro, cualquiera se imagina lo que debe ser vivir en una ciudad del universo DC, donde la fina línea entre la realidad y la locura campa a sus anchas. Esto es, si en España llamas a la policía diciendo que un monstruo intergaláctico se está pegando de leches con su clon malvado de una realidad paralela justo encima del tejado de tu instituto te cuelgan, no sin antes cogerte el número para avisar al psiquiátrico de guardia y, ya que estamos, llamar a los de Callejeros para advertirles que aquí tienen otro programa (ah, locos y prostitutas, ¿qué sería de la televisión española sin vosotros?). En Gotham o Metrópolis esto debe ser el pan de cada día, por lo que inventarse falsos sucesos para no ir a clase o a trabajar es demasiado sencillo como para no hacerlo (“¡Superman me destrozó el coche y no puedo ir al curro, jefe!”, “¡Aviso de pelea entre Green Lantern y el Detective Marciano en el colegio Bruce Wayne! ¡Día libre!”, “¡A Wonder woman se le ha caído el bikini y hay ataque de baba adolescente en Gotham!”, “¡Hemos encontrado un superhéroe carismático de DC aparte de los tres principales! ¡Repito, manden refuerzos!”). A estas alturas, se supone que en el Daily Planet ya deberían haber aprendido que hay avisos que pueden creerse y otros que no. Por ejemplo: Batman vengándose por enésima vez de la muerte de sus padres es algo que podría ser real. Bizarro volviendo a la tierra para saludar a su homónimo, sin duda. Joker bailando una sardana encima de una sardina y riéndose él mismo del chiste, quién sabe. Depende del guionista (y de lo borracho que esté el tipo que aprueba los guiones).  Krypto el Superperro teniendo algo de interés, imposible del todo. Es por ello que sorprende que Superman atienda una llamada como la que va a tener que atender en el tebeo de hoy. Os va a costar creer este crossover, pero es real. Si Noky y los Nocilleros ya os parecía publicidad descarada, esperad a ver lo que los productores chupasangres de turno se inventaron en 1950 para la promoción de una peliculilla llamada Black Magic: Con vosotros, Orson Welles Conoce A Superman. Y, a partir de aquí, empieza la magia.

super1

¡Oh, no! ¡Los increíbles extraterrestres con cara de Señor Galindo, cabezas increíblemente grandes para su estatura y con el superpoder de no poder cerrar la boca nos atacan! Menos mal que Orson Welles, que, por lo visto, puede respirar en el espacio, armado con su micrófono y su espada, y Superman, que puede entrar por la única ventana que los extraterrestres han dejado abierta en Marte (también es mala suerte, ¿eh? Abres para que refresque un poco y justo entra Superman) y tiene el superpoder de hacer chispitas con la mano, están ahí para defendernos. Menos mal que la caja de texto nos lo explica todo. De hecho, nos lo explica demasiado. “Todo empezó en Italia, cuando la película Black Magic, protagonizada por Orson Welles, se estaba rodando” (¡Oh, cuéntame más sobre los bellos parajes de Italia donde se ha rodado esta obra maestra! Estamos seguros de que no estáis recibiendo ningún tipo de compensación monetaria por esta introducción). Y, a partir de aquí, nos cuenta el argumento al completo de este cómic de 12 páginas que, claro está, no quiero desvelaros antes de tiempo. Dejemos que el propio texto nos introduzca la situación: “Orson Welles y el Hombre De Acero forman una alianza de dos hombres para luchar en la desesperada batalla para salvar el mundo en… ¡Magia Negra En Marte!”.

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Casi 300: ¡Tiene gracia porque existe!

septiembre 7, 2013

Hay gente que se ha quedado estancada en el pasado para el resto de su vida, como Bill Murray pero sin marmota y perdiendo pelo (y vida), repitiendo los mismos mantras. Todos conocéis a esta clase de personas. Son los que dicen “No, no voy a ver ninguna serie nueva porque ninguna va a ser tan buena como Oliver y Benji. ¿Sabes que lo echan en Neox?” (tristeza), “¿La PlayStation 4? ¿Para qué necesitas mejores gráficos que los del Frogger de mi Atari 2600?” (tristeza extra-plus) o “¿Qué es esa mierda de pantera que hay en los Cheetos? ¡Solo reconoceré como mis verdaderos reyes a los Masqueseros!” (demencia senil, depresión general y retirada de circulación). A estas alturas, seguir idolatrando los años 80 porque sí, porque ese es el momento donde crecisteis, es como idolatrar el contáiner del bar de Tía Paquita y no aceptar ningún otro porque ahí es donde tirabas los envoltorios de tus Panteras Rosas y te da nostalgia (por cierto, ¿por qué aún nadie ha montado un Change.org, un crowdfunding, un berrinche o algo de eso que hacéis los jóvenes para protestar por el rediseño de la Pantera, ahora con una chaqueta de cuero motera? Solo le falta una gorra para atrás para ser super-molante de la leche. ¡Basta ya de hablar de la crisis y de tonterías de esas! ¡Vayamos a lo serio, señor Rajoy! ¡Obligue al señor Bimbo a cambiarle la ropa al bicho de una vez o… o… o montaremos un hashtag muy sonoro en Twitter! ¡Ja! ¡Así aprenderá!). Sin embargo, hay algo con lo que los fanáticos de los 80 (por lo general, calvos, con camiseta del cubo de Rubik y barba de varios días) pueden levantar la cabeza bien alto, orgullosos, si es que la ciática y los achaques de la edad se lo permiten: Las parodias cinematográficas. Permitid que me ponga serio por un momento antes de seguir con la chanza y la risa: En los años 70 ya tuvimos un gran ensayo del género con El Jovencito Frankenstein, y más adelante la cosa se perfeccionó con La Loca Guerra De Las Galaxias, Aterriza Como Puedas o Agárralo Como Puedas. Incluso en los inicios de los años 90 (que, como todos sabemos, pertenecen a los 80 por aplauso popular) pudimos ver Hot Shots o la genial tercera parte de Frank Drebin. ¿Qué tenían de especial? Desde luego, no era un humor sutil, pero las parodias apuntaban fino, el slapstick estaba bien medido y, más que parodiar películas en sí mismas (que también), se apuntaba más hacia ridiculizar los clichés del género. Estos matices se fueron perdiendo poco a poco llegando a límites tan tristes tan deplorables como Mafia: ¡Estafa Como Puedas! o asquerosos pseudo-pastiches (y, ojo, siendo generoso) que en España se vendieron como parodias sin serlo (Estudia Como Puedas, Acampa Como Puedas, Ataca Proxenetas Como Puedas). Y, al final, entre todos le tenían y él solito se murió.

¿Murió? ¡No! Los hermanos Wayans resucitaron más o menos bien la esencia de las parodias con Scary Movie, que defenderé hasta en mi lecho de muerte. Bueno, espero que nadie venga a decirme, cuando esté medio moribundo, “Ahora Scary Movie qué, ¿eh?”, pero ya me entendéis. Lo triste es que las parodias cada vez empezaron a ser más explícitas, a mezclar contenidos, a incluir cosas reales que son graciosas porque… ya sabéis, existen (esto lo voy a repetir mucho a lo largo y ancho de este post, ya os aviso), y a meter muchos chistes de penes y vaginas porque no puede haber nada más divertido. ¿Para qué molestarse en pensar lo que escribes pudiendo decir “coño”? Oh, ya veo vuestras carcajadas. Maldita sea, con lo fácil que era. El caso es que, de entre todo el hartazgo de “Movies” que aparecieron tras la de los Wayans (hablé de Disaster Movie en Normas de Equivocación. ¿Os he dicho que en la tercera temporada hemos mejorado un montón? ¡Dadnos otra oportunidad!), hay una que destaca por su sutileza y su sentido del humor, o, más exactamente, por ser la película sobre parodias que menos tiene de ambos. Hablo, claro está, de Casi 300, que ya desde el título hace que nos caigamos de la silla de la risa. ¡Porque la original es 300, y aquí no llegan a tanto, así que se quedan en CASI 300! Madre mía, un Valium, por favor, que no puedo parar. En fin, empecemos con esto y que sea lo mejor posible.

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¡¡Nostalgia mal entendida!!: Noticias y mesetash

septiembre 6, 2013

¿Qué tienen en común un coleccionable cutre, un reencuentro con tu mascota y coches que se convierten en dinosaurios? Vale, que podrías comprarte un coleccionable cutre sobre coches que se convierten en dinosaurios y se reencuentran con su mascota, ¡pero también que forman parte de las noticias de esta semana! ¡¡Las habrán leído en más sitios, pero seguro que no han tenido que mirar en artículos de hace años para ver cómo se hacía esta entradilla!!

EL HOMBRE ARAÑA, SIN COLOR

Ah, Spiderman. Mi superhéroe favorito de todos los tiempos, el más maltratado por todo el que le toca (cuando no tiene una hija perdida, su mujer se divorcia, y cuando no, Tía May muere por vigesimoquinta vez. Seguro que en un número futuro le saldrá a pagar en la Renta mientras sale a patrullar con sabañones o algo así). Si te llama la curiosidad porque has oído que mola (o porque has visto la baz malísim bodr película con Andrew Garfield, lo tienes fácil, astuto lector, porque hoy por hoy, empezar a leer Spiderman está chupado. Los de Panini están tan desatados que prácticamente te regalan un tebeo del arácnido hasta con los cereales de desayuno (“¡Arañitas en tu leche, con un cómic gratis en cada paquete!”. Panini nunca entendió por qué su expansión de negocio salió tan mal). Puedes elegir entre la serie actual (odiada por muchos intransigentes, amada por mucha gente con cabeza. Sin que se note en qué bando estoy, eh), la versión Ultimate, los tomos grandes del Spiderman clásico, los tomos pequeños, los tomos medianos y las versiones digitales (las que se pagan, no las otras, so pirata), en una sola semana puedes pasar de no saber quién es Peter Parker a conocerte todo su árbol genealógico, sus enemigos y sus enrevesados argumentos al dedillo. Es por eso que, teniendo esta oferta, no sé qué demonios estaban pensando en Salvat (aquí uno duda entre hacer un chiste con Salvat Al Soldado Ryan o uno con Salva-t Deluxe. Ah, la dura vida del bloguero amateur) al sacar un nuevo coleccionable de Spiderman, que uno no sabe si sale por nostalgia (¡ah, los 80! ¡Stan Lee y Steve Ditko, en su mejor momento! ¡Straczinsky, qué tío!), por ofrecer más alternativas o, simplemente, porque entre café y café vieron que tenían el material cogiendo polvo en el almacén y algo había que hacer con él. Esta edición de Spiderman consta de tomos recopilando el material clásico (no se indica cuál, porque total, para qué, si todo esto de los superhéroes es igual), a 8 euros cada bicho, y con una ligerísima salvedad. Uy, muy pequeña. Casi enana e imperceptible: No tiene color. Vamos, que está en blanco y negro. Esto es algo que, a un buen precio, puede llegar a pasarse por alto (ahí tenéis las Bibliotecas Marvel, tan pizpiretas ellas), pero que, teniendo alternativas, resulta ridículo. Los de Salvat, viviendo en su mundo de magia y de color, se defienden diciendo que es un artículo para coleccionista (el famoso coleccionista de cómics que no quiere color en sus cómics. ¡Ah, qué apasionantes aventuras hemos vivido juntos!) y que traerá una lámina de López Espí en cada número. Ah, bueno. Siendo así. Por resumir: Teniendo en el mercado impresionantes tomacos (ya sabéis: La mezcla entre tomo y tabaco), comprarse esto es como tener deliciosos bocadillos de tortilla de patata por 3 euros en el mejor restaurante de la ciudad e irte a comer un sándwich de espárragos pasados al Bar Pepe. Vamos: Que no caigáis, leches. Si queréis algo de Spidey, acercaros a vuestra tienda de cómics, que a veces los dependientes no muerden. A veces.

Como entrante, matar a tu novia. Como postre, descubrir años después que se tiró a tu archienemigo y tuvo hijos. Ah, Marvel, nunca cambies.

Como entrante, matar a tu novia. Como postre, descubrir años después que se tiró a tu archienemigo y tuvo hijos. Ah, Marvel, nunca cambies.

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Ska-P: 99%. Radikales sin karisma

septiembre 4, 2013

Llega un momento en la vida de todo adolescente en la que no es que crea tener razón: Es que está convencido de ello. ¿Cómo es posible que alguien no ame la saga Viernes 13, con todos los valores fímicos que tiene (entendiendo “valores fílmicos” como “chiquillas en pelotas y cuchillos ensangrentados”, claro)? ¿Es que acaso algún palurdo se atreve a arremeter contra El Jueves, el humor más sutil e inteligente que uno se puede echar a la boca? ¿Cómo pueden los bocachanclas de mi familia no apreciar esa gloria musical que es El Reno Renardo y su versión de Queen ahí to cachonda? Es más, ¿por qué cuando la pongo, mi tío, el del póster del gay ese, Freddy Plutón o como se llame, está en el suelo, revolcándose de forma espasmódica mientras lanza espumarajos por la boca? Así hemos sido todos. Sí, tú también. Incluso hay alguno que parece no haber dejado esa edad (y que, por lo general, se convierte en tertuliano político o en podcáster, lo que le venga más a mano), convirtiéndose con el tiempo en una de esas personas que hablan consigo mismas por la calle y murmullan continuamente algo sobre la juventud, el creacionismo y las patatas fritas congeladas de Mercadona. ¿Y por qué os cuento esto? Porque es algo que está a punto de ocurrirle al joven Randy, con sus 13 años, el típico niño repipi, tan icónico que podrían anunciarle en una teletienda si no fuera porque se convertiría en uno de los artículos menos comprados de la historia. Sí, incluso menos que esa caña de pescar convertible en nevera tan útil para gente con gustos sexuales muy extraños. La cosa es que mi gusto musical, por aquel entonces, iba entre el terrible pop blandito de Seguridad Social, definido por ellos mismos como “punk skatalítico” (claro, si lo dices tú es muy fácil. Es como si Mocedades dice que hace “death metal anglosajónico”. Por decir, que no quede) y Celtas Cortos, que en aquel momento eran lo más de lo más y se enfrentarían en años posteriores a un cambio de cantante y de rumbo que no le importó absolutamente a nadie. Así, entre Quierotenertupresencias y Veintedeabriles, llegó a mis manos una cinta TDK (la piratería de entonces, señora) con un nombre: “Ska-P: Legalegalización”. Efectivamente, antes los títulos de los discos nos importaban cuatro cominos. ¡Qué tiempos pasamos con “Extremoduro: Extremo y duro”, “Queen: Bimian rasodi” o “El Consorcio: Qué coñazo”!

La cosa es que, al principio, Ska-P enganchaba con la mezcla entre sonido machacón, ska cutre y letras poco trabajadas, entre “Lega Legalización”, “Sigue Sigue Siguelo” y “Por qué, por qué, pregunto por qué, mi cabeza me estalla pregunto por qué” (en su día a día, el letrista de Ska-P se debatía entre “Una barra, una barra, una barra de pan por favor”, “Son son son son cuatro con cincuenta” y “Maten maten mátenme, tengo una terrible enfermedad sin cura”). Pero lo que a muchos nos hizo abrir los ojos y abrazar la grandeza del grupo fue ver la reacción de nuestros padres al escuchar algunos de sus temas. Mi madre, más concretamente, se escandalizó al ver que en un tema decían la palabra “masturbación”. Fíjate, mi hijo de 14 años. Seguro que no tiene ni idea de lo que es eso y se está pervirtiendo. Bueno, voy a dejar aquí sus clásicos tres rollos diarios de papel higiénico para que pueda sonarse los mocos a gusto. Y, gracias al escándalo causado en el coche de nuestras familias, muchos empezamos a creer que teníamos razón en todo (de ahí el inicio del artículo), decidimos adoptar la ideología de Ska-P como propia y empezamos a tomar como nuestras causas que veinte minutos antes no nos importaban un carajo. ¡Libertad para los animales de laboratorio! ¡Revistas del corazón, malas! ¡Viva el, euh, Rayo Vallecano! ¡Lo que diga el próximo disco de Ska-P que debemos defender o defenestrar! ¡Eso! Con el tiempo, los discos fueron pasando, y, a medida que la calidad musical del grupete fue en aumento (las cosas como son), nuestro interés fue decreciendo (en parte porque entendimos que la frase “Salvo que quieras en tu cuerpo plena libertad: Masturbación, penetración, practica sexo oral” no es que fuera incendiaria: era, de hecho, el ejemplo de que la vida sexual del letrista no era todo lo variada que debería ser). Cuando, finalmente, a inicios de los años 2000 Ska-P decidió separarse, a ninguno de los que escuchábamos las cintas TDK nos importó lo más mínimo. Cinco años después, Pulpul, Pipi y el resto de componentes que, por no tener un nombre tan simplón, todo el mundo ha olvidado (¿tanto les costaba llamarse Popó, Petpet y Paspás? Sí, entonces el grupo debería renombrarse como Ska-Tubbies, ¡pero al menos serían recordados!), volvieron a la carga con un disco más o menos adulto y maduro que nos dio la esperanza de un nuevo renacer para Ska-P. Poco después, salió 99%. Y todos sus logros anteriores (desde gritos muy bien pensados y basados en la realidad como “Colón, qué hiciste, ¿por qué los descubriste?” hasta sutiles quejas como “Melchor, Gaspar, Gasta Claus y Baltasar, prestadme vuestras barbas, necesito defecar”) se esfumaron en el aire con el que, posiblemente, es el disco en español más infumable de la última década. Descubrid unas rimas que os harán añorar las peores de antaño (“Si tú bla, yo más bla, yo bla bla, tú bla bla bla”). No. No va con ironía. Bienvenidos a 99%. Preparad los tapones para los oídos, porque este va a ser un viaje muy largo.

"Quizá no quede claro el título del disco. Ponlo veinte veces en la portada"-"Solo cabe tres"-"¡Despedido!"

Si fuera un tebeo de Mortadelo, se habría titulado “Ande y que le den viento… al 99%”.

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Los 10 peores spin-off infantiles

septiembre 3, 2013

Preparad la leche con Cola-Cao y las Tosta Rica (ese recuerdo de la infancia de todos más provocado por los anuncios en la tele que por la realidad) y apagad las luces. No mucho, que luego os hacéis daño en los ojos, cabestros. Hoy os vamos a contar una terrorífica historia de que os dará tanto canguelo que no la podréis olvidar. Una de esas historias que todo el mundo conoce y que pasará de padres a hijos, prolongando su leyenda, como El Doctor Jeckyll Y Mister Hyde, Yo Me Maté En Esa Curva (Pregúnteme Cómo) o La Cuarta Temporada De Community. Su nombre, El Productor Avaricioso. Ibáñez nos había propuesto llamarlo Mandador El Productor, pero claro, hay que tener en cuenta lo gagá que está el hombre a estas alturas.

Érase una vez que se era McPesétez, un productor de cine y televisión que quería realizar su sueño de infancia (y el de todos nosotros, para qué negarlo): Bañarse en una piscina de monedas cual Tío Gilito, por mucho que duela y por mucho que se le clavaran monedas de 20 céntimos en el ojo. La ceguera con toneladas de billetes es menos ceguera. Mirando a su amplio abanico de licencias de baratillo, nuestro ávido McPesétez pensó: “Eh, ¿habrá alguna forma de ganar más dinero con las chorradas que hago, aunque con ello destroce la obra original por completo?”. Después de poco pensar (así es como nuestro protagonista hizo también la segunda película de Expediente X, ¡y todos sabemos lo necesaria que era!), la solución llegó a su mente: ¡Pues claro! ¿Por qué no crear versiones infantiles de los héroes de las sagas que funcionan? Nuestro productor rió malvadamente a la luz de la luna, llamó a un guionista de segunda fila que se dejara mandar por cuatro perras y tres latigazos diarios y espero a que su piscina se llenara del todo. Fin. Buh. Terror y miedo.

Walterito White y su contrabando de gominolas de pica-pica

Walterito White y su contrabando de gominolas de pica-pica

Aunque no lo creáis, este terrorífico relato de Halloween que nos demuestra que el mal gana siempre está basado en cientos de historias reales (¡Sorpresa! ¡Shock! ¡Bostezos!). Dejando aparte a los cómics de la golden age en los que Batman se encontraba con un Batman bebé de una realidad alternativa o a Superboy, que se lanzó para crear nuevos y rocambolescos giros de guión (¡Superboy se ha convertido en la mascota de Krypto El Superperro! ¡Pa Kent no puede azotar a Superboy porque su culo es de acero! ¡Superboy está gordo porque ha comido mucho! ¿Qué demonios les pasaba en aquellos años?), el primer ejemplo claro le encontramos en los cómics de, cómo no, Archie. Corría 1956 cuando, en mitad de una partida de póker, que seguramente fuera de Monopoly, pero esto queda menos glamouroso, alguien comentó a John Goldwater, creador del personaje, “Has hecho un imperio solo con Archie. Todos tus tebeos son Archie esto, o Archie aquello, o Gran Archie o Pequeño Archie”. No se necesitaba más inspiración. Así de genial era el tipo (cámbiese “genial” por el adjetivo más insultante que puedan encontrar, desde “inútil” hasta “guacamolense”). Little Archie duró 140 números y se hizo un hueco entre el resto de publicaciones de Archie Comics, como Archie Y Yo, Las Carcajadas televisivas de Archie o Vida Con Archie (detecto una pauta… ¿Pero cuál?). A posteriori, después de que muchas otras series lanzaran un rayo rejuvenedor a sus personajes, el fenómeno “¡Ahora son niños! ¿Qué disparatadas aventuras correrán?” pareció desvanecerse hasta que, en 1984, Los Teleñecos (The Muppets para esos que dicen Lost en vez de Perdidos o FlashForward en lugar de ¿Qué Cojones Es Esta Mierda?) lanzaron Los Pequeñecos, que, sorprendentemente, no estaba tan mal como pudiera parecer. Pero la calidad de la serie daba igual mientras hubiera niños comprando peluches a montones. ¡Y vaya si los había! El éxito fue tal que los productores vieron el filón de nuevo y se dedicaron a realizar, sin miramiento alguno, versiones “bebé” de sus productos más famosos. Por suerte, no se llegó al límite de Friends Babyz, Dragon Ball Junior (aunque GT lo intentara), M*E*N*O*S*H o barbaridades similares, pero pronto descubriréis que no estuvieron tan alejados. Preparaos para descubrir hasta dónde puede llegar la crapulencia de McPesétez y sus coetáneos con… ¡¡las 10 versiones infantiles más increíbles de la historia!!

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Todos somos odiatóders

septiembre 2, 2013

Hace hoy exactamente seis años, todo estaba preparado en la redacción de El Jueves (y con “todo” me refiero a “un artículo programado”, tampoco os creáis que eso era la NASA) para dar salida a El Blog Del Friki De El Jueves. Justo antes de su salida, y gracias al cielo, alguien en las alturas decidió cambiar el nombre por el de El Blog De Randy, y modificar la imagen del gordo granudo comiendo Phoskitos que tenían en la cabecera por la mía. Vamos, que me quitaron los Phoskitos de la mano. Fue de agradecer. Cuatro años después y tras 325 entradas (que se dice pronto. O más pronto al menos que “esternocleidomastoideo”), el Blog Del Friki De El Jueves cerró sus puertas. Desde entonces, centenas de comentarios (¿Qué digo centenas? ¡Decenas! ¡Unidades! ¡Bueno, me los escribía yo mismo! ¡Dejadme en paz!) comentaban lo mismo: “¿Cuándo vuelve El Blog de Randy?”; “¿Por qué no un retorno más espaciado?”; “¿Es verdad el rumor de que cría un mapache llamado Ramiro entre sus carnes prietas?”; “¿Por qué dicen cupcake cuando quieren decir magdalena?”. En fin, ya saben: Las típicas preguntillas que a todos nos han hecho. Finalmente, seis años después del inicio del blog, creo que ha llegado el momento de contestar a todas estas preguntas (menos a la de Ramiro. ¡Es amor verdadero, ¿vale?!). Por favor, buscad una música de emoción e intríngulis y ponedla ahora, por eso de mantener la tensión de merde que hemos creado. ¿Pero cómo que no tenéis una en vuestro disco duro? Bueno, vale, el opening de Mi Pequeño Pony tendrá que valer. Ay.

Así es: Volvemos (hablo en plural para que parezca que esto es muy serio y profesional y lo llevamos entre un gran equipo, siempre atentos a la mordacidad y el humor, pero vamos, que no, sigo siendo un pringado atado a un vaso de Coca-Cola). Y ojo: Volvemos con artículos diarios, al estilo de antaño. Eso sí, con fecha de caducidad: Cuando pase un mes, o sea, el 30 de septiembre, cerramos el chiringuito, con las sangrías y las tortillas de patatas podridas (también conocidas como “¡De oferta!”) incluídas, hasta el año que viene, no vaya a ser que se me acostumbren. ¿Se imaginan que cerráramos el 30 de septiembre con un Furibundo Espectador? Bueno, qué locura. ¡Pues no será la única! (por favor, inserten gritos de “¡Ooooh! ¡Randy se convertirá en Jpelimala!”).. Además, tendremos críticas de discos, de pelis mugrientas, cómics imposibles, videojuegos inauditos y las reflexiones y chorreces habituales. Y, por supuesto, mucho, mucho odio.  Pero basta ya de presentaciones sosainas, porque aquí es donde quería pegar un frenazo (solo como precalentamiento, ¡no se vayan! Eh, ¿a dónde van con esa cara de “Ya se lo he leído a Bóinez”, malditos?) y explicar el tema del odiar todo muy fuerte, amar todo locamente y el Internet bobo que nos ha tocado vivir hoy por hoy.

Así es como debería haber hecho la presentación: Con una Mega Drive en la mesa, una pantalla azul y una señora ignorando las preguntas del público

Así es como debería haber hecho la presentación: Con una Mega Drive en la mesa, una pantalla azul y una señora ignorando las preguntas del público

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¿El blog de quién?

enero 30, 2012

Dice un refrán de esos rancios que dicen las abuelas mientras te estrujan, te besan y te dicen lo gordo que estás (solo para, minutos después, obligarte a comer un bocadillo de chorizo de esos que matan toda posibilidad de volver a sentir delgadez) que entre todos le mataron, y él solito se murió. Supongo que aún habrá a alguien que le interese, pese a llevar un año de velorio, saber por qué hace un año que esto no actualiza, y no: No soy tan imbécil como para tropezar otra vez en la misma piedra y prometer el oro y el moro, millones de artículos novedosos o vídeos de risión ilimitada. O bueno, a lo mejor sí. ¡Tendréis que seguir leyendo para saberlo! (Eh, ¿os habéis fijado cómo he atrapado vuestra atención? ¡Lo enseñan en primero de bloggers sin talento!).

La cosa es que, como quien no quiere la cosa, ya pasó un año desde el último post, que encima fue un vil intento cutre y desastroso de hacer spam de un programa vergonzoso como fue el piloto de Normas de Equivocación. Si lo escuchasteis y nos mandasteis al carajo, es comprensible. Ni yo lo habría aguantado y, de hecho, hicimos sangre de él mucho más adelante, cuando ya mejoramos y nos convertimos en un programa digno como somos ahora. ¡Pero eh! ¡Escuchad! ¡Behold the power of lo que sea que suene épico! Por si os preguntabais por qué Randy parece estar dedicado a tocarse las narices y twittear en vez de actualizar, y como bonita manera de marcar un punto en el pasado y dirigirnos hacia el futuro (¡OH! ¡OH! ¡Qué bello comentario! ¿Se convertirá El Blog de Randy en El Blog del Poeta Casimiro? Pista: No), creo que es justo contaros qué estoy haciendo ahora, dónde podéis leer mis chorradas y por qué a nadie debería importarle un carajo. ¿Os apetece daros un paseo? Os aviso desde ya: Al final del post incluiré links (detrás del segundo “more”), y allí tedréis horas de lectura, ideal para entreteneros en el trabajo o, bueno, en el iPad mientras esperáis en la cola del paro (¡en el iParo!). Como Chicha, Tato y Clodoveo (¡Ibáñez, ese visionario!). Vamos pues por orden, de más importante a menos importante, que no de más a menos parecido a lo que era esto antaño. Ale hop, chimpón.

Esto sale en Google Imágenes si buscas "ego". La gente es muy rarita.

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Normas de Equivocación: ¡El fantabuloso podcast!

octubre 3, 2010

Las modas de Internet están sufriendo un elitismo desconcertante. Mientras que hace años lo que todo el mundo debía hacer era sacarse autofotos para el Fotolog (posteriormente llamadas “esto va para el Facebook” o “niña, deja de poner esa cara de guarrona”), poco después fueron los blogs (ahora conocidos como “cementerios digitales”, que además es una palabra muy bonita) y más adelante el condensar todo lo aprendido en los blogs en 140 caracteres en Twitter (dentro de unos años conocido como “¿Cómo es posible que nos engancháramos a semejante tontería?”), ahora lo que se llevan son los podcast y las series online. Como veis, nos vamos especializando. El próximo paso es el éxito de los videoblogs de calidad, hacer esculturas o hacer striptease variados. Y aquí, como buenos borregos que somos, y ya que hacer una serie online es algo destinado o bien a quien tiene muchos amigos talentosos, o bien a quien no le importa hacer el ridículo (¿Habéis visto la mayoría de webseries que hay por ahí? ¿Es que nadie va a decir nada a esa pobre gente?), hemos decidido hacer un podcast. Uauh. Qué originales semos. Que alguien nos saque una foto para los anales de la historia. No, la peli porno no, so gaznápiros. Algunos de vosotros (los que no nos tengan en Twitter o Facebook, o no nos presten la más mínima atención) os preguntaréis “¿Y por qué debería importarme que hagáis un podcast?”. Pues a ello vamos, oigan.

Hacer un podcast, hoy en día, es más fácil que nunca, más que nada porque la diversidad de temas es infinita. ¿Eres un apasionado de la fontanería? ¡Fontapodcast te espera! ¿Te gustan los Micro Machines? ¡Todo el mundo amará Micromapodcast! ¿Que te vuelves loco por los podcast? ¡Podcastpodcast ya es tuyo! Tras escoger un nombre, hay mil posibilidades: Juntarse con los amigos en el salón de casa o por Skype (solo apto para los amantes del riesgo extremo) y empezar a soltar estupideces hasta que el público (otros amigos) se aburran de tanta bromita privada y tantos silencios incómodos es solo una de ellas, aunque, tristemente, la más extendida. Después, subiendo niveles, está el tratar con una mesa de mezclas y micrófonos profesionales desde casa (solo aptos para aquellos que, o bien no son independientes, o bien se ríen cuando alguien les pregunta sobre la crisis), grabar desde una radio libre o, ya puestos, cobrar haciendo el programa desde la SER. Curiosamente, esta última es una de las menos extendidas. Uno no termina de ver la conexión. Y ya solo queda lanzarlo al mar cual botellita con mensaje secreto y que se pierda en el oceano de la información. O sea, que todo el mundo lo ignore, cuatro lo aplaudan por amiguismo y los integrantes sueñen con ser los próximos Gabilondo del mundo radiofónico. Si él pudo con su inteligente espacio informativo, ¿por qué no nosotros que copiamos noticias de MeriStation y las comentamos sin demasiada gracia? ¡El mundo es injusto!

“Y ahora os contamos la última de Kojima: Va a hacer Metal Gear Solid 5. ¿O no? ¡Ja, ja! ¡Ahora nadie sabrá la verdad! ¡Vivan los podcast”

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Preestrenos: Salt o cómo hacer una película sin guión

agosto 20, 2010

¿Qué? ¿Cómo? ¿Tanto tiempo esperando un nuevo artículo y lo que el bobo de Randy nos trae es UN VIDEO? Efectivamente, amigos. Pero ojo, no se crean que lo que les enseño es la caída de un niño de un tronco, un vídeo de uno de esos videojuegos con gráficos que te cagas y de los que te aburres en medio minuto o una cancioncilla de nuestra infancia, esa de los 80 que ni siquiera habríamos oído si no fuera porque Youtube existe. ¡Esto es algo creado con cariño y amor para vosotros! A falta de Furibundos Espectadores (pronto, muy pronto, ¡lo juro!), bienvenidos a Preestrenos, un lugar donde, con una cadencia irregular (para variar) comentaremos los estrenos que hemos ido a ver a pases de prensa. En parte para dar envidia, en parte porque, ya que los echan, habrá que sacarles más provecho que la respectiva crítica en Cinemaniablog (¿Ya lo han visitado hoy?¡Vamos! ¡Háganme millonario, maldita sea!).

La película que abre la sección en cuestión es Salt, la tontería de Angelina Jolie de la que poco se pueda decir que no se diga ya en el vídeo. ¡Vean a Randy haciendo de ruso una vez más! ¡Y también de chino! ¡Y trabándose! ¡Y con variedad de micrófonos porque uno de ellos se fastidió cosa mala! ¡Grabado por los de siempre, Freddy y Hardita! ¡Y todo ello en glorioso HD! Desde ahora, Cartelera no les parecerá tan bueno como siempre: Les parecerá mejor. Al menos no tienen a un idiota diciendo chorradas por el medio.

¡No se vayan, que aún hay más! ¡Descubran hasta donde llega la degradación de un blogger sin escrúpulos!

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Las claves de un buen best-seller: Guía de autoayuda para ser como Dan Brown (por Bob)

julio 14, 2010

[Y dirán algunos de ustedes: ¡Pero yo he pagado por leer un artículo de Randy! Sí, bueno, vale. Pero Randy está ocupado en... eh... hacer... eh... ¡Bueno, muchas cosas! Es por ello que el amigo Bob nos trae uno de esos artículos que les hará carcajearse a mandíbula batiente, mover un rato el esqueleto y saltar por la ventana en plan suicida en cuanto se den cuenta del mundo en el que vivimos. Cojan asiento, hagan una pila con todos los sucedáneos de El Código Da Vinci que han ido comprándose ultimamente y prepárense para quemarla en señal de negación contra el mundo. Si es que no lo han hecho ya, claro]

Somos muchos los que hemos pasado un buen día por el Fnac, hemos visto el último éxito de Dan Brown, y nos hemos preguntado qué tienen sus libros para triunfar tanto. Luego hemos seguido andando y hemos llegado a la sección de autoayuda. Y mientras todos esos libros nos exhortan desde la estantería a eliminar nuestro estrés, a confiar en nosotros mismos, a que nosotros podemos, como si esto fuera una película Disney, nos preguntamos por qué ningún libro nos ayuda a ser como Dan Brown. Su viejo amigo Bob, no se preocupen, está aquí para solucionarles la vida, como Robert McKee, el tipo que se gana la vida diciendo cómo tiene que escribirse el guión perfecto, cuando su filmografía apenas incluye dos películas de Barbie y la serie La Señora Colombo, una serie que acabo de conocer y cuyo visionado se ha convertido ya en uno de mis motivos para seguir viviendo.


Ron Howard y Dan Brown, lo mejor de dos mundos, unidos por un actorzuelo de tres al cuarto

Antes de nada, permítanme que rompa algunos clichés. El éxito de un libro no guarda relación alguna con el talento del escritor, ni con la labor de investigación que exista detrás, ni con su veracidad, ni con (parece mentira) su portada. El único elemento que sabemos que es común a todos los best-sellers es su extensión: Quedarse en menos de 300 páginas es de nenazas, lo ideal es situarse entre 400 y 500, tanto si su historia da para ellas, como si no. Usted, escritor amateur, pensaba que esto iba a ser más fácil. ¿Abrumados por la titánica tarea que les queda por delante? No lo estén, porque aquí hay un mensaje positivo: Cada día en el mundo hay cientos de personas deseosas de leer un best-seller. Son buenas gentes que lo único que leen regularmente son los anuncios del Metro y que buscan desesperadamente un libro de fácil digestión (y esto, sí, es un eufemismo del copón) y mucha fama social, para poder catalogarlo inmediatamente como su libro favorito y poder decir que, en efecto, han leído al menos un libro en su vida. Pero ahora que se sientan ustedes a la mesa, dispuestos a revolucionar el mundo de la literatura cual Marcial Lafuente Estefanía, no saben por dónde empezar. Piensan si deberían usar un ordenador o algo más tradicional, como una máquina de escribir o un lápiz. Se lo diré claramente, están ustedes perdiendo el tiempo. A menos que vayan a usar una pluma estilográfica del siglo XVIII, para presumir de ello en la promoción del libro, da igual lo que utilicen, pero un ordenador se antoja como una herramienta mucho más cómoda, por razones que ya analizaremos. Ahora, sentados frente a su computador, ustedes preguntan de nuevo “¿Y ahora, qué?”. Pues ahora, comenzamos…

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